7 falsos mitos sobre la alimentación bio
La comida bio está de moda, y el crecimiento de este mercado es importante. Sin embargo, solo un pequeño porcentaje de las superficies agrícolas se destinan al cultivo de productos orgánicos.

Es un mercado en alza, una nueva tendencia que crece sin prisa pero sin pausa, al tiempo que vamos aprendiendo sobre sus características y mejores prácticas de consumo. En este post vamos a hacer un repaso a algunas falsas creencias sobre qué son los productos bio.

Si bien sabemos que la alimentación bio es más sana y respetuosa nuestra salud y la del planeta o, por ejemplo, que solo los sellos ecológicos nos garantizan que un producto es bio, a menudo ignoramos detalles que pueden hacer una gran diferencia.

1. ¿Los alimentos bio están libres de químicos?

Está muy extendida la creencia de que los productos bio están libres de productos químicos. En la agricultura biológica, por ejemplo, los fertilizantes o pesticidas están prohibidos, y la carne orgánica procede de animales que tienen acceso al aire libre, comen pienso orgánico, a los que no se les administran antibióticos ni hormonas de crecimiento.

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Pero ésta es una verdad a medias. En la práctica, todo depende de cada caso. En nuestro caso, rigen las leyes de la UE, y no es ningún secreto que se trata de una normativa en la que las excepciones pueden utilizarse como excusa para acabar contraviniéndola. En concreto, hay una serie de excepciones que permiten hacerlo.

Dentro de unos límites, pero lo cierto es que no se puede afirmar que la química o el uso de antibióticos esté totalmente prohibida. El acceso al aire libre, por su parte, también puede cumplirse de muy distintas maneras, unas más discutibles que otras.

2. ¿Orgánico siempre es sinónimo de ecológico?

Del mismo modo que no todos los alimentos orgánicos lo son en el mismo grado, tampoco son igualmente ecológicos. Por ejemplo, un alimento orgánico adquirido en un mercado local siempre será más verde que otro al que añadamos el necesario transporte.

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El uso o no de envases es otro aspecto a tener en cuenta. También sumará puntos verdes que un producto precise un uso de energía para su preparación o, pongamos por caso, que sus desechos o envases sean más o menos fáciles de reciclar. En definitiva, habremos de comparar el ciclo de vida de cada producto para tener una idea más clara de su sostenibilidad. Además del impacto sobre la salud, hay que tener en cuenta el que se produce a nivel ambiental.

3. ¿Los sellos son la única manera de garantizar un producto bio?

Los sellos o certificaciones son una manera práctica de saber si un producto respeta el medio ambiente y minimiza el uso de productos químicos. A la hora de comprar, por lo tanto, es una guía importante, en muchas ocasiones la única que tenemos.

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Sin embargo, siempre es importante recabar información por nuestra cuenta. Sobre todo, cuando son productos que consumimos de forma habitual, como puede ocurrir con la harina para hacer pan o con la leche, pongamos por caso. Hacerlo nos ayudará a conocer cada producto de cerca. Incluso podemos confiar en productores locales que conocemos personalmente, sin necesidad de mediar sellos.

4. ¿Puede garantizarse que un cultivo esté libre de químicos?

Realmente no. Salvo que el cultivo se realice en una burbuja que lo mantuviese totalmente aislado, es imposible que la cosecha esté libre de residuos. La polución puede venir desde el aire o el agua polucionada por productores vecinos.

Incluso el vieno o la misma lluvia puede traer residuos. La lluvia ácida, sin ir más lejos, es un tipo de lluvia que contiene una amplia variedad de sustancias químicas. Eso sí, por lo general, salvo casos excepcionales, las proporciones que llegan suelen ser mínimas.

5. ¿Los huevos camperos son ecológicos?

No, en absoluto. En cada embalaje de huevos, y también en cada uno de ellos encontramos un código que nos indica las condiciones de vida de la gallina que los ha puesto. Mientras los huevos normales (código número 3) proceden de gallina de jaula y el código 2 se refiere a gallinas criadas en suelo, el 1 corresponde a las camperas, y el 0 a las orgánicas.

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A diferencia de las camperas, que no están en jaulas (sí lo están las del código 3) y tienen acceso al aire libre, las gallinas ecológicas además reciben alimentación ecológica.

6. ¿Los agricultores ecológicos nunca utilizan pesticidas?

Sí los utilizan, y no solo de forma excepcional, tal y como aludíamos en la primera pregunta. Además de los pesticidas químicos permitidos, aquellos que se encuentran en una lista de excepciones que contempla la normativa, es habitual el uso de otros pesticidas.

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Son pesticidas naturales como, por ejemplo, el aceite de neem o el purín de ortigas, usado para prevenir enfermedades fúngicas o pulgones, entre otros problemas. Su poder biocida a menudo es suficiente para mantener a raya las enfermedades y plagas, sin tener que recurrir a formulaciones sintéticas.

7. ¿Consumir ecológico significa apostar por la sostenibilidad?

No necesariamente. Por un lado, no cabe duda de que la alimentación ecológica es más respetuosa con el planeta. Sin embargo, como consumidores tenemos una importante responsabilidad a la hora de aplicar las tres famosas erres de la ecología.

Por lo tanto, solo si consumimos de forma responsable (reducir, reutilizar y reciclar) podemos afirmar que estamos haciendo una firme apuesta por la sostenbilidad. A nosotros corresponde cerrar el círculo comprando lo justo, reduciendo al máximo los desechos y ayudando a un reciclaje.