Alimentar a 5.000 personas con comida tirada a la basura
Es la idea Tristram Stuart, un activista empeñado en que todo el mundo sepa la cantidad de comida en buen estado que se tira a la basura. Hace unas semanas, en España se emitió en el programa Salvados un reportaje sobre el mismo asunto. Este tipo de iniciativas muestran que hay comida para todos, pero hay que lograr que el reparto sea equitativo y, sobre todo, no permitir que se desperdicie comida en buen estado.

Lo mismo que ocurre en un país, en una ciudad, en un barrio, ocurre en el mundo. Los países ricos tiran comida a la basura, mientras en los pobres hay gente que muere literalmente de hambre. Es la mayor injusticia de este mundo. Nadie debería morir de hambre porque hay recursos suficientes para todos. Al menos, de momento.
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Cambio climático y lucha contra la pobreza
El cambio climático no sólo es un problema medioambiental, sino que también reducirá los efectos que durante muchos años se han conseguido en la lucha contra la pobreza. Así se desprende de un informe presentado en Londres y elaborado por expertos en desarrollo sostenible de la organización británica Forum for the Future con el apoyo del Ministerio de Desarrollo Internacional. Este estudio analiza cómo transformará el cambio climático las economías de los países pobres en los próximos veinte años. “Sin acciones urgentes, el cambio climático amenaza con deshacer lo logrado durante años en la lucha contra la pobreza en el mundo en desarrollo”, comenta el ministro para el Desarrollo Internacional del Reino Unido, Stephen O’Brien. Según el director ejecutivo del Forum for the Future, “el cambio climático y el desarrollo deberían considerarse asuntos complementarios y no en competencia entre sí”.

En el documento se hace un llamamiento a gobiernos y organizaciones no gubernamentales para que tengan siempre en cuenta que el cambio climático afecta al desarrollo económico para ayudar a los países a gestionar su impacto y aprovechar las oportunidades de un mundo que se pasa a una economía de bajo carbono.

El informe anima a los países de renta baja y a todos los que trabajan en actividades de desarrollo a buscar oportunidades que busquen esta complementariedad. Así, por ejemplo, las inversiones tanto en energías renovables como en eficiencia energética pueden aumentar la seguridad energética. O el fomento de los sistemas de transporte bajos en carbono significa que habrá menos congestión y menos contaminación, con lo que mejorará la salud de las poblaciones. En cuanto a la agricultura, los expertos británicos recomiendan tipos que no se basen en el uso masivo de fertilizantes, que mantenga la calidad del terreno y potencie la seguridad alimentaria.

En fin, la ayuda al desarrollo no debe ser en ningún caso ciega al cambio climático, ignorando las medidas destinadas a ayudar a los países a adaptarse a sus impactos. El citado informe plantea cuatro posibles escenarios para las naciones pobres en 2030: el primero es un mundo en el que muchos de esos países que eran de bajos ingresos en 2010 se han desarrollado rápidamente, pero en su mayoría mediante un proceso de industrialización muy contaminante. Un segundo escenario es el de un mundo en el que los países de bajos ingresos desempeñan un papel creciente en la economía mundial y se han puesto en cabeza de la economía de bajo carbono, saltándose las tecnologías más contaminantes en busca de un futuro limpio. Un tercer escenario sería un mundo en el que los países pobres se sienten cada vez más abandonados por una comunidad mundial preocupada sólo por los altos precios del petróleo, el estancamiento económico y la posibilidad de conflictos. En este escenario, cada región se centra en sus propias preocupaciones, como la seguridad alimentaria, la escasez de recursos y la necesidad de adaptarse al cambio climático. El último escenario es un mundo en el que la gente entiende que las economías se basan fundamentalmente en el acceso a los recursos naturales y el cambio climático se ve como el mayor problema en materia de recursos.

El cambio climático reduce los nutrientes de los alimentos
Reducir el impacto del dióxido de carbono en la calidad de los alimentos es vital para frenar la desnutrición. Muchos científicos trabajan en la adaptación de la agricultura para garantizar un suministro de alimentos de forma que el cambio climático no pueda afectar. Pero tan importante como la cantidad de esos suministros es preservar su calidad. Sin embargo, lo cierto es que el cambio en los patrones de las lluvias, el incremento de la desertificación y el aumento de las temperaturas está afectando considerablemente a los cultivos de todo el mundo. Algo que reduce la capacidad para producir alimentos sostenibles. La contaminación podría estar afectando también el valor nutricional de muchos cultivos alimenticios básicos.

Es curioso porque el CO2 estimula el crecimiento de las plantas de trigo y arroz, cereales que suministran la mayor parte de las calorías que necesitan las personas en las zonas más pobres del planeta. Pero improbable que el valor nutricional de esos rendimientos abundantes mejore, porque ese gas se transforma en carbohidratos como el almidón, lo que quiere decir que los niveles relativos de otros componentes pueden disminuir. Por ejemplo, el aumento en el CO2 de la atmósfera desde 1960 podría haber causado ya un descenso significativo en la concentración de proteínas de la harina de trigo.

Se estima que más de 1.000 millones de personas en todo el mundo están desnutridas. La desnutrición generalmente es resultado de la carencia de alguna proteína vital para el mantenimiento muscular o de micronutrientes como el yodo, la vitamina A o el hierro, que ayudan al sistema inmunológico y garantizan un desarrollo saludable del cuerpo humano. Además, es importante tener en cuenta que la desnutrición es la principal causa de las muertes de niños y niñas cada año. En muchos países la carne es escasa y las plantas proporcionan la fuente primaria de proteínas y micronutrientes. Pero si estas plantas cada vez son menos nutritivas, el hambre en el mundo podría crecer hasta cotas insospechadas.

El cambio climático aumentará la pobreza
Seguramente no somos del todo conscientes de lo que se nos avecina, pero las regiones con mayor pobreza y con los niveles más elevados de desnutrición estarán más afectados por los efectos del cambio climático. Muchos países en desarrollo de África se verán cada vez más dependientes de las importaciones alimentarias.

La producción alimentaria se reducirá, pero el problema principal se centrará en la distribución de los alimentos, ya que tendrá consecuencias importantes para la seguridad alimentaria: los países en vías de desarrollo pueden experimentar un descenso significativo de su productividad agrícola total a partir de 2050 como resultado del calentamiento global. Los expertos en medio ambiente aseguran que el cambio climático afectará al sector primario lo que imposibilitará poder alimentar a la población mundial, que se estima en 9.100 millones de personas para 2050.

Sin embargo, diversas alternativas de mitigación del cambio climático basadas en la agricultura pueden ayudar a la adaptación al cambio climático, en concreto el aumento de la retención de carbono mediante iniciativas forestales y agroforestales, mejorar la eficiencia de la gestión de nutrientes y potenciar la restauración de las tierras degradadas pueden traer enormes beneficios colaterales.

Sin duda el cambio climático afectará a los sistemas agrícolas y forestales debido a las temperaturas más elevadas, una mayor concentración de dióxido de carbono en la atmosfera, cambios en el régimen de lluvias, así como el aumento de plagas y enfermedades. Sin olvidar que se espera que aumente la frecuencia de fenómenos extremos, como sequías, olas de calor, inundaciones y fuertes tormentas. ¿Estaremos preparados?

Padeciendo la ciencia: cambio climático, gente y pobreza
Oxfam acaba de publicar un estudio en el que advierte de la vulnerabilidad extrema de los países pobres frente al cambio climático y solicita a los países más desarrollados, de cara a la cumbre del G-8, que dispongan de recursos financieros adicionales para solucionar el problema.

El calentamiento global ya está azotando con dureza a la población más pobre del mundo. El informe asegura que el cambio climático en la atmósfera está afectado las zonas de pobreza y en vías de desarrollo, desde el acceso a la comida y al agua potable, pasando por la sanidad y la seguridad de los poblados con menos recursos. Está claro que si no se inician medidas urgentes, los avances conseguidos en las últimas décadas se perderán definitivamente.

Oxfam afirma que una de sus mayores preocupaciones es el impacto de un clima adverso e inestable en la agricultura, ya que los agricultores de los países pobres están perdiendo grandes cantidades de cosecha por culpa de las olas de calor, las lluvias torrenciales y la poca fiabilidad de las estaciones.

Ya son más de 26 millones de personas que han tenido que emigrar para poder sobrevivir a los efectos del cambio climático. Ese dato es pura estadística, pero detrás hay gente real que sufre las consecuencias.

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