El mayor glaciar de Yosemite va a desaparecer
El Parque Nacional Yosemite, en Estados Unidos, es una de las reservas naturales más importantes del país. Según un estudio de un grupo de geólogos, el glaciar más grande del parque desaparecerá debido al calentamiento global. Greg Stock, geólogo del parque, encontró que el glaciar Lyell había disminuido desde su última visita, un año antes. Esta tendencia comenzó hace más de un siglo.

El glaciar Lyell ha perdido un 62% de su masa y 120 metros verticales de hielo en el último siglo. Stock asegura que en 20 años no existirá. Sólo se verán rocas. Nada de hielo.
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Barrick Gold bloquea en Argentina la Ley de Glaciares
Barrick Gold Corporation es una empresa minera que tiene minas de oro a cielo abierto. Es una empresa canadiense y la más grande del mundo en su sector. Mantiene más de 27 minas operativas en países como Estados Unidos, Canadá, Australia, Perú, Chile, Republica Dominicana, Argentina y Tanzania.

En Argentina, cuyos ciudadanos están muy preocupados por el deshielo que se está produciendo en los glaciares, hay un fuerte movimiento de protesta. Aprovechando el día mundial de acciones, Greenpeace y otras cuarenta organizaciones han convocado a los argentinos para que presionen a la empresa Barrick Gold y eviten que impida la aplicación de la Ley de Glaciares.
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Groenlandia se derrite
Un bloque de 7 kilómetros cuadrados que formaba parte de un glaciar en Groenlandia, en una zona llamada Jakobshawn Isbrae, se desprendió entre el 6 y el 7 de julio pasados. Las cámaras de la Nasa lo pudieron registrar. Después de este fenómeno, el punto donde el hielo se encuentra con el océano se ha desplazado un kilómetro y medio en un día y está cada vez más lejos de tierra.

Un equipo de investigadores, dirigido por Ian Howat, del Centro de Investigación Polar Byrd, de la Universidad estatal de Ohio, y el director del Centro de Información Geoespacial Antártica de la Universidad de Minnesota, han estado vigilando con imágenes de satélite los cambios de dicha capa de hielo de Groenlandia y sus glaciares. Aunque la citada rotura no es un fenómeno extraño, Howat quiso resaltar que es “un nuevo fenómeno para los científicos” que se produzca en tan pocas horas y con tal claridad. Mientras que Thomas Wagner, científico que participa en el programa cryosférico de la central de la Nasa, ha añadido: “A pesar de que se han registrado rupturas de esta magnitud en el Jakonbshavn y otros glaciares en el pasado, este evento es inusual porque ha ocurrido al final de un cálido invierno que ha hecho que no hubiera más hielo en el mar en los alrededores de la bahía”. Y ha avisado de que, en tanto la relación exacta entre estos eventos está siendo determinada, crece la tendencia hacia la teoría de que el calentamiento de los océanos es responsable de la pérdida de hielo observada desde Groenlandia hacia la Antártida.

Los investigadores basan sus afirmaciones en imágenes proporcionadas por varios satélites (entre otros, Landsat, Terra y Aqua) para obtener una imagen de los cambios del hielo en ambos polos. En los días siguientes a la separación, el equipo recibió imágenes de un satélite digital que mostraba grandes grietas y la formación de brechas. El glaciar Jakobshavn Isbrae está situado en la costa oeste de Groenlandia en y se ha retirado más de 45 kilómetros durante los últimos ciento sesenta años, 10 kilómetros en la última década.

Los científicos calculan que más del 10% de la pérdida de hielo de Groenlandia procede de este glaciar, que, por otra parte, también está considerado como el más grande contribuyente al incremento del nivel del mar en el hemisferio norte.

Fotografías que documentan el deshielo en el Ártico
James Balog, reconocido fotógrafo, ha estado desde 2006 fotografiando el Ártico para comprobar a qué ritmo se derriten los grandes bloques de hielo en el polo. El resultado es descorazonador y le ha afectado más de lo que se había imaginado: es un desastre que está ocurriendo “allí y ahora”. Es algo que se puede ver. Y fotografiar.

Este fotógrafo, con maś de treinta años de experiencia, ha trabajado para medios tan importantes como Life, Vanity Fair, The New Yorker o National Geographic. Estas dos últimas revistas fueron las que colaboraron en el proyecto de fotografiar el deshielo en el Ártico, un proyecto personal de Balog que también ha contado con el apoyo de científicos, ingenieros, camarógrafos, la NASA y el ex-vicepresidente de Estados Unidos y ahora adalid de la lucha contra el cambio climático, Al Gore. Para Balog era esencial, no sólo documentar el proceso, sino difundir los resultados a políticos y a la opinión pública.

Para este fotógrafo, que también es Licenciado en Geología, que los grandes glaciares se estén derritiendo es “la manifestación más visible del cambio climático”. Por eso pensó que si lograba plasmarlo en fotografías sería un argumento de peso para los negacionistas, los que niegan que tal cambio exista. Así, se instalaron treinta cámaras que tomaron una fotografía cada hora en lugares como Groenlandia, Islandia, Alaska o las Montañas Rocosas.

“Ver para creer”, pensaba Balog. En Alaska, por ejemplo, un glaciar ha perdido tres kilómetros en sólo tres años. Según un grupo de estudio de la Universidad de Zurich, a este ritmo los glaciares desaparecerán a finales de este siglo. La misión actual que se ha propuesto Balog es difundir las fotografías y, sobre todo, explicar lo que significan a través de medios de comunicación, instituciones científicas y políticas, museos, escuelas, etc. De momento, le han escuchado en el Congreso de EE UU y en una reunión de ministros de la Unión Europea, además de acompañar en diversas ocasiones a Al Gore en sus conferencias sobre el cambio climático. Sin embargo, una cosa es escuchar, y otra bien distinta, actuar.

Adiós, glaciar del Aneto…
El último gran glaciar de los Pirineos está desapareciendo. El glaciar del Aneto, superviviente de las épocas de las glaciaciones nos abandona a una velocidad vertiginosa. En 1894 su extensión rondaba las 694 hectáreas; hoy en día apenas llega a las 90 hectáreas. Basta con que miremos la fotografía que acompaña este post: la imagen real es actual, mientras que la de la ilustración tan sólo tiene 25 años; es impresionante ver como en un cuarto de siglo, período absolutamente insignificante en términos geológicos, el glaciar se ha podido retirar tanto.

En nuestro país sólo existen glaciares en los Pirineos. Muchos de ellos ya han desaparecido. El del Aneto ha cuadruplicado su velocidad de deshielo en la última década, mientras que su vecino, el glaciar de La Maladeta, está a punto de dividirse en dos debido a la pérdida progresiva de su superfície.

Pero no sólo se está reduciendo el número de hectáreas que abarca el glaciar del Aneto, sino también su profundidad. Las espectaculares grietas de más de 50 metros de profundidad, que hacían tan peligroso su ascenso, han disminuido considerablemente.

Y, según especialistas de renombre, el motivo de este deshielo no es ni más ni menos el cambio climático, cuyas consecuencias pueden verse en estas zonas de forma tan evidente. No es el único lugar en el que este fenómeno ocurre: los glaciares de los Alpes también se hayan en franca recesión.

No me queda más que insistir en nuestra parte de responsabilidad. Es evidente que las medidas que los poderes públicos adoptan para afrontar el cambio climático no son suficientes. Nosotros podemos hacer más de lo que pensamos: reducir nuestras emisiones, consumir de forma responsable y no compulsivamente, comprar productos que provengan de zonas cercanas y no de la otra parte del mundo… Quizás no lleguemos a tiempo de salvar a los gigantes de hielo del Pirineo, pero sí para que otros lugares sigan siendo hermosos durante muchos siglos.

Ola de calor
Una ola de calor, también llamada canícula, es un periodo de tiempo prolongado excesivamente cálido dependiendo de la zona, que a su vez puede ser también húmedo. Algunas regiones como las del clima mediterráneo con un verano seco son más propicias a las olas de calor.

Las consecuencias que conlleva una ola de calor son, a nivel de salud, la aparición de una hipotermia o golpe de calor, siendo los ancianos, niños muy pequeños, obesos y enfermos los más vulnerables, llegándoles a provocar incluso la muerte, como la última gran ola de calor europea de 2003 donde murieron decenas de miles de habitantes. También pueden ocasionar incendios forestales, sobretodo si la ola se produce durante una sequía. Y por último incremento del consumo eléctrico debido al mayor uso del aire acondicionado.

Algunos consejos para soportar una ola de calor son: refrescarse y beber agua periódicamente, si tiene que permanecer en el exterior, intentar que sea en la sombra, si es posible, evitar las actividades en el exterior durante las horas centrales del día, utilizar abanicos o hacer uso del aire acondicionado y ventiladores y si tiene problemas de salud procure consultar con el médico.

Ola de calor
Según un estudio reciente del Real Instituto Meteorológico de los Países Bajos, afirma que si las temperaturas mundiales aumentan en promedio 3 grados centígrados para el año 2100, se elevarían en los días más calurosos hasta en 8 grados, acentuando las olas de calor, lo cual sería una gran amenaza para la salud humana, además de acelerar el derretimiento de los glaciares y de contribuir a la difusión de enfermedades.

A lo largo del último cuarto de siglo la aceleración del deshielo en el casquete glaciar de Groenlandia ha sido del doble de lo que se pensaba hasta ahora, según informó ayer el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS). La extensión perdida equivale a un tercio de la superficie de Francia, señaló la citada fuente.

Según este centro, la superficie de Groenlandia afectada por el deshielo al menos un día al año aumentó entre 1979 y 2005 en un 42%, mientras que la temperatura media de la estación estival se incrementó 2,4 grados centígrados. El fenómeno se hace más espectacular en el norte de Groenlandia, con episodios importantes de deshielo que han sido observados desde el año 2000 a más de 1.500 metros de altitud.

Estos resultados proceden de un estudio efectuado por investigadores del Laboratorio de glaciares y geofísica del medioambiente (LGGE), con sede en Grenoble (sureste de Francia), y de la Universidad católica de Lovaina, en Bélgica.