La lucha de Londres contra la polución del aireParís, Londres, Madrid, Barcelona, Berlín… Son grandes ciudades europeas, y todas tienen en común algo que va más allá de su capitalidad: la polución atmosférica.

Nada exclusivo de ellas, obviamente. De hecho, ni siquiera son las urbes más polucionadas del mundo, pero sí son las que más cerca nos quedan, razón por la que las medidas que puedan aplicarse para reducirla podrían resultar especialmente interesantes.

Sea como fuere, nuestro objetivo en este post es la ciudad del Támesis, por otra parte un río la mar de contaminado a su paso por la urbe. No tanto como antaño, es cierto, pues en los cincuenta la cosa estaba muy mal. Incluso fue declarado biológicamente muerto por el Museo de Historia Natural.

De ser una enorme cloaca ha pasado a ser hogar de los peces. Actualmente, hay más de un centenar de especies de peces que regresaron naturalmente y puede afirmarse que parte de la vida silvestre ha regresado. Pero para lograrlo fue necesario atacar muy distintas causas, y sigue habiendo mucho que mejorar.

La lucha de Londres contra la polución del aire
A pesar de ello, ahora el desafío se centra en la contaminación atmosférica de la ciudad, y también en este aspecto la guerra va ganándose batalla a batalla. Veamos algunas de las últimas medidas aplicadas para lograrlo.

Un asesino silencioso

Si la contaminación de las aguas en los cincuenta era tremenda, también la atmosférica tenía lo suyo. Sin embargo, se trata de una polución del aire muy distinta. En ambos casos resulta nociva, pero ahora resulta menos evidente.

Así, al menos, lo ve el alcalde de la ciudad, Sadiq Kahn, cuando afirma que, “al igual que en la década de 1950, la contaminación del aire en Londres hoy está, literalmente, matando a los londinenses. Pero, a diferencia de la contaminación de humo del pasado, la contaminación de hoy es un asesino oculto”.

La lucha de Londres contra la polución del aire
Así las cosas, se hace necesario “tomar medidas urgentes para garantizar a los londinenses que no deben seguir temiendo respirar el aire de la ciudad”, sostiene.
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El G7 quiere poner fin a las energías fósiles
La transición en favor de una sociedad baja en carbono era un objetivo ineludible, urgente y, por supuesto, prioritario para la COP21, la última conferencia climática, celebrada en París a finales del pasado año. ¿Pero, caminamos hacia ella?

Recordemos que de ella surgió el histórico Acuerdo global del clima, como es bien sabido, y uno de los principales compromisos adoptados en éste hacían referencia al logro de un mundo neutro en carbono. Un enorme desafío que está en cuenta atrás, pues el cambio climático no espera y si se pretende evitar llegar al punto crítico, a finales de siglo el aumento de la temperatura no debería sobrepasar los famosos dos grados centígrados.

A este objetivo se apunta ahora también el G7 con su anuncio del fin de las subvenciones a las energías fósiles de aquí a 2025. Además, animó a todos los países a seguir su ejemplo, lo que significa tanto ir abandonando la industria de los combustibles fósiles en el próximo decenio como apostar por las energías renovables. Todo parece ir en la dirección adecuada, pero como bien dice la sabiduría popular, obras son amores, y las declaraciones sirven para poco más que copar titulares. Aún así, darles una oportunidad y, por lo tanto, conocerlas a fondo, es importante.

Hacia una sociedad baja en carbono

Reunidos en Japón, los dirigentes del G7 (Reino Unido, Estados Unidos, Francia, Canadá, Alemania, Italia, Japón y la Unión Europea) realizaron una declaración conjunta que recoge su determinación de “acelerar nuestro trabajo hacia la transición a un sistema energético que permite una descarbonización de la economía global”.

El G7 quiere poner fin a las energías fósiles
“Teniendo en cuenta el hecho de que la producción de energía supone alrededor de dos tercios de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, hay que reconocer el papel fundamental que el sector de la energía tiene que desempeñar en la lucha contra el cambio climático”, reza el documento.

Con tal objetivo, han acordado dejar de subvencionar a las energías fósiles para el año 2025, al tiempo que anunciaron tener la intención de seguir tomando medidas para conseguir el acuerdo de París. En concreto, consideran vital apostar por la energía limpia para alcanzar los objetivos climáticos y se comprometen a desarrollar estrategias a largo plazo para el uso de tecnología con bajas emisiones, y abandonar por completo los combustibles fósiles para fines del siglo.
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Deforestacion cero Noruega 2
Aunque los noruegos no son un ejemplo en respeto a los animales, tanto salvajes como sometidos por el ser humano en granjas o zoológicos, sí es cierto que tienen iniciativas interesantes en lo que respecta al cuidado forestal. Y no solo de su país, sino a nivel global.

Frente a la reciente noticia que venía de aquel país sobre la truculenta acción de decapitar a una cebra de un zoo para darla a comer a los tigres porque “había demasiadas”, o a la caza de lobos, no puede negarse que tienen una política ambiental que roza la perfección.

Su nota medioambiental, según el índice Better Life de la OCDE, la califica con un 9,2 sobre 10 puntos de media. A ello ha contribuido el control de las emisiones provenientes del uso de la madera como combustible. Todo un mérito de cara a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, y que también complementa con una política exterior solidaria para la conservación de selvas tropicales.

Noruega, el primer país del mundo comprometido con una deforestación cero
La última noticia sobre este particular ha convertido a Noruega en un país pionero en la lucha institucional contra la deforestación cero. En concreto, esta mítica tierra de vikingos es la primera nación del mundo que se compromete a respetar este principio en su política de contratación pública, según informa en un comunicado Ranforest Foundation Norway.

Un paso importante para proteger las selvas

“Esta es una victoria importante en la lucha para proteger la selva tropical. En los últimos años, un número creciente de compañías se han comprometido a poner fin a la adquisición de bienes que se puedan vincular a la destrucción de la selva, y también se necesitan compromisos similares de parte de los gobiernos”, explica Nils Herman Ranum, de Ranforest Foundation Norway.
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La población de tigres salvajes aumenta por primera vez en un siglo
Un tigre, dos tigres, tres tigres… El famoso trabalenguas podría empezar a aumentar su extensión y dificultad, para contento de conservacionistas y amantes de los animales en general. No hasta el infinito, pero sí lo suficiente como para que el número de estos grandes felinos alcance una cifra que les permita empezar a respirar tranquilos.

La buena nueva ha venido en forma de un comunicado del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), en el que se afirma que la población de tigres salvajes es cada vez mayor, especialmente en Rusia, Bután, Nepal y la India, todos ellos países que participaron en el establecimiento de un programa de protección.

Se trata de un programa de WWF adoptado en noviembre de 2010 por los gobiernos de 13 países en los que se encuentra el hábitat natural del tigre. Una iniciativa pionera en coordinar estrategias a nivel nacional y regional para intentar evitar la extinción del tigre, en grave peligro de extinción.

La población de tigres salvajes aumenta por primera vez en un siglo
El programa se planteó detener la caída en picado que sufren estos animales, pues en los últimos años su situación se había agravado de un modo que parecía insalvable. Pero quizás no lo sea, si bien las amenazas que hacen peligrar su supervivencia son huesos duros de roer.
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¿Qué es la seguridad ambiental y por qué es importante?
La seguridad ambiental es uno de esos conceptos que no tiene sentido sin su antónimo. O, lo que es lo mismo, hablando de seguridad ambiental estamos intentando protegernos de la inseguridad que crean las amenazas que enfrenta el medio ambiente y, por supuesto, también nosotros como especie que depende de su entorno para la supervivencia.

Una primera aproximación al concepto obliga a hacer un pequeño repaso histórico de la perspectiva internacional en la que se engloba. No en vano, la idea de seguridad ambiental está relacionada con la forma en la que vivimos a nivel geopolítico. Básicamente, partiendo de la división del mundo en países que, como es bien sabido, históricamente han hecho girar su política militar en los conflictos armados, así como en la protección frente a distintos peligros.

En la actualidad, el enemigo ha cambiado y, sobre todo, se ha multiplicado. Tanto porque se tienen más recursos para combatirlos como por el surgimiento de nuevos objetivos, acordes con los nuevos tiempos.

¿Qué es la seguridad ambiental y por qué es importante?
Por lo tanto, la seguridad ambiental puede considerarse un problema global que se aborda tanto a nivel institucional siguiendo políticas nacionales como desde un enfoque internacional. Es inevitable que así sea, y no sol porque las amenazas que sufre el medio ambiente también lo son, sino también porque la perspectiva de seguridad militar ha dado paso a una visión más amplia que, junto con la necesidad de seguridad ambiental, se suman otros temas relacionados con la pobreza, la inseguridad alimentaria, la inestabilidad social.
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Lobo ibérico: ¿cazarlo o amarlo?
Las preguntas son las de siempre: ¿El lobo ibérico debe ser blanco de las balas o un animal protegido? ¿Y, merece toda una protección total o solo en parte?

Son disquisiciones que han enfrentado a partidarios de unas u otras posturas, esgrimiendo argumentos disímiles, si bien ahora sus defensores se han alzado en pie de guerra en la calle, redes sociales e incluso en el mismo Congreso.

Mientras aquellos hacen gala de una empatía cero con el animal que va más allá de la antipatía, -condenándolo a correr delante de las los rifles y, en fin, abogando y realizando un control poblacional mediante la caza-, éstos reclaman respeto por el lobo, al que consideran en peligro de extinción.

Lo defienden a capa y espada. Le profesan aprecio y amor. En definitiva, dos posturas enfrentadas que son la cara y la cruz de una misma moneda y su futuro depende en buena medida de lo que ocurra con ella… ¿De qué lado caerá si la echamos al aire?

Los vientos cinegéticos (sin olvidar la caza furtiva) soplan fuerte y el huracán levantado por el sector ganadero quiere acabar con él, sin contemplaciones. Directamente, lo tienen en el punto de mira. Y, de hecho, tanto delante de las armas como en sus peticiones al gobierno, buscan asegurar la puntería.

En este segundo aspecto, los ecologistas critican que éste se haya doblegado a sus peticiones. Pero no solo a ellos, porque la organización de batidas de caza contra el lobo es algo habitual. Sin contar con las ilegales, cada año se caza a un buen número.

Lobo ibérico: ¿cazarlo o amarlo?
Solo en Asturias y Castilla y León, donde su caza es legal, se da permiso para matar a alrededor de dos centenares cada año. Son autonomías en las que las batidas se subastan, a diferencia de lo que ocurre en otras regiones, como en Galicia o el País Vasco, donde su control es un cometido del funcionariado. Al sur del Duero, sin embargo, es una especie protegida.
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Dificultades tras el histórico Acuerdo del Clima de París (COP21)
Tres meses después del acuerdo mundial al que se llegó en el marco de la cumbre climática de París (COP21) el pasado 12 de diciembre, son muchos los interrogantes abiertos de cara al futuro más inmediato. Y, por descontado, el futuro más lejano está lleno de negros nubarrones cargados de incertidumbre.

Por un lado, no puede negarse que la celebración de COP21 se considera un gran acierto gracias al acuerdo alcanzado. Si bien los triunfalismos no vienen a cuento, sobre todo en el actual contexto, caracterizado por el actual modelo económico alto en carbono, pero el logro está ahí. No olvidemos que han sido necesarias más de una veintena de eventos, y otros tantos años, alcanzar este acuerdo.

Siempre hay puntos mejorables, pero también es cierto que hasta hace nada el acuerdo era casi una utopía. Contra todo pronóstico, se logró. Fueron necesarias dos semanas de complejas negociaciones. Finalmente, la cumbre parisina hizo historia: se alcanzó un acuerdo global vinculante para limitar el calentamiento global, si bien todavía no se ha firmado.

¿La firma del acuerdo?

La firma del acuerdo es una tarea pendiente que tiene fecha, y aunque debería ser algo sencillo, no deja de ser todo un desafío reunir a 195 jefes de estado y gobierno.

Dificultades tras el histórico Acuerdo del Clima de París (COP21)
Su éxito depende en buena parte de Ségolène Royal, la ministra francesa de Energía y Medio Ambiente, que asumió recientemente la presidencia de la Cumbre del Clima hasta su próxima edición (COP22), este mismo año en Marruecos.

Lo hace en sustitución del ex ministro de Exteriores Laurent Fabius, tras la dimisión de éste, con lo que Royal amplía su cartera para asumir también las Relaciones Internacionales sobre el Clima.
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COP21: Histórico acuerdo en París para frenar el cambio climático
Han sido necesarias dos eternas décadas para que el mundo decida unirse contra el cambio climático: desde la primera cumbre del clima en 1995, celebrada en Berlín (COP1) hasta la reunión de París (COP21), que acaba de clausurarse con un pacto histórico.

Aunque se respiraba optimismo, la incertidumbre ha marcado las casi dos semanas de intensas negociaciones para llegar a un acuerdo global vinculante.

Un acuerdo muy ambicioso

Finalmente, tras 13 jornadas de auténtica locura precedidas por un año de labor diplomática realizada por el anfitrión galo, los 195 países que han participado en la cumbre de París (COP21) han aprobado el acuerdo para limitar el calentamiento global a nivel mundial.

Haberlo alcanzado significa, sobre todo, haber llegado a un consenso mundial para adoptar un modelo de desarrollo que permita alcanzar una economía baja en carbono. O, lo que es lo mismo el abandono de los sistemas de crecimiento basados en los combustibles fósiles.

El carácter universal y vinculante del acuerdo lo convierten en un pacto histórico para la humanidad. Todos los países han adoptado el texto, si bien todavía deben ratificarlo.

COP21: Histórico acuerdo en París para frenar el cambio climático
Establecer un objetivo realmente ambicioso es otro de sus grandes logros. Si bien fija como meta “mantener el aumento de las temperaturas por debajo de los dos grados con respecto a los niveles preindustriales” insta a “perseguir los esfuerzos para limitar el aumento a 1,5 grados”.
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