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captura CO2 Capturar el dióxido de carbono
El dióxido de carbono (CO2) es el máximo responsable del cambio climático. Este gas contaminante se produce fundamentalmente por la quema de combustibles fósiles (petróleo, carbón, gas natural). La manera natural para que desaparezca es su absorción por parte de árboles y plantas. Pero existe otro método, cada vez más utilizado y cada vez más rentable: capturarlo, separándolo de otros componentes antes de emitirlo a la atmósfera, transportarlo y almacenarlo a largo plazo. Además, se están investigando métodos para utilizarlo en la producción de hidrógeno para producir energía o en otros procesos útiles. En todo caso, hay que señalar que la mejor solución para reducir los efectos que produce el dióxido de carbono siempre será no producirlo.

Se espera, sin ir más lejos, que a finales de este 2010, la planta experimental de captura de dióxido de carbono que se está construyendo en Cubillos del Sil, en la comarca de El Bierzo, León (España), comience a funcionar. Así mismo, ya hay varias centrales eléctricas en el mundo que recogen parte del CO2 que producen, habitualmente entre un 80 y 90%. La captura se está produciendo en las centrales más avanzadas usando disolventes no tóxicos y biodegradables.

También las petroleras usan este método desde hace años. Por ejemplo, la empresa noruega Statoil separa desde 1996 el dióxido de carbono del gas natural que extrae en Sleipner, una plataforma anclada en el Mar del Norte, y lo transporta al fondo del mar en un sustrato salino. Otras compañías, como Shell, Total o BP, también trabajan en métodos parecidos.

Los métodos de separación, en todo caso, con las tecnologías que existen actualmente, tienen un coste elevado. Pero las investigaciones siguen avanzando para reducir el coste y conseguir que estos procesos sean económicamente viables. Puede ser una buena solución para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero hasta que se consigue la completa independencia energética de los combustibles fósiles. Además, siendo realistas, son métodos que apoyan los grandes grupos de presión petroleros, lo que los convierte en proyectos viables. Además, tanto el gobierno de Estados Unidos como la Unión Europea están apostando por estos métodos de extracción de dióxido de carbono. Sin embargo, para muchos grupos ecologistas es una manera de seguir permitiendo a las empresas más contaminantes del planeta que sigan funcionando.

emina Grupo Matarromera, primera bodega española que calcula su huella de carbono
El Grupo Matarromera se ha convertido en la primera empresa española en conocer el cálculo de la huella del carbono (conjunto de gases de efecto invernadero o GEI asociados a las distintas fases del ciclo de vida del producto) en uno de sus productos, es decir, en saber el impacto real que tiene la producción de uno de sus vinos sobre la atmósfera y sobre el medio ambiente.

En el sector vitivinícola, la huella del carbono es importante por ser un indicativo claro del impacto real que tiene la elaboración de un vino concreto sobre el medio ambiente. Así, la Asociación Española de Normalización y Certificación (Aenor) se ha encargado de certificar el balance de dióxido de carbono desde el viñedo del que proceden las uvas con las que se elabora el vino Emina Verdejo (con Denominación de Origen Rueda), pasando por el proceso de producción y elaboración, el transporte, la distribución, el consumo y el reciclaje de las diferentes partes del producto. Tras analizar todos estos procesos, Aenor ha certificado que la producción de cada botella emite a la atmósfera 829 gramos de dióxido de carbono. El objetivo de este cálculo es cuantificar de una manera acreditada el CO2 emitido y establecer los procedimientos para reducir y compensar esas emisiones en las futuras añadas.

Gracias a esta certificación, el Grupo Matarromera cumple con el requisito exigido en diferentes países para la importación de determinados productos, además de satisfacer las demandas de los consumidores, cumplir con la legislación medioambiental y, sobre todo, mantener y mejorar el compromiso con la sostenibilidad y el medio ambiente.

Más allá del cálculo de la huella de carbono, Emina es un Proyecto Integral de Desarrollo Sostenible de la industria vitivinícola en España en el que se emplean energías renovables (solar térmica y fotovoltaica, biomasa), se ha mejorado la eficiencia de los procesos de elaboración y se ha conseguido un aprovechamiento y revalorización de los subproductos industriales y una gestión sostenible de los recursos.

Tras el cálculo de la huella de carbono de Emina Verdejo, Matarromera ya trabaja para obtener la misma certificación en otros productos, como Matarromera Crianza, Emina 12 Meses y Eminasin tinto.

CO2 absorben los bosques ¿Cuánto CO2 absorben los bosques?
Los humanos liberamos cerca de 7.000 millones de toneladas de carbono al año, pero desconocemos hacia donde van 2.000 millones. Diversos científicos trabajan en crear un inventario para conocer cuánto dióxido de carbono procesan los bosques, con la ayuda de la información de tres satélites procedentes de la agencia espacial estadounidense (NASA).

El estudio pretende descubrir hacia dónde van esas millones de toneladas “perdidas” de dióxido de carbono cada año. Se sospecha que los bosques capturan y almacenan gran parte de esa contaminación como la biomasa mediante la fotosíntesis. Hay indicios de que los bosques más jóvenes absorben más carbono que los antiguos, también los más húmedos.

La preocupación central es si los ecosistemas podrán seguir con el ciclo del carbono a pesar del cambio climático. Completar los inventarios mundiales de la biomasa, puede servir para mejorar los modelos climáticos y guiar las políticas públicas sobre cómo minimizar el impacto humano sobre el clima con las compensaciones de carbono. Además conocer las alturas de las copas de los árboles ayudará ha predecir la propagación y comportamiento de los incendios.

contaminacion ciudad mexico La contaminación determinará el clima terrestre durante siglos
Diversos informes han determinado que las emisiones actuales de dióxido de carbono determinarán el clima durante los próximos siglos, todo hace indicar que disminuirán las precipitaciones en la región mediterránea entre un 5% y un 10% por cada grado de calentamiento.

Las emisiones de gases de efecto invernadero debidas a la actividad humana superan en gran medida la cantidad máxima que puede ser absorbida por los sumideros naturales, como los océanos, por lo que aunque se frenará dichas emisiones, no se estabilizarían las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera, sino que seguirían aumentando. En concreto, para estabilizar la contaminación atmosférica habría que hacer reducciones de las emisiones superiores al 80% respecto a las actuales. Lo que se haga a corto plazo respecto a los gases de efecto invernadero determinará el clima terrestre durante siglos o incluso milenios. Por lo tanto es momento de actuar, ya no queda demasiado tiempo, el margen es reducido.

El planeta está entrando en una nueva época geológica, a veces denominada Antropoceno, en la que las actividades humanas controlarán en gran medida la evolución del medio ambiente terrestre.

El impacto es que habrá cambios en las lluvias, los caudales de los ríos, los incendios forestales, las cosechas o la subida del nivel del mar, efectos que pueden llegar a ser muy graves y que afectarán a las futuras generaciones. La concentración actual de CO2 en la atmósfera es de unas 390 partes por millón (ppm), que es el nivel más alto de los últimos 800.000 años, además los datos muestran que el incremento de los gases de efecto invernadero es responsable de la mayor parte del calentamiento que ha sufrido el planeta en el último medio siglo.

Por ejemplo, si las concentraciones de CO2 se estabilizasen a 550 ppm, el planeta se calentaría cerca de 1,6 grados centígrados hasta llegar a ese nivel, pero incluso después seguiría subiendo la temperatura en las décadas y siglos siguientes, hasta alcanzar un equilibrio de calentamiento en torno a los tres grados centígrados. Todo el proceso es muy lento y se deben de tomar medida lo antes posible para frenar los desastres.

A pesar de que se espera que el nivel total de precipitaciones se reduzca considerablemente, en algunas áreas la mayor parte de las precipitaciones se concentrará en lluvias torrenciales. Solamente un calentamiento de uno a dos grados centígrados provocará el aumento de la extensión de los incendios forestales en zonas del oeste norteamericano, en concreto, se multiplicará de dos a cuatro veces. El aumento de tres grados centígrados de temperatura expondrá a muchos millones de personas al riesgo de inundaciones costeras. Si la temperatura llegase a subir cuatro grados, se registrarían períodos estivales bastante más calientes que los actuales, se registrarán temperaturas más altas que las de los veranos más cálidos de las últimas décadas del siglo XX.

bosquextremadura Extremadura, dióxiodo de carbono y bosques
Extremadura es la única comunidad autónoma cuyos bosques captan más gases de efecto invernadero de los que emite dicha comunidad a la atmósfera, con una media anual del 114% entre los años 2000 y 2006. Estos datos se desprenden del Inventario Extremeño de Sumideros de Carbono. En la totalidad de España, dicho porcentaje no alcanza ni el 25%. En el periodo señalado, la media anual de emisiones de dióxido de carbono fue de 8,2 millones de toneladas, mientras que la de captaciones a través de sumideros naturales fue de 9,4 millones de toneladas.

Durante la década de los noventa, el primer periodo tomado como referencia para el estudio, se emitieron 5,9 millones de toneladas de dióxido de carbono al año y los suelos, bosques, cultivos y pastizales de Extremadura captaron 4,9 millones de toneladas de media anual. Por tanto, la mejor noticia de todas es que se ha mejorado en relación al pasado.

Sin embargo, no hay que cerrar los ojos ante los datos que reflejan que las emisiones de gases nocivos han crecido un 37%, tanto por el conjunto de actividades humanas (debido al crecimiento de la actividad económica), como por los propios procesos naturales que producen dióxido de carbono. La excelente noticia de la que hay que congratularse es que la capacidad de absorción de los sumideros ha aumentado en casi un 90%, principalmente por el crecimiento de la superficie forestal, que supone la absorción del 80% del carbono. Según los inventarios forestales nacionales correspondientes a los años 1990 y 2001, el terreno forestal extremeño ha crecido en ese periodo aproximadamente 700.000 hectáreas, lo que supone un 65% del territorio.

El consejero de Medio Ambiente de la comunidad autónoma de Extremadura resaltó que este incremento de la masa forestal se traducirá en un futuro aprovechamiento de las energía renovable proveniente de la biomasa residual de los bosques.

Ojalá el resto de comunidades autónomas tomen ejemplo.

carbono Créditos de carbono
Los créditos de carbono son un instrumento económico contemplado en el Protocolo de Kioto. Cada crédito equivale a una tonelada de dióxido de carbono que ha sido dejada de emitir a la atmósfera. Únicamente pueden ser generados por los mecanismos establecidos en el Protocolo de Kioto. Según qué mecanismo, se distinguen diferentes tipos de créditos:

1.- ERU, Emissions Reduction Unit (JI) o URE: unidad de reducción de emisiones (AC). Cantidad equivalente a una tonelada de CO2 que se deja de emitir a la atmósfera por la puesta en marcha de un proyecto de aplicación conjunta.

2.- CER, Certified Emission Reduction (CDM) o RCE: reducción certificada de emisiones (MDL). Representa una tonelada de CO2 que deja de emitirse a la atmósfera y que ha sido generada y certificada mediante el esquema del mecanismo de desarrollo limpio.

3.- RMU, Removal Unit (Afforestation & Forestation) o UDA: unidad de absorción (forestación y reforestación). Cuota disponible para conseguir la eliminación de los gases de efecto invernadero mediante la utilización de sumideros de carbono.

En otras palabras, estos créditos se usan para hacer más fácil el cálculo de la cantidad de gases que se liberan en el aire y compensar su emisión. Es parte de un plan internacional, seguramente el más grande que se ha creado en toda la historia de la humanidad, en un esfuerzo por reducir el calentamiento global y sus efectos. Se trata de nivelar la cantidad de emisiones totales que pueden ser liberadas por una empresa o negocio. Si hay un superávit en la cantidad de gases que se emiten, hay un valor monetario asignado a ese superávit y puede ser objeto de comercio, fundamentalmente para proyectos que compensen la contaminación, es decir, que renueven el dióxido que se ha emitido a la atmósfera, como pueden ser proyectos de reforestación (habitualmente en países pobres o en vías de desarrollo).

Claro que también es verdad que algunos piensan que es dar dinero para que se les permitan seguir contaminando. Además, son créditos que se compran y venden en los mercados internacionales. O sea, que pueden ser objeto de especulación y no tienen por qué usarse para cuidar el medio ambiente. Como sucede a menudo con cualquier aspecto que roza la economía mundial, cumplirá los objetivos que se marcaron en su creación sólo si se hace un buen uso del plan.

Bacteria Enterrar dióxido de carbono
Sabemos que generamos mucho dióxido de carbono y estamos tratando de no hacerlo en cantidades tan grandes, pero ¿qué podemos hacer con este gas nocivo (además de conservar árboles y plantas para que lo conviertan en oxígeno)?

Un grupo de investigadores estadounidenses y británicos están estudiando la posibilidad de almacenar bajo tierra dióxido de carbono junto a bacterias y urea, una solución duradera y, sobre todo, segura. Esta investigación medioambiental para reducir las emisiones de gases con efecto invernadero es una alternativa que muchos consideran válida, mientras la sociedad realiza el cambio para no depender de los combustibles fósiles utilizando las energías renovables.

El método consiste en recoger dióxido de carbono e inyectarlo a cientos de kilómetros de profundidad en un suelo rocoso, normalmente en un pozo petrolífero en desuso, o bien inyectar este gas bajo la tierra, en napas de agua salada no potables. El mayor problema es que pueden existir filtraciones que harían que el CO2 se incorporara nuevamente a la atmósfera. Es por esta causa que los científicos tratan de manipular ciertas bacterias para que hagan de sustancia sellante y bloqueen los espacios porosos de las rocas. Así, alimentan a las bacterias con urea de forma que crean una película que bloquea estos espacios por donde puede escapar el dióxido de carbono.

“Si alimentamos a las bacterias con urea podemos hacer que formen una película, una suerte de sustancia pegajosa que bloquea los espacios porosos de las rocas, para que el CO2 no se escape”, ha comentado Andrew Mitchell, investigador de la Universidad de Aberystwyth, en el Reino Unido, quien participó en el estudio junto con sus colegas de la Universidad del Estado de Montana, Estados Unidos. Además, las bacterias pueden hacer que el gas se transforme en un mineral sólido, con lo que “es mucho más difícil aún que se escape”, añade Mitchell. La tercera función que cumplen las bacterias es alterar el agua para que disuelva mayores cantidades de dióxido de carbono.