El mar se tragará Nueva York, Miami y Nueva Orleans
El océano inundará un sinfín de ciudades costeras de Estados Unidos, entre ellas grandes urbes como Nueva York, Miami y Nueva Orleans. Es un escenario apocalíptico de cuyo pronóstico la ciencia no duda lo más mínimo. La única incógnita es conocer el momento en el que el mar, literalmente, se las tragará.

El aumento del nivel del mar no perdona. Esa lección forma parte del abc de la ciencia del cambio climático pero, como siempre, hacer predicciones a medio plazo y establecer fechas es muy complicado.

Un medio plazo a nuestros ojos, lógicamente, pues medido en tiempo geológico varias décadas o siglos son un mero suspiro. ¿Serán años, décadas, siglos? La incertidumbre que conlleva el avance del cambio climático, cuya evolución depende de las medidas que se tomen o dejen de tomar, no permite afinar tanto.

La suerte está echada

Eso sí, frente a estudios anteriores, los plazos previstos son infinitamente más cortos. Mientras un estudio de la Universidad de Southampton, en Reino Unido, publicado en National Geographic prevé que las ciudades costeras de medio mundo desaparezcan en 5.000 años, este estudio habla de “siglos”.

Si el mar sigue creciendo al ritmo actual, muchas ciudades quedarán borradas del mapa. Ahora, solo falta saber cuándo, concluye la investigación, publicada en la revista Actas de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.
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El cambio climático matará a miles de personas en Australia
El próximo informe del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático avisa: los australianos se van a morir de calor. Literalmente, no es una hipérbole. Según los expertos climáticos, casi diez mil personas cada año fallecerán en Australia a causa del calor excesivo. En Melbourne, por ejemplo, el número de días que se superarán los 35 ºC se incrementará entre un 20 y un 40% para 2030. Las muertes por olas de calor en Sidney se triplicarán los próximos setenta años, pasando de 2,5 por cada 100.000 habitantes a 7,4.

Muchos otros, casi un millón, enfermarán por virus y bacterias presentes en alimentos y en agua contaminados. No se acaban ahí las desgracias para el país oceánico. Más de 270.000 hogares se encontrarán en riesgo de ser engullidos por el agua a causa de la subida del nivel del mar.
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Islas en peligro por el cambio climático
Kivalina es una pequeña localidad situada en Alaska, en el extremo noroeste del continente americano. Al otro lado, la costa rusa. Kivalina apenas tiene unos cuantos centenares de habitantes. Pero, dentro de unos pocos años, no tendrá ninguno, pues quedará sumergida bajo la aguas debido al aumento del nivel del mar causado por el calentamiento global, el derretimiento de los casquetes polares, los glaciares y Groenlandia.

Los habitantes de Kivalina han vivido del mar toda su vida e, irónicamente, dentro una década, el mar los engullirá. Las personas que vivan allí se convertirán en los primeros refugiados climáticos de Estados Unidos. Pero habrá muchos otros emigrantes climáticos en otras partes del mundo. Son varias las islas que desaparecerán bajo las aguas.
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El calentamiento global podría aumentar la actividad de los volcanes
No todos los desastres naturales son responsabilidad del hombre. Sí los son las cada vez más frecuentes sequías, los huracanes y otros fenómenos climatológicos extremos. Pero no es culpa de ser humano si un meteorito choca contra la Tierra o si un volcán entra en erupción. ¿O sí?

El proceso inverso (que un volcán en actividad afecte al clima) ya está suficientemente comprobado. Pero ahora se cree que también el clima afecta a la actividad de los volcanes. Han sido investigadores del Centro Helmholtz de Investigación Oceánica de Kiel, en Alemania, y de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos los que han publicado un estudio sobre el tema en la revista Geology.
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Oceanografía
¿Qué es la oceanografía? Conocida también como ciencias del mar, oceanología y ciencias marinas, es la rama de Ciencias de la Tierra que estudia los procesos biológicos, físicos, geológicos y químicos que se dan en los mares y en los océanos.
Principales ramas: oceanografía biológica, oceanografía física, oceanografía geológica y oceanografía química.

¿Cómo se estudia? Mediante observaciones desde satélites se pueden controlar cambios en los niveles de agua en los mares, ríos, lagos, capas de hielo e incluso bajo tierra. A medida que cambia el clima, esta información será crucial para comprobar los efectos de tal alteración y predecir su impacto futuro en diferentes regiones.

La elevación del nivel del mar es una de las consecuencias principales del calentamiento global. Durante todo el siglo XX, los niveles del mar subieron como promedio 1,8 milímetros por año.

La subida del nivel del mar
El nivel del mar no para de subir. Diversos estudios han señalado que en los últimos meses, el aumento podría ser incluso mayor de lo que se creía hasta ahora. Expertos apuntan que millones de personas de todo el mundo podrían sufrir sus consecuencias. Las amenazas más importantes: desaparición de playas, impacto en cultivos costeros y destrucción de infraestructuras portuarias.

Entre 1961 y el 2003, el nivel del mar aumentó un 50% más de lo estimado.

Las consecuencias podrían ser nefastas en muchos lugares del planeta, pues ya son más de 150 millones de personas que viven a menos de un metro de la línea de costa y otros 250 millones que viven a menos de cinco metros. Habitantes de islas y países con costas bajas o tierras bajas productoras de arroz (Vietnam, China, India o Tailandia), podrían verse especialmente afectados.

Zonas como las islas del Pacífico, el océano Índico y el Caribe podrían desaparecer para finales de este siglo cuando se estima que el nivel podría subir entre 0,8 centímetros y 1,5 metros.

Mapa del mundo con un aumento de 100 en el nivel del mar

Científicos de la Universidad de Alicante (UA) han descubierto que la cantidad de agua que existe en el mar Mediterráneo varía cíclicamente entre el verano y el invierno, y han llegado a la conclusión de que en julio hay 250.000 millones de toneladas menos que en pleno invierno.

Los matemáticos de la UA José Manuel Ferrándiz, Isabel Vigo y David García explicaron que el peso del agua del Mediterráneo es de unos 4.000 billones de toneladas y que la pérdida entre enero y julio se explica por los procesos de evaporación y los menores aportes procedentes de las lluvias y de los ríos.

Los tres científicos, han logrado, por primera vez, “vigilar el peso” del Mediterráneo gracias al acuerdo de cooperación que, desde 2000, mantienen con la agencia espacial estadounidense NASA para la realización de estudios relacionados con el cambio climático.

Entre sus objetivos, los expertos de la UA pretenden determinar la incidencia del aumento global de temperatura y de los deshielos en el Mediterráneo aunque para conocerlo con precisión necesitarán contar con resultados de más años.

El conocimiento del peso del agua constituye una medida más objetiva que la observación del nivel del mar para averiguar si el Mediterráneo gana o pierde recurso líquido como consecuencia del cambio climático.

Según los expertos, esto se puede ver fácilmente en el hecho de que, pese a que hay 250.000 millones de toneladas menos en verano, paradójicamente el nivel del agua en el periodo estival es unos veinte centímetros superior con respecto a los meses de invierno.

Esta circunstancia se produce porque el agua se dilata por el aumento de la temperatura en verano y ocupa más volumen, aunque pesa menos.

Esas investigaciones permitieron también desvelar que desde 1993, la temperatura en superficie del Mediterráneo ha aumentado a razón de 0,075 grados centígrados anuales.

Este dato es “significativo”, según los expertos, debido a que se ha duplicado en la última década con respecto a la de 1980 y porque es cinco veces superior al calentamiento que registran, por término medio, el conjunto de los océanos del mundo (0,015 grados al año).