Ciudades con mayor contaminación visual
Quizá la contaminación visual no sea tan dañina como la atmosférica o, al menos, no es tan evidente. Sin embargo, entre otras consecuencias negativas, no permite un buen descanso, lo que, a la larga, repercute en la salud de las personas. Algo parecido ocurre con la contaminación sonora: el ruido puede provocar que se duerma de forma deficiente y, al día siguiente, se esté cansado.

No es fácil calcular cuáles son las ciudades que más sufren de contaminación visual. Aunque lo que está claro es que son las grandes ciudades con enorme letreros luminosos, vallas de publicidad iluminadas y altos edificios con las luces encendidas. Los skylines de postal quedan muy bien en las fotografías, pero no son medioambientalmente aceptables.
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Contaminación lumínica
La contaminación lumínica es un problema muy serio, tanto para los seres humanos como para los animales. Se está convirtiendo en algo muy perjudicial a medida que avanzan los años, pues este tipo de contaminación, en lugar de disminuir, va en aumento, un aumento desmesurado para algunos y al que hay que ponerle freno. De no ser así, tanto nosotros como el medio que nos rodea puede sufrir grandes trastornos.

La claridad siempre se ha asociado en gran cantidad de culturas con la bondad, por ello siempre se prefiere. Sin embargo, no por ello la oscuridad no es necesaria. Todo lo contrario, la oscuridad es tan necesaria o más que la claridad, pues durante la noche se llevan a cabo ciclos alimenticios y reproductivos de los animales que no se darían en casos de luminosidad alta. Y es que la costumbre urbana de plagar las calles de farolas, anuncios luminosos y demás objetos para lograr transformar la noche en día esta convirtiéndose en una forma de contaminación muy dañina para el medio ambiente y también para el propio ser humano.

Ante todo hay que dejar claro que la contaminación lumínica es la emisión hacia la atmósfera de luz artificial como resultado de la instalación sin control de focos emisores de luz, ya sean farolas, anuncios de neón o focos ornamentales. La forma de manifestación de este tipo de polución es la presencia de un halo luminoso que desprenden todas las ciudades de noche y que se extiende mucho más allá de ella mismas. Por poner varios ejemplos, nos encontramos con que el halo de Madrid se eleva 20 kilómetros por encima del suelo y el de Barcelona es visible en noches claras desde Mallorca, situada a más de 300 kilómetros de distancia.

Esto significa también que los parajes naturales alrededor de las ciudades están contaminados de luz, y que lamentablemente, muy pocas personas, animales o plantas saben lo que es una noche de verdad. Estudios realizados muestran que el 96 % de la población europea nunca tiene un cielo con menos luz que el de la luna media, y, en más del 40% el resplandor equivale o supera al de la luna llena.

A penas se está comenzando a conocer el impacto de la ausencia permanente de oscuridad y ya están viendo los efectos. En los animales, la presencia de luz está alterando los fenómenos de ascenso y descenso del plancton oceánico, base de la cadena alimenticia oceánica, por lo que ya afecta a millones de seres vivos.
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