Semana Europea de la Movilidad, ¿sirve para algo?
Mañana, 16 de septiembre, comenzará una nueva edición de la Semana Europea de la Movilidad. Se prolongará hasta el día 22. Al evento se suman más de seiscientas ciudades españolas. Muy buenas intenciones, sí, pero pocos resultados prácticos. El aire de las grandes ciudades españolas, en especial, el de Madrid y Barcelona, pero también el de ciudades de un tamaño menor como Sevilla o Bilbao, es, por momentos, irrespirable.

En las ciudades, la culpa de la mala calidad del aire, que supone, a fin de cuentas, un grave problema de para la salud de la población, es del uso masivo del coche. El tráfico es el principal generador, no sólo de la contaminación del aire, sino también del ruido y la siniestralidad en las carreteras. No es tan difícil de ver: las autoridades tienen que impedir el uso del coche o promover los modelos eléctricos.

La Semana Europea de la Movilidad se celebra desde 2002. Desde entonces, la calidad del aire en la mayoría de las grandes capitales europeas sigue empeorando. Se celebran en esta semana varias actividades previas al Día sin Coches, el 22 de septiembre, para informar, concienciar y lograr la participación de la ciudadanía. Pero, tras el transcurso del evento anual, parece que todo se olvida. Hay que dejar el coche aparcado. No hay otra solución.

El lema de este año es “Desplázate de forma eficiente: ¡mejora tu movilidad!”. La eficiencia se refiere sobre todo al menor consumo energético. Los desplazamientos en coche son las acciones que más consumo energético suponen para los españoles, además de suponer la mitad de las emisiones en zonas metropolitanos.

Sobre la calidad del aire se ha hablado hasta la saciedad. El 79% de la población española respira aire contaminado, según los estándares de la Organización Mundial de la Salud. Mientras que según los límites marcados por la legislación vigente son más de seis millones de personas las que en el Estado español viven en ciudades con alta contaminación.

Pero el tráfico también es el causante del ruido. Las consecuencias sobre la salud de los niveles de ruido prolongados que genera el tránsito de automóviles resultan equiparables, cuando no superiores, a las provocadas por la contaminación del aire.