El lago Poopó, en las últimas
El lago Poopó, ubicado en Bolivia, está borrándose del mapa a consecuencia del cambio climático, sumado a otros desmanes del ser humano. Agresiones ambientales que, de forma directa o indirecta, repercuten en negativamente en la salud de su ecosistema, así como del planeta en general.

Si hace unos años los titulares alertaban sobre su deterioro, algunos de los más recientes ya hablan de su desaparición. Sin embargo, de acuerdo con los expertos, si se actúa rápido y de forma decidida el fin de este ecosistema lacustre, situado en las colinas occidentales del país podría evitarse.

A principios de año la noticia no era su regeneración, sino todo lo contrario. El lago se había evaporado, una desaparición provocada por una crisis ambiental sin precedentes. Si bien anteriormente se produjeron episodios de desecamiento, esta vez el problema había ido aún más lejos.

Un lago sin agua

Las pruebas aportadas por el satélite de la Agencia Espacial Europea (ESA) Proba-V ha demostrado la práctica desaparición de este lago, el segundo lago más extenso de Bolivia. En concreto, la evaporación se declaró oficialmente en diciembre e imágenes satelitales tomadas el 22 de enero de 2016 siguen confirmándolo.

El lago Poopó, en las últimas
La evaporación del lago Poopó es un hecho, aunque hay que subrayar que hubo fenómenos similares en el pasado, llegando a restablecerse de forma temporal. Pero ahora el 98 por ciento de su superficie, unos 3.000 kilómetros cuadrados, se han convertido en un desierto.

En su lugar, un desierto

En efecto, el sistema ecológico del lago salado Poopó, situado en una depresión de la cordillera del Altiplano, es cualquier cosa menos un humedal. La sequía crónica lo ha transformado en un erial.

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Pero su evaporación se debe en realidad a un conjunto de factores, entre otras causas por la extracción de agua de sus fuentes para actividades mineras y agrícolas, a su vez fuente de contaminación del entorno.

Por otra parte, el calentamiento del océano Pacífico a consecuencia del fenómeno de El Niño sumado al ocasionado por el cambio climático se han traducido en una dramática crisis ambiental.

Cambio climático, minería y más

Como hemos visto, el cambio climático y la minería son dos de las principales causas de este desastre. De acuerdo con Lisa Borre, científica del Cary Institute for Ecosystem Studies de Nueva York, atribuir su desaparición a las largas sequías es dejarse en el tintero aspectos que no pueden dejarse de lado.

El lago Poopó, en las últimas
Junto al calentamiento global, la experta señala a las autoridades como culpables por la falta de políticas acordes con la problemática. En concreto, opina que deberían haberse diseñado y ejecutado planes de manejo integral de cuencas, según publica en un artículo de la revista National Geographic.

Por lo tanto, se habla de negligencia institucional, pues el comportamiento de los gobiernos de turno han sumado tanto indiferencia como desaciertos. El biólogo Mark B. Bush, del Instituto de Tecnología de Florida pone el foco en la amenaza que representa el cambio climático y las malas políticas para los nevados andinos.

La polución de las actividades mineras, -segunda fuente de exportación del país, tras el gas natural-, añade a la evaporación un problema que de volver el agua seguirá suponiendo un grave problema que pone en riesgo la vida de quienes comiesen los peces.

Pero no solo se contaminan las aguas de metales pesados, sino que también lo hace el suelo, otro problema importante que tiene consecuencias nefastas a nivel del ecosistema y de cara a su posible introducción en la cadena alimentaria. Justamente, el mismo problema que ya existía antes de su evaporación.

Consecuencias ambientales y socioeconómicas

El impacto ambiental ha afectado también en lo económico. Como ocurre a menudo, los ecosistemas saludables pueden traducirse en importantes beneficios para la zona, con lo que sus ventajas socioeconómicas van unidas a su equilibrio.

El lago Poopó, en las últimas
Por el contrario, cuando el ecosistema se va deteriorando también lo hace la economía local que proviene de él, razón por la que solo es viable un planteamiento sostenible. En el caso del lago Poopó, las malas políticas y, en fin, los abusos ambientales sistemáticos se han unido a los efectos del cambio climático para acabar enterrándolo.

El área se ha convertido en un gran espacio yermo, por lo que el turismo o vivir de la pesca se han convertido simplemente en un sueño, recuerdo de tiempos mejores que no volverán. ¿O quizá sí? En el siguiente epígrafe te contamos por qué no hay que perder la esperanza ni tampoco albergar demasiada.

¿Todavía hay esperanza?

La última vez que se evaporó el lago Poopó fue en 1994, por lo que esta vez podría volver a hacerlo. Sin embargo, existe el temor de que esta vez no lo haga o tarde mucho más en hacerlo, con el riesgo añadido de que esto solo sería un pequeño avance.

El lago Poopó, en las últimas
De hecho, si aún se puede salvar este lago se precisarían de actuaciones integrales, que atacaran los distintos frentes que lo han convertido en un ejemplo de desastre ambiental provocado por el hombre.

No solo se trataría de eliminar residuos de minería y de aplicar sistemas de tratamiento de este tipo de residuos, sino también de actuar de forma global para frenar el avance del cambio climático. Y, por supuesto, habría que hablar de presupuestos y, muy probablemente, de cooperación internacional. Sin poner el suficiente dinero sobre la mesa resulta complicado, por no decir imposible, llevar a cabo ningún proyecto de recuperación. Aunque en este caso, probablemente ya sea demasiado tarde.