Así es la reserva natural marina más grande del mundo
Tiene un nombre imposible, de 17 letras, y es una reserva natural marina de récord, una visión de auténtico lujo. Ensancha el alma y anima a soñar con un mundo mejor, en el que ser humano y naturaleza pueden vivir en armonía.

Su récord es ser la reserva natural oceánica más grande del mundo, pero además reúne una serie de características que lo convierten en un bonito ejemplo de lo mucho que los países pueden llegar a hacer para crear espacios protegidos de este tipo.

En este post vamos a repasar su ecosistema, así como los detalles más relevantes sobre su creación y posterior ampliación. Un recorrido muy interesante, que nos depara alguna que otra pequeña sorpresa en clave de defensa ambiental.

Una ampliación que la cuadruplica

Antes de comenzar a describir este entorno privilegiado, en realidad indescriptible, es importante conocer su contexto. Es decir, saber qué medidas políticas lo han convertido en lo que es hoy, el santuario marino más grande de todo el planeta.

Así es la reserva natural marina más grande del mundo
Para ello, hemos de remontarnos al mandato del presidente estadounidense George Bush. Su gobierno no fue un ejemplo de compromiso ambiental, y probablemente por ello debe calificarse como una excepción la creación de una inmensa región protegida en el océano Pacífico.

Se trataba de la reserva de Papahanaumokuakea, y su sucesor en la Casa Blanca, Barack Obama la amplió antes de su visita a Hawaï, el 31 de agosto, multiplicando por cuatro su tamaño. Así nacía la reserva marina más grande de todas las existentes.
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Extinción masiva de grandes animales marinos por culpa del hombre
Los grandes animales marinos son especies que llevan en este planeta mucho más tiempo que nosotros. Especies ancestrales cuyo origen se remonta a la noche de los tiempos. Sin embargo, su futuro podría ser tan negro como incierto, según un nuevo estudio.

Aunque es una cuestión que no nos pilla de nuevas, cuando la alerta es general y, como en este caso, abarca a especies tan importantes como tiburones, ballenas, atunes y similares, es casi inevitable estremecerse.

Realmente estamos acabando con el planeta, borrando del mapa a animales que sobrevivieron a un sinfín de problemas. Hasta que llegó el hombre a este mundo y comenzó su cuenta atrás. Se trata algo tan sencillo y tan complejo como eso. Tan corto de decir, de escribir, de pronunciar, y tan duro de asimilar.

El problema, como es bien sabido, abarca tierra, mar y aire. Y es que nunca el planeta ha perdido especies de forma tan rápida y grave. No, al menos, después de la última extinción en masa acontecida hace 66 millones de años.

La mayor ola de pérdida biológica

Entonces les tocó a los dinosaurios, y a otras especies que formaron parte del ecosistema, del mismo modo que les llegó el turno a los mamíferos. Hasta hoy. Con ello, se inició el principio del fin, si nos atenemos al camino que llevamos, según nos advierte la ciencia.

Extinción masiva de grandes animales marinos por culpa del hombre
Actualmente, las extinciones se han disparado. Hasta superar una tasa mil veces superior a la considerada normal. Así las cosas, no extrañan las conclusiones a las que ha llegado este estudio de la Universidad de Stanford sobre el feo panorama que han encontrado en los océanos.

El trabajo demuestra que, en el océano, el ser humano es el principal culpable de las desapariciones. Por otra parte, una conclusión coherente con los constantes avisos que nos hace la ONU, normalmente aprovechando el Día Internacional de la Biodiversidad, alertando de que cada día se extinguen más de un centenar de especies animales.

Una situación dramática que, como hemos apuntado, nos alertan que constituye la mayor ola de pérdida biológica desde que desaparecieron los dinosaurios. En este trabajo estadounidense, el enfoque se pone en los océanos, y el resultado es para llorar mares.
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El cambio climático no se detiene, como tampoco lo hacen las noticias que nos alertan sobre su aceleración. Si a principios de agosto hablamos de las alarmantes cifras que la Agencia Nacional de Océanos y Atmósfera (NOAA) de Estados Unidos puso sobre la mesa acerca del 2015, ahora seguimos.

El informe de la NOAA no es único, ni mucho menos. Solo un estudio global más que constata, por enésima vez, el rápido avance que experimenta el cambio climático, con sus altas temperaturas promedio y sus eventos extremos.

Ahora tenemos una nueva noticia que sigue alertándonos al respecto. Como las anteriores, buscan una actuación contundente y a tiempo, pues de no llegar con la celeridad necesaria de nada servirá. De hecho, estamos en la cuenta atrás para evitar que las altas temperaturas nos lleven a un punto de no retorno.

En concreto, se trata de evitar que el aumento de las temperaturas alcance los famosos dos grados centígrados a finales de siglo. Un objetivo que intenta lograrse con el compromiso de los distintos países firmantes del Acuerdo global climático firmado tras la cumbre parisina celebrada a finales del pasado año.

¿Pero, se conseguirá? Caminar o, mejor, correr a toda velocidad hacia un mundo bajo en carbono no es fácil. De hecho, si no se toman medidas más drásticas que las actuales el compromiso no deja de ser papel mojado.

El calentamiento global: una amenaza que crece
Aún así, hay que dar un cierto margen y esperar una reacción positiva. No nos queda otra, en realidad. Y, sea como fuere, mientras tanto, la verdadera acción viene del otro lado. El avance del cambio climático, en efecto, es una constante que no se detiene.

Sobre el particular hay dos nuevas noticias referidas a sendos estudios realizados por prestigiosos científicos. La primera de ellas se centra en los problemas que el calentamiento global ha ocasionado a los ecosistemas oceánicos.

Por otro lado, científicos de la NASA siguen pronosticando el fin del mundo, entre otras razones, a consecuencia de lo que consideran un avance catastrófico del calentamiento global.

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Cada vez más basura y menos peces en el mar
Los atentados ambientales que el ser humano propina a los mares tienen muy distintas caras. Desde la sobrepesca hasta la basura que se vierte en los océanos o, cómo no, el devastador efecto del cambio climático.

Todo suma para acabar restando. Hasta el punto de encontrarnos en situaciones que están al borde de un punto de no retorno. La ciencia alerta al respecto, y nosotros nos hacemos eco de ello en este post.

Por suerte, todavía estamos a tiempo de cambiar las cosas. Si bien el daño ya está hecho en lo que respecta a flora y fauna, así como ecosistemas, también es cierto que la situación no es irreversible. Aunque el reloj no es nuestro mejor aliado, precisamente, aún hay tiempo de enmendar errores y dar marcha atrás en emisiones, vertidos y maneras de explotar el recurso alimentario que suponen los peces.

La sobrepesca amenaza la sostenibilidad

La explotación pesquera está siendo sobrepesca. No solo constituye uno de los principales problemas para preservar la riqueza de recursos marinos a nivel de seguridad alimentaria, sino también en lo que respecta a su biodiversidad.

Según ha advertido recientemente la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), -organización perteneciente a la ONU-, la producción mundial de pescado se aproxima a su límite de sostenibilidad. El informe presentado por la organización señala que más del 40 por ciento de las especies populares se capturan de forma insostenible.

Con alrededor del 90 por ciento de la producción mundial de pescado sobreexplotada, ésta se acerca a su límite sostenible. Y los pronósticos no son tranquilizadores. Muy al contrario, este mismo trabajo apunta que se espera un agravamiento de la situación en los próximos años.

Cada vez más basura y menos peces en el mar
Si echamos la vista atrás, el empeoramiento ha sido dramático. Desde los setenta, hemos triplicado la sobreexplotación de los peces del planeta, según el citado informe de la FAO, en el que se analiza la actividad de las pesquerías en todo el mundo.
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Microplásticos: un drama ambiental que acaba en nuestro plato
Son diminutos, pero el problema que provocan alcanza unas proporciones colosales a nivel global. Los microplásticos son un auténtico océano de polución, que sobre todo contamina los mares. Una amenaza silenciosa que representa un grave problema para la vida marina, además de “plastificar” nuestros alimentos y constituir uno de los grandes puntos críticos de la contaminación del planeta.

La particularidad de los microplásticos es que no se ven o, al menos, no reparamos en ellos. Tanto por su tamaño como por su procedencia, resultan complicados de evitar. Salvo que renunciemos a utilizar productos que los contienen, sobre todo cosméticos, su mero uso supone contaminar.

El mismo dentífrico o una crema exfoliante o gel de baño, pongamos por caso, pueden contener microplásticos. Son pequeñísimas partículas que acaban en el mar, iniciando su camino desde nuestro desagüe, y lo hacen muy a menudo, porque los productos que los contienen se cuentan por miles, y cada vez son más.

Microplásticos: un drama ambiental que acaba en nuestro plato
Por lo general, las depuradoras no están diseñadas para solucionar el problema. En la práctica, no filtran los micro plásticos, sencillamente, porque no disponen de tecnología para hacerlo. Es decir, estos micro componentes polucionan el océano. De este modo, también, se introducen en la cadena alimentaria.

Un tremendo problema marino

Si los residuos plásticos ocasionan una catástrofe marina de una magnitud enorme, cuyas consecuencias reales todavía se desconocen, es en buena parte a causa de los microplásticos. En efecto, el hecho de que puedan ingerirse tan fácilmente por su ínfimo tamaño (son milímetros) convierte el problema en un verdadero drama a nivel ecosistémico y también de cara a la salud pública.
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5 inventos para limpiar los océanos de plástico
La limpieza de plástico de los mares es un imperativo ineludible al que el mundo todavía no ha respondido. Muy al contrario, los desechos no cesan de verterse en sus aguas, y la situación hace ya tiempo que ha dejado de ser grave para pasar a ser simplemente dramática.

Si no actuamos, la situación acabará llegando a un punto de no retorno. Por lo pronto, los parques de basura plástica ocupan buena parte del planeta. Giran sin control, pues queda atrapada por las corrientes de los cinco mayores giros o torbellinos oceánicos. Aunque nos detuviéramos, los plásticos que hay no se descompondrán hasta dentro de mil años.

Al hacerlo, por otra parte, no se soluciona el problema. Su degradación altera el ecosistema marino de un modo terrible, pues se liberan productos químicos tóxicos cuyos efectos están estudiándose con resultados muy feos. Se sabe, por ejemplo, que algunos plásticos que se degradan de forma temprana han liberado BPA o derivados del estireno, y las consecuencias alteran el funcionamiento de diversas hormonas y causan problemas en la reproducción en la fauna.

Dimensiones desconocidas

“Se ha creado un nuevo hábitat, una situación horrible sin precedentes en la historia del planeta”, afirma Mike Moore, investigador del Instituto de Investigación Marina Algalita, en California, Estados Unidos. El experto hace hincapié en las conocidas como “sopas de plástico”, en las que la fauna marina se ve obligada a vivir, en un entorno que además entraña riesgos de ahogamiento y de accidentes que acaban con la vida de muchos animales.

Experimentos realizados en laboratorio señalan como especialmente peligroso el polistierno, cuya degradación está contaminando el agua con productos tóxicos que provienen de ingentes cantidades de productos plásticos a la deriva. Sus dimensiones son desconocidas, pues debajo de la superficie, es decir, en los fondos, poco explorados, puede llegar a haber una cantidad inimaginable.

5 inventos para limpiar los océanos de plástico
Para hacernos una idea, se estima que la basura plástica oceánica supera los 5 billones de trozos de plástico, cuyo peso rondará los más de 150 millones de toneladas, según cifras de la fundación Ellen MacArthur y del Instituto Five Gyres Institute en Los Ángeles.

Más basura que peces

Si no hacemos nada por retirar esta basura y frentar nuestro ritmo de vertidos, la situación podría írsenos de las manos definitivamente. Como ejemplo gráfico, también según la misma fundación, vertemos un camión de basura plástica cada minuto, y de seguir así en 2050 doblaremos la cifra. Para entonces, los océanos podrían tener más plástico que peces, concluyen.

A nivel de salud pública, la situación abarca también la problemática de la seguridad alimentaria. No en vano, las reservas pesqueras se resienten con esta degradación del ecosistema. Pero no solo eso, porque la salubridad del pescado es otra cuestión que directamente pone a temblar.
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Reservas marinas, un tesoro bajo las aguas
La gran diversidad de ecosistemas marinos está en franco peligro. Son muchas y muy graves las amenazas que acechan a mares y océanos en todo el mundo a consecuencia de la actividad humana.

El planeta azul está herido y, si bien los ataques que recibe por parte del ser humano son por tierra, mar y aire, la contaminación oceánica preocupa especialmente. Solo las grandes concentraciones de basura que se acumulan, denominadas “sopas de plástico” ya representan un peligro similar al del cambio climático.

Así es, al menos, según científicos del Instituto de Investigación Marina Algalita, en California. En su estudio encontraron que más de un tercio del pescado tiene “una media de una o dos piezas de plástico en sus estómagos”.

A su juicio, “actualmente la basura está matando a una mayor cantidad de animales que el calentamiento global” y, por su parte, el último informe de WWF, “Livint Blue Planet”, concluye que hay poblaciones clave al borde del colapso.

Reservas marinas, un tesoro bajo las aguas
El estudio afirma que las poblaciones de peces claves están cayendo en picado por la sobrepesca, con el consiguiente riesgo de desaparecer una fuente de alimento vital y, lógicamente, provocar una crisis por inseguridad alimentaria y económica.
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Proteger los océanos, un negocio millonario sin explotar
Proteger los océanos es proteger el planeta y hoy, en el Día Mundial de los Océanos 2015 lo suyo es protestar por las amenazas que afectan a mares y océanos y, por otro lado, abrir una ventana a la esperanza que nos permita creer en un mundo mejor.

De lo primero se han encargado asociaciones como Greenpace, siempre combativas y dispuestas a llamar la atención a lo grande. En esta ocasión, entre otras muchas acciones en todo el mundo, sus aguerridos activistas han desplegado en el puente La Salve de Bilbao una pancarta de 250 metros cuadrados con el lema “Los océanos importan” y reivindicando la expansión de las áreas marinas protegidas, así como la promoción de la pesca tradicional frente a la pesca industrial.
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