La obsolescencia programada
La economía mundial se basa en el consumo. Si los ciudadanos no consumen, este sistema económico se vendrá abajo. Sin embargo, el planeta tiene unos recursos finitos que se están acabando. En otras palabras, este sistema económico no es sostenible. De algún modo, tiene que cambiar. Ya sea por obligación, ya que faltará alguno de los recursos que lo sustentan, como el petróleo, ya sea por el impulso de políticas y comportamientos sostenibles que cambien por completo el modo de vivir.

Las grandes corporaciones saben que dependen del consumo desaforado. Por tanto, no les conviene que los productos que venden duren para siempre. Es mucho más productivo que el producto tenga una vida útil determinada de modo que el consumidor tenga que comprar otro producto igual o parecido cada cierto tiempo. Es lo que se llama la obsolescencia programada, fabricar productos que se estropean pasado un determinado tiempo, tiempo que decide la empresa que los fabrica. La obsolescencia programada y la publicidad, que invita a consumir productos que, en realidad, el ciudadano no necesita, son los pilares de la economía actual.
Seguir leyendo

Los productos más contaminantes
La imagen arquetípica de la contaminación suele ser una fábrica desprendiendo oscuro humo o una ciudad llena de cohces en un atasco. Pero en nuestra vida cotidiana hay productos poco o nada respetuosos con el medio ambiente que deberíamos empezar a desechar. Sobre todo, cuando realizamos la compra para casa. Porque hay que tener en cuenta tanto los efectos directos como los indirectos, relacionados con la extracción del producto, su producción, su uso o de qué forma y dónde se convierten en residuo.

Se ha presentado un informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Assessing the environmental impacts of consumption and production, en el que se desprende que para reducir los impactos sobre el planeta hay que cambiar de forma prioritaria dos sectores: el de la energía y el de la alimentación. Los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) producen gran impacto ambiental por sí mismos (afectan negativamente al cambio climático, poseen gran toxicidad), pero también aumentan la carga ambiental de otros materiales que requieren de mucha energía, como los minerales metálicos. En cuanto a los productos alimenticios, su producción constituye un proceso poco eficiente que ocupa suelo, afecta negativamente a los ecosistemas y a la biodiversidad y, en muchos casos, usa gran cantidad de agua. La industria cárnica es especialmente contaminante, tanto por las emisiones de gases nocivos, como por el uso cada vez mayor de tierras y de recursos para alimentar a los animales. Se espera que en 2050 entre el 40 y el 50 % de los cultivos de cereales en el mundo se produzca para la alimentación animal. Esta circunstancia lleva a Naciones Unidas a recomendar una dieta con menos carne.

En la Unión Europea se ha realizado un estudio similar en el que se analizaron 283 grupos de productos de consumo en ocho categorías de impacto (degradación abiótica, acidificación, ecotoxicidad, cambio climático, eutrofización, toxicidad, reducción de la capa de ozono y oxidación fotoquímica). El estudio Environmental Impact of Products lo llevó a cabo el Instituto de Prospectiva Tecnológica (IPTS), del Joint Research Centre de la Comisión Europea. La conclusión es que la alimentación y las bebidas son responsables de entre un 20 y un 30% de los impactos en las diferentes categorías, la construcción y uso de las viviendas, de entre un 20 y un 35 %, y el transporte motorizado, de entre un 15 y un 35 %. En decir, que estos tres sectores son responsables de entre el 70 y el 80 % de todos los daños ambientales ocasionados por el consumo.

De forma más detallada, el estudio considera que los productos con una mayor contribución al cambio climático son los vehículos a motor (15%), la carne (5,5%), los equipos de calefacción (4,7%), las aves de corral (3,9%), las nuevas residencias (3,2%), las salchichas y otros productos preparados de carne (2,5%), la leche (2,4%) y el queso (2,1%).

Limpieza ecológica para el hogar
Es bien sabido que los productos de limpieza comerciales suelen contener productos químicos agresivos, que además de limpiar, perjudican y contaminan el medio ambiente. Sin embargo, aunque muchas personas crean que no es posible, existen limpiadores que puedan realizar muy bien la tarea y no dañan el ambiente. Los productos de limpieza que encontramos en las tiendas, contienen peligrosos componentes que también pueden dañar nuestra salud.

Entre los más comunes encontramos: desinfectantes, suavizantes, limpiadores multiusos, detergentes limpiadores de manchas. En estos elementos que utilizamos para limpiar nuestro hogar se encuentra amoniaco, naftalina o alcohol etílico. Todos ellos son grandes contaminantes del aire y del suelo. Para lograr una limpieza ecológica e inteligente, solo tenemos que seguir los siguientes consejos:

– Utilizar productos biodegradables: son aquellos que tienen poder desinfectante y que a la vez no causen daño en el ambiente ni en las personas que se encuentran en el hogar.

– Emplear elementos de limpieza que duren un tiempo prolongado, como por ejemplo, paños de algodón que se puedan lavar y volver a utilizar. De esta manera se evita el uso de servilletas de papel o trapos descartables.

– En nuestra despensa podemos encontrar productos utilizados en la cocina que nos pueden venir muy bien, tales como vinagre, amoniaco, limones y trapos o paños de algodón, con todos esos productos ya tendremos los limpiadores ecológicos que necesitamos para dejar la casa como los chorros del oro.

– Para limpiar el cuarto de baño o la cocina, nada mejor que un poco de bicarbonato de sodio y una esponja.

– Para desatascar cañerías, drenar o desodorizarlos, puedes colocar un poco de bicarbonato con un chorro de jugo de limón. Dejar que los componentes del acido cítrico actúen durante algunos minutos y luego enjuagar con agua bien caliente para eliminar la suciedad acumulada.

– Para los suelos, te recomendamos disolver y mezclar un chorro de vinagre con jabón líquido neutro en un balde con agua caliente.

– Para los cristales, vidrios y espejos, usa una mezcla de agua con vinagre para dejarlos bien transparentes.

– Para manchas o depósitos, colocar sobre las mismas un paño embebido en vinagre, y dejar actuar unas horas. Luego, enjuagar y verás cómo queda como nuevo.

– Para limpiar metales como el cobre, se pude usar limón con un poco de sal; y para la plata, limón con bicarbonato. ¡Pruébalo y verás cómo funciona!

Productos reciclados en el mercado
El proceso de reciclado es una tarea que no finaliza solamente con la separación de los residuos en su lugar de origen, es más, este es sólo el comienzo de una nueva etapa para los materiales, pues, de ahí, necesariamente han de trasladar los residuos recuperados a unas determinadas instalaciones donde cada material será tratado y preparado para más tarde incorporar los materiales, ya reciclados al mercado en forma de nuevos productos.

Si realmente se hiciese correctamente todo el proceso de reciclado con cada material reciclable, los mercados funcionarían correctamente y el sector de reciclado podría resultar rentable, además de generar un ahorro bastante importante de energía y una gran cantidad de puestos de trabajo.

Antes de nada hay que dejar muy claros dos términos que muy a menudo se confunden, la diferencia entre los materiales “reciclados” y los materiales “reciclables”. El término reciclable describe un productos que se puede utilizar como materia prima en la elaboración de otros. Por otro lado, el concepto de reciclado se emplea en los productos elaborados con materiales recuperados.

El reciclado hoy en día tiene que enfrentarse a muchos problemas, los más importantes son la separación de los residuos procedentes de los dos grandes sectores que han de gestionarse de forma diferente, los residuos industriales y los de consumo doméstico, pues los deshechos de este último grupo generan residuos más heterogéneos, de menor calidad y en lugares más dispersos.
Seguir leyendo