San Francisco aprovecha todos los desechos orgánicos para elaborar compost
Otra lección de la ciudad de San Francisco al mundo. Pretende ser una ciudad de cero emisiones de carbono. Pero no es su único objetivo en lo que respecta al respeto del medio ambiente. San Francisco puso en marcha un proyecto para elaborar compost a partir de todos los desechos orgánicos de toda la ciudad.

Por supuesto, este proyecto empezó hace tiempo. No se levantó Roma en un día. Fue en octubre de 2009 cuando los responsables municipales de San Francisco aprobaron una ambiciosa normativa con el objetivo final de prescindir por completo de los vertederos, procesando todos los desperdicios orgánicos de los hogares.

El primer punto esencial de una buena política medioambiental estaba conseguido: la previsión. Pero faltaba un segundo e indispensable apoyo: la participación ciudadana. Y los habitantes de la ciudad han estado a la altura. Tanto las empresas como los hogares comenzaron a tirar la basura orgánica en unos nuevos contenedores verdes habilitados para ello.

Bien, lo más difícil estaba hecho: recoger unas 600 toneladas de basura cada día. Pero quedaba gestionar toda esa cantidad de desechos. Con voluntad, no es difícil. Los desechos orgánicos salen de la ciudad gracias a la colaboración de una empresa llamada Recology, la encargada de procesar la basura de San Francisco y transformarla en compost.

Esta empresa tiene experiencia en este tipo de gestión de residuos. Entre sus clientes, encontramos a Old Hill Ranch, una bodega con viñedos con cepas de más de cien años. El compost recogido en San Francisco se utiliza aquí y en otros viñedos de la zona. Así, el ciclo se completa y los desperdicios de la comida de la ciudad acaban regresando pero en forma de hortalizas frescas, verduras, frutas y vino.

Éste es el concepto que tiene que seguir todo el mundo para lograr una verdadera economía verde: completar el ciclo del producto para que nada se desperdicie. Ni siquiera la basura.

Y, además, los ciudadanos se conciencian y generan menos basura, por lo que los impuestos para gestionarla no tienen que subir. Una vez más, lo ecológico es, además, económico.