
Tenemos la suerte de poseer una gran variedad de suelos en España, de las mejores tierras de Europa y del mundo entero. Sin embargo, nos lo estamos cargando. Amenazas tan agresivas como la agricultura intensiva, la construcción o la contaminación han provocado que la calidad de los suelos se vea mermada. Todo ello sin tener en cuenta que el bienestar de los ciudadanos depende de su buen estado, pues las iniciativas de restauración de los suelos españoles son muy escasas. Se necesitan medidas urgentes para su recuperación, antes de que sea irreversible.
En general, la conservación del suelo en el mundo es lamentable. La intensa erosión de suelos, los factores climáticos, la abrupta orografía del terreno, la salinización y el desprecio por su preservación son las principales causas de su pérdida y degradación. Todo eso sumado a la fuerte erosión hídrica, los incendios forestales de cada verano, la contaminación atmosférica y la urbanización de zonas verdes habrían llevado a estas zonas a su precaria situación actual. Los suelos españoles se mueren.
Es evidente que la vida sobre la Tierra no sería posible sin un buen suelo. Por lo tanto, su conservación debería de ser una prioridad. Si el suelo se pierde o degrada, la biodiversidad y los ecosistemas también se ven afectados. Un suelo en mal estado no es capaz de retener el agua de las precipitaciones, por lo que el ciclo hidrológico también se resiente. Y si un suelo se contamina, su influencia se nota en el agua y el resto de sus elementos. Los seres humanos dependemos en gran medida de los alimentos y productos que generan nuestras tierras, al final nosotros seremos los grandes afectados por el mal estado de este recurso.
Los consumidores podemos ayudar comprando productos ecológicos que no hayan utilizado pesticidas de forma intensiva. Fomentar las prácticas de consumo respetuosas con el medio ambiente.





























Ya ha arrancado la Octava Conferencia de las partes del convenio mundial COP-8 que se celebra en Madrid y que tiene como objetivo buscar soluciones contra la desertificación. Las reuniones para tratar el tema se prolongarán a lo largo de las próximas dos semanas. Según Gregoire de Kalbermatten, secretario ejecutivo en funciones de la Convención de la ONU contra la Desertificación, el mensaje es muy claro: “La sequía es un asesino lento, pero muy eficaz. Ha llegado la hora de que la comunidad internacional busque la herramienta apropiada para hacer frente a estos retos cada vez mayores”.
La Tierra está cubierta por una frágil capa de suelo que se ha formado muy lentamente, pero que puede ser barrida por el viento o arrastrada por el agua en pocos años. Es lo que está ocurriendo en muchas zonas. En ninguna parte es más grave el problema que en las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, que representan más de un tercio de la superficie terrestre. La desertificación es un proceso por el que las tierras afectadas pierden su capacidad productiva. A menudo se vincula la degradación de tierras con la seguridad alimentaria y la pobreza, en una relación de causa y efecto.
Mañana, 22 de abril, se celebra en diversas ciudades y pueblos de todo el mundo el Día de la Tierra. El cambio climático, la contaminación, la destrucción de los ecosistemas, la reducción de la biodiversidad, el agotamiento de los recursos naturales, la escasez de agua o los procesos de desertificación son motivos más que suficientes para asumir una postura crítica y activa y evitar así la destrucción de nuestro planeta. En España, las principales organizaciones ecologistas, así como diversos colectivos sindicales y ciudadanos, han convocado para hoy, día 21, una serie de actos en los que se pide la implicación de todos los consumidores en la lucha contra los problemas medioambientales, especialmente el cambio climático. Sus responsables esperan que los símbolos elegidos para reivindicar públicamente el Día de la Tierra, un lazo verde y el lema “Salvemos nuestro clima“, se conviertan en un clamor popular.




