
La cumbre sobre el cambio climático que los líderes del G-8 han celebrado hoy en L’Aquila, Italia, no ha servido prácticamente de nada. Aunque todo eran buenas intenciones antes de reunirse, lo cierto es que a la hora de la verdad pocos han sido los países que han querido hacer un esfuerzo para mejorar la situación del planeta. Los intereses económicos pesan más y así va el mundo con unos líderes políticos que sólo piensan en el dinero.
Estados Unidos, representada por Barack Obama, ha mostrado su postura clara de compromiso para reducir las emisiones. Sin embargo, los principales problemas han llegado procedentes de China e India. El representante chino ha dejado claro que no piensan firmar el acuerdo que compromete a todos los países industrializados para reducir las emisiones globales en un 50%. De hecho, el objetivo prioritario dice que la reducción sea de un 80% en los países industrializados para el 2050, algo que haría que la temperatura del planeta no aumentara en más de 2 grados centígrados.
Está claro que el tema del calentamiento global es una cuestión muy espinosa. Tanto los chinos como los indios se lo miran con mucho escepticismo porque son potencias emergentes a las que no les conviene frenar el elevado ritmo de emisiones que producen. Sin embargo, se tendrá que actuar de alguna forma porque sino las consecuencias serán devastadoras.








































