Qué se discute en la Cumbre de Durban
Continúa la Cumbre de Durban. Continúa el desacuerdo y se huele el fracaso. Cada país, cada región, defiende sus intereses económicos sin importar la lucha conjunta por lo que, a priori, parecía que se celebraba esta cumbre: fijar acciones efectivas para mitigar el cambio climático.

Los países más vulnerables al cambio climático son los más perjudicados. Aunque, en realidad, a la larga, todo el planeta será afectado en mayor o menor medida. Pero los que antes (algunos ya lo están haciendo) van a comprobar los efectos negativos del cambio climático no saben qué hacen en Durban. “¿Estamos de vacaciones?”, preguntó Karl Hood, ministro de Asuntos Exteriores de Granada, un país insular del Caribe. Su enfadado era comprensible. No hay avance en las reuniones. No va a producirse ningún tipo de acuerdo climático antes de 2020. Es lo que reclama Estados Unidos. La Unión Europea cree que es mejor eso que nada. Ni Europa ni Estados Unidos quedarán sumergidos en los próximos años.
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Pagos por carbono para enviar niños al colegio en el Congo
Si los proyectos en los que se destina el dinero para compensar las emisiones de carbono por parte de las empresas y los países ricos son social y medioambientalmente responsables y están bien gestionados, el sistema funcionará. En la República Democrática del Congo, una pequeña comunidad ha decidido replantar sus degradados bosques para garantizar la educación de cientos de niños y prestar servicios sanitarios básicos. Reforestación que compensará emisiones en lugares lejanos.

Se trata de una localidad llamada Ibi, ubicada en la meseta de Batéké, a unos 150 kilómetros de Kinshasha, la capital del Congo. Es el primer proyecto de Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) de la RDC que ha sido aprobado y que forma parte de los acuerdos del Protocolo de Kioto. Además, combatirá el cambio climático absorbiendo dióxido de carbono.
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La cumbre del clima en Cancún decepciona
Los acuerdos alcanzados en la cumbre del clima en Cancún han sido claramente insuficientes, pues no se ha llegado a marcar un nuevo modelo económico que apueste por una economía sostenible. Sin embargo, tras dos semanas de negociaciones y gracias a la brutal presión de la sociedad, los gobiernos del mundo han logrado relevantes en algunos puntos. Pero todavía que quedan importantes retos políticos sin abordar y mucho trabajo por delante para llegar a un acuerdo final para reducir la contaminación y paliar los efectos del cambio climático.

De momento, los países industrializados que forman parte del Protocolo de Kioto han reconocido finalmente que es necesario reducir sus emisiones del 25 al 40% para el 2020, un reto sin duda muy importante el cual puede ser muy beneficioso para todo el mundo, especialmente para el medio ambiente y nuestra salud. No obstante, también se requiere mucho más que las actuales promesas de reducción realizadas en el acuerdo de Copenhague para alcanzar el objetivo de limitar el aumento de la temperatura a 2°C.

Por otro lado, los gobiernos reunidos han apoyado la creación un “fondo verde” global aunque no se han identificado fuentes innovadoras de financiación, como la creación de impuestos sobre la aviación internacional y el sector del transporte marítimo, las cuales asegurarían miles de millones de dólares de financiación a largo plazo para compensar de algún modo la contaminación que el transporte genera a la atmosfera.
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Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono
Ayer, día 16 de septiembre, se celebraba el Día Mundial de la Preservación de la Capa de Ozono. Este año 2010 el lema es “Salvemos nuestro Cielo: un Planeta respetuoso del Ozono, nuestro objetivo”. “Los esfuerzos internacionales para proteger la capa de ozono son un éxito y han contribuido a mitigar el efecto invernadero”, se afirma en un nuevo informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

El citado estudio, que ha sido elaborado por unos trescientos científicos, aporta nueva información sobre los efectos del cambio climático en la capa de ozono, así como el impacto de los cambios de la capa de ozono sobre el clima de la Tierra. Así mismo, reafirma que el Protocolo de Montreal funciona ya que “se ha protegido la capa de ozono estratosférico desde niveles mucho más altos de agotamiento debido a la eliminación gradual de la producción y el consumo de las sustancias destructoras del ozono”.

El informe Evaluación científica del agotamiento de la capa de ozono 2010 fue presentado el Día Inter­nacional de la Preservación de la Capa de Ozono y es la primera actualización completa de los últimos cuatro años. El informe señala que, en 2010, y gracias a la aplicación del Protocolo de Montreal, la reducción de la emisión de sustancias que agotan la capa de ozono, expresada en toneladas de dióxido de carbono equivalente (aproximadamente 10 gigatoneladas por año) fue cinco veces superior a la convenida para el primer período de compromiso (2008-2012) del Protocolo de Kyoto, el tratado que tiene por objeto la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.

En este sentido, el director ejecutivo del PNUMA, Achim Steiner, ha explicado que “muchas sustancias que agotan la capa de ozono también son potentes gases de efecto invernadero”, de ahí que el Protocolo de Montreal haya proporcionado importantes co-beneficios al reducir el cambio climático. Por otro lado, Steiner ha señalado que un importante reto científico que queda es proteger la abundancia del ozono en el futuro a través de la comprensión de los vínculos entre el ozono y el cambio climático. Así mismo, asegura que se espera que el cambio climático tenga una influencia creciente sobre el ozono en las próximas décadas.

Créditos de carbono
Los créditos de carbono son un instrumento económico contemplado en el Protocolo de Kioto. Cada crédito equivale a una tonelada de dióxido de carbono que ha sido dejada de emitir a la atmósfera. Únicamente pueden ser generados por los mecanismos establecidos en el Protocolo de Kioto. Según qué mecanismo, se distinguen diferentes tipos de créditos:

1.- ERU, Emissions Reduction Unit (JI) o URE: unidad de reducción de emisiones (AC). Cantidad equivalente a una tonelada de CO2 que se deja de emitir a la atmósfera por la puesta en marcha de un proyecto de aplicación conjunta.

2.- CER, Certified Emission Reduction (CDM) o RCE: reducción certificada de emisiones (MDL). Representa una tonelada de CO2 que deja de emitirse a la atmósfera y que ha sido generada y certificada mediante el esquema del mecanismo de desarrollo limpio.

3.- RMU, Removal Unit (Afforestation & Forestation) o UDA: unidad de absorción (forestación y reforestación). Cuota disponible para conseguir la eliminación de los gases de efecto invernadero mediante la utilización de sumideros de carbono.

En otras palabras, estos créditos se usan para hacer más fácil el cálculo de la cantidad de gases que se liberan en el aire y compensar su emisión. Es parte de un plan internacional, seguramente el más grande que se ha creado en toda la historia de la humanidad, en un esfuerzo por reducir el calentamiento global y sus efectos. Se trata de nivelar la cantidad de emisiones totales que pueden ser liberadas por una empresa o negocio. Si hay un superávit en la cantidad de gases que se emiten, hay un valor monetario asignado a ese superávit y puede ser objeto de comercio, fundamentalmente para proyectos que compensen la contaminación, es decir, que renueven el dióxido que se ha emitido a la atmósfera, como pueden ser proyectos de reforestación (habitualmente en países pobres o en vías de desarrollo).

Claro que también es verdad que algunos piensan que es dar dinero para que se les permitan seguir contaminando. Además, son créditos que se compran y venden en los mercados internacionales. O sea, que pueden ser objeto de especulación y no tienen por qué usarse para cuidar el medio ambiente. Como sucede a menudo con cualquier aspecto que roza la economía mundial, cumplirá los objetivos que se marcaron en su creación sólo si se hace un buen uso del plan.

Primer sistema de contabilidad de carbono en sistemas forestales en España
Diversos grupos de trabajo han debatido sobre el estado en la investigación de los sistemas forestales y agrícolas como sumideros de carbono, así como el futuro de estos sistemas en relación con el Protocolo de Kioto y los requerimientos de reducción de emisiones de los países firmantes. El encuentro, celebrado en Madrid, reunió a un grupo de sesenta expertos invitados que aportaron sus experiencias y estrategias sobre el papel de los sistemas agroforestales en la mitigación de los efectos del cambio climático.

Una de las empresas participantes, Cesefor (Centro de Servicios y Promoción Forestal y de su Industria de Castilla y León), desde hace varios años desarrolla, desde su departamento de I+D+i, una línea de trabajo sobre la contabilidad del carbono en los ecosistemas forestales. En este caso, Cesefor aportó su experiencia en el desarrollo del primer sistema de contabilidad de carbono en sistemas forestales que se está realizando en España como adaptación del Sistema Canadiense CBM/CFS3, proyecto en el Cesefor trabaja en colaboración con el Gobierno de Canadá desde 2009 y dirigido por Iñigo Lizarralde, investigador del centro.

El encuentro “Sistemas agroforestales como sumideros de gases de efecto invernadero”, enmarcado en la Presidencia Española de la Unión Europea y bajo la organización del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA) del Ministerio de Ciencia e Innovación, contó para su inauguración con la ministra Cristina Garmendia, quien señaló que España es actualmente el quinto país del mundo (sólo por detrás de Estados Unidos, Japón, Alemania y el Reino Unido) con mayor número de patentes en el área de las tecnologías medioambientales, según la OCDE, lo que demuestra que el país está sabiendo traducir en este área su potencial científico y tecnológico en una realidad industrial y altamente competitiva a nivel internacional.

Los expertos participantes pertenecen a todos los ámbitos de la responsabilidad científica, política y territorial, y mostraron las últimas iniciativas para reducir las emisiones e incrementar las absorciones de estos gases en el sector agroforestal. Los sistemas de contabilidad de carbono, los mecanismos flexibles de compensación de emisiones o las políticas nacionales en cambio climático fueron algunos de los principales temas tratados.

Gobierno de España y energía solar
Se ha filtrado desde el Ministerio de Industria la intención de eliminar trámites técnicos y burocráticos para facilitar la adquisición e instalación de paneles solares de uso doméstico. Esto es una buena noticia. Pero, por otro lado, el mismo Ministerio reduce las primas a la producción de energía solar fotovoltaica, es decir, sobre todo a las huertas solares. La rentabilidad de este sector está, por tanto, pendiente de un hilo. Y, en algunos casos, su viabilidad económica como empresas se tambalea. Las más afectadas son las grandes compañías energéticas, que son quienes más han invertido en el sector, pero también afecta a muchos pequeños inversores. Además, hay que tener en cuenta que existen compromisos para que el 20% de la energía final consumida en España sea renovable, algo que no será fácil de conseguir si se recortan las primas a la producción. Por otra parte, España fue en 2009 el segundo país de la Unión Europea (después de Alemania) por potencia eólica.

Las subvenciones a las energías limpias suponen un gasto para el Estado español de 6.000 millones de euros al año. Un 40% de ese dinero se destina a la energía solar. Parece que este tipo de energía está en el punto de mira del Gobierno. A pesar de que contribuye con impuestos, tasas locales, por no hablar del ahorro en combustibles contaminantes y las ventajas por derechos de emisión de gases nocivos. Algunos expertos piensan que, debido a la caída en los costes de fabricación de los paneles solares, el sector puede, en el futuro, aceptar una reducción de las ayudas por parte del Estado.

Quizá para compensar esa pérdida en el sector es por lo que el Gobierno quiere incentivar a los particulares a que apuesten por la energía limpia y, de paso, aligeren su factura eléctrica. Así se matan dos pájaros de un tiro: ahorrar algo de dinero a las economías domésticas y luchar contra el cambio climático.

También hay que tener en cuenta todo el dinero que tienen invertido los bancos en proyectos de energías renovables. Según la Asociación Empresarial Fotovoltaica (AEF), los bancos tienen en riesgo en el sector unos 15.000 millones de euros. El ministro de Industria, Miguel Sebastián, trata de calmar a mercados y sector asegurando que las medidas no tendrán carácter retroactivo.

España no respeta el Protocolo de Kioto
España es el segundo país de la Unión Europea más incumplidor con el Protocolo de Kioto. Sólo Dinamarca tiene peores registros que nosotros y la cosa no parece que se vaya a arreglar. De hecho, según unos cálculos realizados por Bruselas, España emite un 37% más de lo comprometido a falta de sólo 3 años para la fecha del cumplimiento, en 2012.

La mayoría de los 25 países de la UE sí que están bajando considerablemente los niveles de vertido atmosférico, algo que en nuestro país es todo lo contrario. Así lo ha hecho saber un diagnóstico de la Comisión Europea, encargado de avisar a todos los Jefes de Estado para que tomen cartas sobre el asunto en la importante lucha contra el cambio climático.

Los países que mejor están cumpliendo con las exigencias son Estonia, Letonia y Rumanía, con porcentajes del 58, 38 y 27% por debajo de lo permitido, respectivamente.