Bio-Pirámides, rascacielos contra la desertificación
Hay ideas innovadoras que miran atrás para inspirarse. En este caso, innovación y tradición milenaria se unen para plantarle cara a la desertificación, uno de los mayores problemas ambientales que sufre nuestro planeta a consecuencia del cambio climático.

La propuesta nos lleva a las antiguas pirámides de Egipto y, por otro lado, a un futuro capaz de convertir el desierto en un auténtico vergel. Visualmente, el invento es como una pirámide, una especie de rascacielos con la fachada acristalada envuelto en una biosfera propia, que hace posible el pequeño-gran milagro de convertir en tierra fértil el desierto del Sahara, acercándolo a la agricultura de El Cairo pues, como dice la famosa frase, “Egipto es un don del Nilo”.
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Importar agua puede ser conveniente en regiones secas
Ignacio Rodríguez Iturbe, Premio Estocolmo de Agua en 2012, y el profesor de Cambio Climático de la Universidad de Exeter (Reino Unido) Tim Lenton han advertido de que algunas zonas del sur de España presentan señales de alerta de desertificación y calentamiento del suelo. Algunos de estos efectos pueden ser irreversibles.

Han hecho estas declaraciones en la segunda jornada de Cantabria Campus Internacional, dedicada al agua, energía y medio ambiente. Esta situación de alerta ya se está notando en la vegetación. Este tipo de alertas provocan transformaciones muy profundas. Algunas de estas señales son muy peligrosas. Ha incidido en luchar contra el cambio climático, sobre todo, en la reducción del dióxido de carbono y demás gases de efecto invernadero (GEI).
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El compostaje frena la desertificación
España es uno de los países más afectados por la desertificación y la erosión de los suelos. El 40% de su superficie se ve afectada por estos fenómenos. Para evitar estos desastres naturales, de proceso mucho más lento que las inundaciones o los terremotos, pero, tal vez, de efectos más irreversibles, es esencial mantener una alta proporción de materia orgánica. Las plantas, los árboles, evitan la desertificación.

En la actualidad, España es uno de los países industrializados más afectados por este problema. La organización ecologista Amigos de la Tierra apoya el compostaje como una práctica viable, económica y fácil de aplicar para regenerar el desgaste del suelo mediante materia orgánica producida.
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Xerojardinería, jardines con menos agua
Las zonas verdes de las ciudades son esenciales para la calidad de vida de sus ciudadanos. Esto lo saben los alcaldes y demás responsables políticos y, por ello, las fomentan. Sobre todo, porque son muy visibles, palpables, fotografiables y eso es algo que les encandila. Además, cumplen funciones como, entre otras, limpiar la atmósfera absorbiendo dióxido de carbono y otros gases o templar la temperatura.

El problema de los jardines urbanos para muchos países a los que no les sobra el agua es el riego que demandan. Además, durante muchos años se ha abusado de plantar césped en los parques y jardines de las ciudades, cuando el césped necesita mucho riego. Según datos de un estudio qeu se elaboró para los parques públicos de la zona de San Francisco, en Estados Unidos, el agua empleada para el riego del césped suponía el 90% del total consumido. Sin embargo, el césped sólo cubría un 40% de la superficie de los parques.

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El lago Urmía en peligro
El calentamiento global sigue provocando desastres naturales nunca antes vistos. El lago Urmía (o Orumieh) es un lago salado situado en el noroeste de Irán cuya superficie es de 5.200 kilómetros cuadrados. Es uno de los lagos con mayor extensión del mundo. Tiene una profunidad máxima de 16 metros. La mayor parte del lago pertenece a un parque nacional que, además, es reserva de la biosfera de la Unesco desde 1976. En la isla de Kabudi, la segunda mayor de todo el lago, se halla la tumba del nieto de Genghis Khan. Constituye el hábitat de varias especies de aves migratorias.

El lago Urmía pierde, por evaporación, casi un metro de agua cada año. Pero ahora se cree que puede llegar a secarse en tan sólo tres años. Al menos, eso es lo que afirman las autoridades iraníes.
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Una buena gestión del agua es esencial para el futuro del planeta
Cuando las personas que vivimos en países desarrollados hacemos el gesto de abrir el grifo de agua, rellenar un vaso y beber su contenido, no pensamos en lo afortunados que somos. Estamos tan acostumbrados que no nos parece nada excepcional. Y, sin embargo, gran parte de la población mundial no puede hacer ese simple gesto ni acceder fácilmente a agua potable, elemento absolutamente esencial para la supervivencia humana.

Según un estudio elaborado por investigadores del City College de Nueva York, 5.000 millones de personas tienen problemas para acceder sin ningún tipo de problemas al abastecimiento de agua. La humanidad ha avanzado industrial, tecnológica y socialmente, pero no ha logrado que cualquier persona pueda beber agua potable cuando se le antoje. No cabe más que sorprenderse (o indignarse). En algunos lugares del mundo, es más fácil adquirir un móvil que un vaso de agua fresca y potable.

Y la situación, por desgracia, no parece que vaya a mejorar. De hecho, parece que irá empeorando a lo largo de los años y cada vez serán más los habitantes que no dispongan de este recurso vital. El cambio climático y la contaminación no dejan lugar al optimismo.

Además, durante el pasado, los países ricos han construido embalses para reservar el agua, principalmente, para el consumo humano. Esto ha supuesto que la tierra tiene un déficit de agua y la desertificación crece en muchos países, entre otros, todos los de la zona de la Europa mediterránea. Los responsables del estudio, por tanto, aconsejan que los países que ahora se encuentran en vías de desarrollo que no usen esas mismas políticas si no quieren tener que lamentarse dentro de no muchos años. Abogan pues por una gestión del agua que tenga en cuenta, no sólo la necesidad de beber de las personas, sino también la conservación de cuencas fluviales, pantanos y terrenos inundables.

La desertificación
La desertificación es la degradación de las tierras de zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas resultante de diversos factores, tales como las variaciones climáticas y las actividades humanas, según la definición de la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CLD). Esta definición tiene valor vinculante para todos los Estados y organizaciones pertenecientes a la institución.

La desertificación y la sequía amenazan seriamente los medios de subsistencia de más de 1.200 millones de personas en todo el mundo, que dependen de la tierra para satisfacer sus necesidades primordiales. Estos dos desastres naturales menoscaban la productividad de la tierra, la salud y la prosperidad de las poblaciones en más de 110 países. Aunque la desertificación afecta en mayor medida al continente africano, es un problema que no se circunscribe a este continente, sino que una tercera parte de la superficie terrestre se encuentra amenazada, incluidos los países del Mediterráneo.

Según la CLD, las zonas susceptibles de sufrir desertificación son aquellas zonas en las que la proporción entre la precipitación anual y la evapotranspiración potencial está comprendida entre 0,05 y 0,65. La evapotranspiración potencial es el agua devuelta a la atmósfera en estado de vapor por un suelo que tenga la superficie completamente cubierta de vegetación y, en el caso de no existir limitación en el suministro de agua (por lluvia o riego), para obtener un crecimiento vegetal óptimo.

De acuerdo con esta definición, amplias zonas de España (y de los demás países mediterráneos) se encuentran potencialmente afectadas por este proceso. De hecho, más de dos terceras partes del territorio español pertenecen a las categorías de áreas áridas, semiáridas y subhúmedas secas. En el mapa de aridez de España (en la imagen) se observa que toda la mitad sur, a excepción de las cadenas montañosas más elevadas, más la meseta norte, la cuenca del Ebro y la costa catalana entran dentro de las categorías de tierras áridas, semiáridas y subhúmedas secas, y por lo tanto estas áreas son susceptibles de desarrollar el fenómeno de la desertificación. En fin, casi toda la península.

Los desiertos ocupan un cuarto de la masa terrestre
La situación es cada vez más preocupante en nuestro planeta. En estos momentos, un cuarto de la masa terrestre, o lo que es lo mismo, 3.600 millones de hectáreas, está cubierta por desiertos, lo cual supone ya una amenaza para 1.000 millones de personas que podrían verse sorprendidas por la desertificación de más territorios en los próximos años.

Para evitar que las cosas empeoren todavía más, es fundamental gestionar de forma sostenible las tierras, por lo que el lema del Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación no podía ser otro que el siguiente:

Mejorar los suelos en un lugar, mejora la vida en todas partes.

Margarita Astrálaga, directora regional del Programa Mundial de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA) para América Latina y el Caribe, declaró que en estos momentos hay un 28% de las tierras que se encuentran en un estado severo de degradación.
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