Río + 20, oportunidad histórica que queda en promesas
Visto lo visto en Río +20, la cumbre ambiental celebrada en la capital brasileña del 20 al 22 de junio, no queda otra que llorar desconsoladamente por lo que pudo ser y no fue y esperar sentados un mundo más verde. O, si aún quedan ganas, levantarnos para seguir gritando en el desierto. Porque, lamentablemente, la unanimidad que faltó para llegar a acuerdos vinculantes, sí ha existido para considerar que su legado no es otro que humo entre las manos, simples promesas de cambio universal hacia una economía verde.

Para sacar algún jugo a esta cumbre, hasta los que ven la botella medio llena han de confiar en que las promesas no acaben bailando con la canción que inmortalizaron Mina Mazzini y Alberto Lupo, la famosa balada Parole, parole, parole. Y no sería extraño, pues la cita se suponía una oportunidad histórica para avanzar en una economía más sostenible, pero no pudo ser. Digamos que el dúo fue sustituido por mas de un centenar de líderes políticos, que con sus voces desafinadas y discordantes acabaron siendo un coro de lo más desconjuntado.

Vaya por delante que en este post no hay un especial ánimo de crítica, simplemente se refleja el desánimo, desencanto, sensación de fraude o de fracaso que la cumbre ha dejado tanto en activistas como en los políticos. Intentando conjurar la falta de acuerdo que hizo fracasar otras cumbres, como la COP15 de Copenhagen, esta vez ha sido justo lo contrario, un acuerdo elaborado antes de inaugurarse, lo que ha acabado echando al cubo de la basura los tan esperados y nunca hallados avances reales de esta cita internacional.

Después de Río + 20

¿Qué futuro nos espera? Finalmente, como las olas que devuelven un náufrago a la orilla, el planeta sigue estando moribundo y a la espera de un rescate que lo devuelva a la vida. Pero la salvación llegará si llega, y lo hará con retraso. Básicamente, el acuerdo ha aplazado la aplicación de las propuestas para proteger los recursos naturales mundiales frente al cambio climático y la globalización. Lo aprobado por los gobiernos ha sido su deseo de un cambio universal hacia una economía verde, lo que supondría una transformación del consumo tradicional y de las prácticas de producción.

Por lo tanto, Río + 20 se considera el principio de un proceso hacia una economía sostenible, que estará consolidado hacia el 2014 o 2015, anunció la ministra de Medio Ambiente del país anfitrión, Izabella Teixeira. Lo que significa que, en teoría, los objetivos concretos de desarrollo sostenible se concretarán para entonces.

Nada de nada hasta el 2025

Un grupo de trabajo formado por representantes de 30 países de todo el mundo trabajará para definir los objetivos de desarrollo sostenible y presentará un estudio a la ONU en septiembre de 2013. Un año después se tendrán que haber señalado cuánto dinerose necesita para alcanzarlo, así como las formas de llegar a él. Y será del 2010 al 2025 cuando se completará el acuerdo con otras cuestiones.

Por lo tanto, las cosas de palacio van despacio, esta vez a paso de tortuga paralítica. Pero siempre queda una alternativa, y es mirar hacia otro lado. Como dijo Manish Bapna, presidente del Instito de Recursos Mundiales, a propósito de la cumbre: “Pensamos que la acción más importante de Rio + 20 tendrá lugar fuera del proceso formal”. Como decía Napoleón: «Si quieres que algo no se lleve a cabo, responsabiliza a una comisión». O, traducido al italiano: “No cambiarás, no cambiarás, no cambiarás… Tú eres mi sueño prohibido. ¡Nunca más!. Pero tengo esperanza. Parole, parole, parole…”