Revalorización de los desechos de la aceituna
Dos investigadores, Inmaculada Sampedro e Inmaculada García han sido galardonadas con un premio de Medio Ambiente de la Fundación Caja Rural por los resultados obtenidos en la investigación desarrollada que tiene como objetivo aprovechar los residuos agrícolas en la producción de fertilizantes orgánicos. Dicho proyecto llamado “Valorización del alpeorujo por hongos para la obtención de un fertilizante orgánico”, supone una innovación en el reciclado de residuos orgánicos.

Por todos es sabido que Andalucía es la encargada de producir el 80% del aceite que se genera en España, lo que conlleva también ser la que más cantidad de desechos obtiene tras esta producción.

Aproximadamente, a lo largo de los 3 o 4 meses en los que tiene lugar la producción anual de aceite de oliva, se acumulan cerca de unos 4 millones de toneladas de residuos. Este residuo que se genera de la extracción del aceite se conoce por el nombre de alpeorujo ( alpechín y orujo) y proviene del sistema de centrifugación que se ha implantado para separar el aceite de los desechos que le acompañan.

El proceso de extracción del llamado “oro líquido” siempre ha estado en contínua evolución. Cuando las aceitunas son recolectadas, son transportadas hasta la almazara donde se limpian utilizando corrientes de aire y lavados con agua. Una vez limpias las aceitunas se procede a la molienda, cuyo objetivo es romper los tejidos donde se encuentra la materia oleosa. Finalmente se bate para la masa que se obtiene al proceso de extracción del aceite.

La tecnología para extraer el aceite ha ido evolucionando con el paso de los años, desde el antiguo sistema de prensas y capachos de esparto, hasta el sistema de centrifugación continua que se lleva a cabo en la actualidad. El sistema de prensas ha sido tradicionalmente el método más utilizado para la separación de la fase líquida de la sólida. La pasta conseguida se colocaba en finas capas sobre los capachos, se ponían unos encima de otros y se ejercía presión sobre ellos.

En cambio, con el sistema de centrifugación, se basa en el efecto clasificador que produce la fuerza centrífuga que está generada por un rotor que gira a unas 3.000 revoluciones por minuto. De esta centrifugación salen dos materias totalmente diferentes, el aceite de oliva y los desechos llamados alpeorujo.

Revalorización de los desechos de la aceituna
Este alpeorujo, dada su composición vegetal y su riqueza en materia orgánica podría emplearse como abono orgánico, sin embargo, este residuo está formado por componentes de naturaleza muy variada, entre los cuales se encuentran los polifenoles, sustancias con propiedades antibacterianas que producen efectos nocivos para el suelo y los cultivos vegetales, por lo tanto el alpeorujo es tóxico para las plantas y para el suelo.

Lo que han conseguido las dos investigadoras ha sido eliminar dicha toxicidad para poderlo utilizar como abono orgánico en grandes cantidades y aprovechar las grandes cantidades de residuos que se generan cada año.

Para esto han utilizado técnicas de biorremediación del alpeorujo por determinados hongos, entre los que destacan los hongos que causan la pudredumbre blanca de la madera, que se alimentan de las sustancias tóxicas del residuo. Estos hongos liberan enzimas que atacan a los componentes fenólicos del alpeorujo por la similitud de ambos. Este proceso no sólo les ha permitido eliminar la toxicidad del alpeorujo sino convertirlo también en fertilizante orgánico.

Además, esta investigación permite otra vía de utilización y revalorización de los residuos generados durante la producción del aceite de oliva.