La presa del río Omo perjudicará a los indígenas de la zona
El 23 de marzo de 2.010, la organización para la defensa de los derechos humanos “Survival International” denunció que el proyecto de construcción de una enorme presa hidroeléctrica en el río Omo, situado en Etiopía, destrozará las vidas de unos 200.000 indígenas.

Esta presa se conoce con el nombre de Gibe III, y pondrá fin al cauce natural del río Omo. El río Omo es muy importante para la supervivencia de los indígenas de la zona, ya que con la crecida de sus aguas se fertilizan las orillas; posteriormente, cuando el caudal de agua decrece, las orillas ya fertilizadas pueden ser cultivadas. La presa acabará con estas crecidas.

En esta zona no sólo viven agricultores, sino también algunas de las últimas tribus humanas de cazadores-recolectores: los kwegu. Estos indígenas encuentran una importantísima fuente de sustento en los peces del río Omo, fuente que se reducirá con la presa.

Además, el gobierno de Etiopía prevé el arrendamiento de grandes extensiones de tierra del valle del Omo a empresas del “primer mundo” para realizar agricultura extensiva, por ejemplo, quieren cultivarse plantas para biocombustibles, cultivo que puede servir para lavarse la imagen tras haber expulsado a los indígenas que viven en esas zonas que se pretenden arrendar.

La presa del valle del Omo no es un problema de exclusiva responsabilidad africana, ya que el Banco Mundial, el Banco Europeo de Inversiones y el gobierno italiano son algunos de sus inversores. Además, las obras de construcción de la presa se han adjudicado a una empresa italiana: Salini Costruttori, la cual construyó la también etíope presa Gibe II.

Lo más grave es que la mayoría de los indígenas afectados por el proyecto no saben nada del mismo. El gobierno etíope está silenciando la voz de muchas asociaciones indígenas, cerrando sus locales. Survival International ha iniciado una campaña para detener las obras de la presa. Puedes participar en ella con tu firma en www.stopgibe3.org

¿Son necesarios más embalses?
El invierno que ha terminado hace poco más de un mes ha sido el tercer invierno más lluvioso desde el de 1947. Han sucedido muchos desastres debido a la gran cantidad de agua que ha caído, pero por lo menos la casi totalidad de los embalses se ha llenado.

Sin embargo, y según el diario “La Razón”, casi la mitad del agua que ha caído no se aprovechará, y eso se debe a la falta de infraestructuras. José Antonio Vera, desde ese periódico, nos dice que la mayoría de los pantanos que tenemos en este país son de la época franquista y que, desde entonces, las necesidades de agua han aumentado muchísimo. Por ello, cuando viene la sequía, son tan importantes los problemas de almacenamiento en las zonas sur y mediterránea, o en tierras interiores, como en los Monegros. Según Vera, en Aragón, por ejemplo, hay que construir más embalses y, posteriormente, llevar a cabo trasvases. “Todas las cuencas hidrográficas deberían estar interconectadas, de manera que cada año se hicieran los trasvases necesarios para que no faltara agua en ningún lugar de España”. Además, piensa que la construcción de embalses sería una forma de activar la economía en estos tiempos de crisis.

Menos mal que otras voces abogan porque nos quedemos como estamos. El catedrático de Física de la Universidad de Alcalá de Henares, Antonio Ruiz de Elvira, opina que ni una gota de las que caen se desaprovecha: entre el 80 y el 90% del agua que cae en forma de lluvia va al mar y sin ella el mar no sería fértil. Los ríos transportan nutrientes al mar continuamente. “En España tenemos agua de sobra si se gestiona bien”.

Alberto Fernández Lop, de WWF, indica que ya tenemos un control del agua excesivo; somos el primer país del mundo en número de presas por habitante y Km2. Por cada m3 de caudal de agua del Ebro que se embalse, se producirán 200 kilos menos de anchoa al año.

La vergüenza del embalse de Jánovas
Pocos valles tan hermosos como el del río Ara podemos encontrar en la península ibérica. El Ara, que etimológicamente significa “valle frío”, nace en la frontera con Francia, en la Sierra de Sandanerlo, desciende por el congosto de Bujaruelo y pasa por los pueblos oscenses de Torla y Broto, para, ya serenado en los llanos de Sarvisé, continuar por Fiscal, Lacort, Lavelilla, Jánovas y Boltaña, hasta desembocar en el Cinca a la altura del pueblo medieval de L’Aïnsa.
La vergüenza del embalse de Jánovas

Ya en 1917 surgió la idea de la construcción de un embalse en el cauce del Ara, en concreto en la llamada “Cerrada de Jánovas”, que se encuentra tan sólo a 9 kilómetros en línea recta del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Durante varias decenas de años esta idea quedó arrinconada, pero en los años 60 volvió a retomarse y esta vez sí se llevaron a cabo actuaciones drásticas: se expropiaron terrenos y pueblos enteros, hecho que terminó en 1985 con la expulsión de la última familia que vivía en la zona.

Pero la empresa Iberduero y, desde 1994, Eléctricas Reunidas de Zaragoza, nunca construyeron el pantano. Tampoco hizo nada la Confederación Hidrográfica del Ero. Sin embargo, los pueblos expropiados siguieron desiertos y las antaño firmes casas de piedra, hogar de familias durante generaciones, se desmoronaron, víctimas de la lluvia, el frío, las zarzas y la indiferencia gubernamental.

La vergüenza del embalse de Jánovas
Hace unos doce años tuve ocasión de hablar con una antigua vecina de Jánovas, quien me confesó que el proyecto del embalse destrozó las vidas de cientos de personas, incluida la suya propia. Estas gentes tan apegadas a sus tierras tuvieron que reubicarse donde pudieron. De poco les sirvieron las ridículas indemnizaciones.

La “buena” noticia es que en el año 2.008 el ministerio de Medio Ambiente anunció que las tierras y casas expropiadas en Lacort, Jánovas y Lavelilla serán devueltas a sus antiguos propietarios; eso sí, tras haber devuelto las indemnizaciones que recibieron incrementadas unas treinta veces. Faltaría más.