Seis meses de cárcel por matar a un loro con un tenedor
Apuñalar fatalmente a un loro con un tenedor le ha salido caro a Richard J. Atkinson, un estadounidense de 63 años que fue sentenciado esta semana a medio año de prisión y a indemnizar a la dueña del animal, su ex novia, por la pérdida del loro, así como por los destrozos domésticos causados durante el furibundo ataque. Además, se le prohibe tener animales durante los próximos cinco años.

El loro se llamaba Bailey, tenía 18 años y el pobre acabó pagando el pato el pasado 19 de agosto, cuando Atkinson montó en cólera y decidió utilizar un tenedor para algo muy distinto para lo que fue diseñado.

No se conocen detalles del suceso, pues aunque Atkinson se declaró culpable de este delito de crueldad hacia los animales, alega que éste fue cometido en unas circunstancias un tanto extrañas que dice no recordar.

Ataque en la oscuridad

Lo único que se ha podido averiguar durante el juicio es que el colorido animal acabó ensartado tras un fatídico tenedorazo que provocó su muerte en un domicilio de Everett, Washington, y que el ataque se produjo tras sentir el anciano una rabia incontrolable que lo volvió loco en una habitación a oscuras en la que también se encontraba el loro.

Si se enfureció contra el animal o no es algo que también se desconoce. Según el abogado defensor, su cliente no podía recordar lo que había pasado por encontrarse enajenado al ingerir ansiolíticos mezclados con whisky, pero esta alegación finalmente no le sirvió como eximente, tras someterse a una evaluación psiquiátrica ordenada por el juez.

La sentencia lo declara culpable de crueldad hacia los animales, así como causante de provocar un grave daño mediante un abuso y ataque deliberado. Por su parte, la ex novia ha guardado silencio acerca del veredicto, pero ya habla por sí mismo el sólo hecho de haberlo sentado en el banquillo.

Con anterioridad al juicio, sus palabras fueron elocuentes cuando el pasado mes de septiembre envió una carta a un periódico en el que se refería al loro como su compañero durante casi dos décadas, es decir, prácticamente desde su nacimiento. Como diría Gila, son amores distintos.