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bosques El clima afecta a los bosques
Un grupo de científicos están analizando las áreas forestales, el cambio climático y proponen soluciones para evitar un desastre medioambiental. Las conclusiones son claras: si no se toman medidas inmediatas, el cambio climático podría tener un efecto devastador sobre casi todos los bosques del mundo y sobre los cerca de mil millones de personas que dependen de ellos para desarrollar sus vidas.

Las recomendaciones se basan en la implementación de medidas de adaptación que reduzcan la vulnerabilidad de las zonas boscosas y de las comunidades de su entorno. En los próximos 100 años, las poblaciones que cercanas a los bosques experimentarán una combinación sin precedente de problemas relacionados con el cambio climático, como inundaciones, sequías, incendios forestales, y otros fenómenos medioambientales que impedirán su continuidad.

Solamente si se gestionan de manera apropiada, los bosques pueden ayudar en gran medida a que comunidades vulnerables se adapten al impacto del cambio climático. En caso contrario, los bosques agravarán este impacto. Además, debido a su capacidad para absorber dióxido de carbono de la atmósfera, los bosques podrían ser una parte importante de la solución para el cambio climático. Mientras que si los bosques son destruidos, la creciente cantidad de carbono en la atmósfera formará un ciclo de aumento de la contaminación en el aire.

Es bien sabido que los bosques proporcionan ingresos, alimentación, medicinas y materiales de construcción. Además, son parte vital para los ecosistemas terrestres, ya que purifican el agua y regulan inundaciones y sequías. Por lo tanto son fundamentales para que las sociedades humanas se puedan adaptar al cambio climático de una forma progresiva, sin grandes desastres.

Será clave adaptar la gestión y conservación de bosques para reducir el impacto del cambio climático en los ecosistemas forestales. Así como apostar por ayudar a quienes gestionan, viven o conservan los bosques a que se adapten a futuros cambios.

Finalmente, el informe analizó la literatura científica existente sobre los efectos del cambio climático sobre los bosques, y llegó a diversas conclusiones muy alarmantes. Por ejemplo, a finales del siglo XXI, las regiones tropicales de África, Asia meridional y Centroamérica se estarán calentando a tasas mayores que la media. Es probable que las precipitaciones en África oriental y el sudeste de Asia aumenten. También es muy posible que la precipitación anual en gran parte de Centroamérica descienda, ya que esta región es el “punto caliente” tropical más importante para el cambio climático.

Por otro lado, también se espera que las intensidades máximas de los vientos causados por ciclones tropicales aumenten, sobre todo en el sur y el sudeste de Asia, causando un aumento drástico de las precipitaciones. De modo que se prevé que inundaciones y sequías aumenten a nivel mundial, dificultando la gestión del agua.

bosque tropical Futuro negro para los ecosistemas de los bosques tropicales
La situación de los ecosistemas de los bosques tropicales es más que alarmante. Un estudio llevado a cabo por el Instituto Carnegie ha determinado que sólo entre el 18 y el 45% de los animales y plantas de los ecosistemas de bosques tropicales permanecerán tal y como los conocemos ahora en el año 2100.

Para llegar a estas conclusiones se han tomado como muestra datos de deforestación y tala selectiva con 16 proyecciones de cambio climático para este tipo de bosques en todo el mundo. La combinación de imágenes por satélites y los modelos climáticos han mostrado un escenario poco esperanzador para el 2100, año en el que los efectos del cambio climáticos serán todavía más acusados.

Sin ir más lejos, en la zona del Congo, en África, el cambio climático y la tala serán los causantes de muchos destrozos, concretamente entre el 35 y el 74% de la zona. Como ya viene siendo habitual, la solución pasa por una reducción drástica de las emisiones de gases con efecto invernadero.

CO2 absorben los bosques ¿Cuánto CO2 absorben los bosques?
Los humanos liberamos cerca de 7.000 millones de toneladas de carbono al año, pero desconocemos hacia donde van 2.000 millones. Diversos científicos trabajan en crear un inventario para conocer cuánto dióxido de carbono procesan los bosques, con la ayuda de la información de tres satélites procedentes de la agencia espacial estadounidense (NASA).

El estudio pretende descubrir hacia dónde van esas millones de toneladas “perdidas” de dióxido de carbono cada año. Se sospecha que los bosques capturan y almacenan gran parte de esa contaminación como la biomasa mediante la fotosíntesis. Hay indicios de que los bosques más jóvenes absorben más carbono que los antiguos, también los más húmedos.

La preocupación central es si los ecosistemas podrán seguir con el ciclo del carbono a pesar del cambio climático. Completar los inventarios mundiales de la biomasa, puede servir para mejorar los modelos climáticos y guiar las políticas públicas sobre cómo minimizar el impacto humano sobre el clima con las compensaciones de carbono. Además conocer las alturas de las copas de los árboles ayudará ha predecir la propagación y comportamiento de los incendios.

CAMPO Mientras se juega un partido de fútbol se quema en España una superficie de bosque de más de 20 campos de fútbol
Este año 2010, según los meteorólogos, se llegará a temperaturas estivales de calor extremo, por lo que los incendios forestales serán un peligro constante, sobre todo en países como España, secos y muy calurosos. Por esta razón, la organización Greenpeace trata de concienciar a la opinión pública para que extreme las precauciones a este respecto. Para ello, está distribuyendo un vídeo en el que convierte el césped de un estadio fútbol en decenas de cabezas de cerillas que se van prendiendo hasta dejar el campo arrasado. Aprovechando la celebración del Mundial de fútbol de Sudáfrica, Greenpeace quiere denunciar que, en esos noventa minutos que dura cada partido de fútbol, se quema en España una superficie de bosque equivalente a veinte campos de fútbol.

En la última década se han producido en España, 18.626 incendios forestales al año de media, lo que implica una superficie quemada de unas 123.441 hectáreas anuales. Con la llegada del verano, el riesgo de incendios se multiplica (y aún más en este verano que se avecina), y Greenpeace recuerda que, en 2009, España tuvo el tercer peor registro en incendios del decenio: ardieron 110.783 hectáreas.

La sociedad española identifica los incendios forestales como uno de los principales problemas ambientales que afectan al país. Pero, a pesar de las enormes pérdidas económicas, el daño ambiental, las decenas de fallecidos y la alarma social producida por los incendios de grandes dimensiones, todos los años se producen descuidos, accidentes y otras negligencias que causan numerosos incendios, además de los fuegos intencionados y los provocados por pirómanos desequilibrados.

“En un verano que los meteorólogos han avisado que será más cálido de lo normal, Greenpeace hace un llamamiento a toda la ciudadanía para que extreme las precauciones, respete la prohibición de hacer fuego en el monte y no cometa imprudencias con herramientas, colillas, barbacoas, etc.”, declaró Miguel Ángel Soto, responsable de la Campaña de Bosques y Clima. “La sociedad española debe ganar la batalla al fuego en el monte y este verano se juega un partido clave”.

sequoia Los pesticidas viajan lejos
Los parques nacionales del oeste de Estados Unidos, en toda la franja que discurre a través de la costa pacífica, desde el Ártico hasta el sur de California, se encuentran cada vez más contaminados. La culpa la tienen, en parte, la industria y la agricultura de zonas cercanas, que emiten sustancias nocivas provenientes de los pesticidas utilizados. Pero también, y aquí es donde se puede ver la gravedad del asunto, provienen de fuentes contaminantes sitas en lugares tan lejanos como Asia. Algunos de los parques afectados son el de Sequoia, las Montañas Rocosas y el Parque Nacional de los Glaciares.

Estas conclusiones han sido extraídas después de una investigación realizada por un grupo internacional de científicos a lo largo de varios años. Dos de los informes (publicados en Environmental Science and Technology) han servido para reforzar el conocimiento de estos problemas y para una mejor cuantificación de su magnitud.

“Como científicos nos estamos acostumbrando a estos problemas de contaminación”, dijo Staci Simonich, profesor asociado de Toxicología Ambiental y Molecular en la Universidad Estatal de Oregón e investigador principal en ambos estudios. “La contaminación por plaguicidas es tan común actualmente que hemos tenido que mirar a especímenes de museo para encontrar los datos de referencia existentes con anterioridad al uso de dichas sustancias. Pero todavía sorprende más en zonas remotas y vírgenes que, como se ha podido comprobar, no son intocables“, dijo. “Uno no llega a acostumbrarse a ello. Ahora estamos identificando exactamente donde se encuentran realmente los problemas de verdad y lo que realmente los está causando”.

La preocupación más grande para los científicos son los pesticidas, que pueden acumularse en el ecosistema y en la cadena alimentaria, y tradicionalmente han sido vinculados a actividades regionales de agricultura. Los científicos observaron, por ejemplo, evidencias de feminización en peces machos, un fenómeno que suele ocurrir en sitios en contacto con plantas de tratamiento de aguas residuales. Además, el estudio también ha concluido que las temperaturas comparativamente frías en los ecosistemas árticos alpinos tienden a concentrar altos niveles de pesticidas.

ciudades bosques Madrid, Ciudad por los Bosques
WWF España ha otorgado a la ciudad de Madrid el reconocimiento de “Ciudad por los Bosques” por su apuesta por la compra pública de productos forestales que cuenten con el sello FSC, sello de certificación otorgado a bosques que cumplen unos estrictos criterios ambientales, sociales y económicos. La organización ecologista destaca así el compromiso del Ayuntamiento de la capital con el consumo responsable de productos forestales, un “instrumento esencial para impulsar la gestión sostenible de los bosques desde la administración”. Así, el Ayuntamiento prima la madera procedente de bosques con certificación forestal FSC para luchar contra las talas ilegales e insostenibles. Según WWF, el poder de compra de las Administraciones Públicas es un motor de desarrollo económico del medio forestal español.

Sólo nueve entidades públicas en España aplican una política de compra responsable de productos forestales: Barcelona, Benicarló, L’Hospitalet de Llobregat, León, Murcia, El Prat, Sant Boi y la Diputación de Toledo. En otras palabras, casi el 90% de los ayuntamientos de más de 20.000 habitantes incumple la Ley de Montes, que insta a las Administraciones públicas a evitar la adquisición de madera y productos derivados procedentes de talas ilegales.

El Observatorio “Ciudades por los Bosques” de WWF España destaca a Madrid, entre casi 350 ayuntamientos, otorgándole el título de “Ciudad por los Bosques”. Tras este nombramiento, se encuentra el compromiso que ha adquirido el Ayuntamiento con la compra pública de productos forestales. Madrid prima en su contratación la madera y el papel que provengan de bosques gestionados de manera responsable, tanto ambiental como socialmente. Este Observatorio es un instrumento creado por WWF en 2005 para evaluar las medidas que toman los ayuntamientos españoles de más de 20.000 habitantes con el fin de evitar la compra de productos forestales de origen ilegal o insostenible y contribuir a la implantación de la legislación europea en materia de contratación verde.

El consumo de productos forestales es preferible a otros materiales más contaminantes en su ciclo de vida, como metales, plásticos y cementos. Además, la compra pública a favor de los productos forestales de origen sostenible es esencial para luchar contra la pérdida de biodiversidad vinculada a los procesos de deforestación y degradación de los bosques. Alcalá de Henares, Aranjuez y San Sebastián de los Reyes están en la lista ámbar, es decir, en proceso de elaboración o implementación de un programa similar.

biomasa1 Limpieza de bosques y producción de biomasa
Se acerca el verano y han comenzado las labores de limpieza en los bosques catalanes. Esta temporada hay mucho trabajo debido a las fuertes tormentas que se produjeron durante el invierno pasado. Sólo durante la gran nevada del 8 de marzo resultaron dañadas más de 120.000 hectáreas de masa forestal. Si no se limpian todas esas astillas, ramas caídas y troncos derribados, los bosques se incendiarán al mínimo descuido. La campaña estival contra los incendios forestales ha comenzado antes que el propio verano. Además de la limpieza de los bosques, hay que reabrir caminos, reparar balsas y puntos de agua, renovar tendidos eléctricos…

Este año, el volumen de leña recogido es tan grande que existe un problema añadido: ¿qué hacer con toda esa leña? Una de las soluciones que se barajan es destinar toda o parte de esa madera caída para la producción de biomasa, un sector incipiente en Cataluña, pero con mucha proyección. Un dato: el Instituto Catalán de la Energía (ICAEN) tiene una partida presupuestaria cada año para subvencionar calderas que funcionan con este tipo de energía y cada año se agotan ante la gran demanda ciudadana. Además, el Ministerio de Industria pretende que, en 2020, el uso de este combustible duplique los niveles actuales. Así, además de utilizar la masa forestal sobrante, su uso para producir energía proveniente de biomasa reduce la dependencia de los combustibles fósiles, no emite CO2 y puede crear puestos de trabajo.

La incineración de biomasa puede producir energía térmica o eléctrica. Sin embargo, en esta última se está perdiendo una gran oportunidad, según el sector forestal, ya que muchas de las astillas procedentes de los bosques catalanes se están enviando a Italia.

La producción de energía térmica parece funcionar mejor. Algunos ayuntamientos ya usan la biomasa para el funcionamiento de la calefacción y el agua caliente de sus edificios e instalaciones municipales. En Mataró quieren ir más allá y construir para toda la ciudad un sistema de distribución de energía térmica procedente de biomasa a través de tuberías perfectamente aisladas.