Tecnología para acabar con la contaminación lumínica
La contaminación lumínica quizá no sea tan perjudicial como la atmosférica, pero también afecta tanto al ser humano como a los animales. Hay estudios que han demostrado que las luces de una gran ciudad pueden variar el patrón de viaje de las aves migratorias. Por otra parte, los habitantes de muchas ciudades no saben lo que son las estrellas, la oscuridad completa no existe. La intensidad de la luz de algunas ciudades es tal que hay que alejarse varios kilómetros si se quiere apreciar el cielo nocturno en todo su esplendor. Otras investigaciones creen que las luces urbanas interfieren en el ciclo de sueño de la gente.

No se trata de apagar todas las luces, sino de utilizarlas de forma inteligente y eficiente, de no gastar absurdamente. No es una tarea complicada, tenemos la tecnología adecuada para ello.

Un correcto uso de la tecnología puede reducir considerablemente el exceso de contaminación lumínica. Por ejemplo, una farola que ilumina el interior de una vivienda molestando a sus ocupantes se podría apagar mandando un mensaje SMS: a los pocos minutos, la luz se apaga y la persona puede dormir tranquila.

No es ciencia-ficción. Sólo hay que desarrollar la iluminación inteligente y la tecnología inalámbrica. Las luces se controlarían desde un sistema central, permitiendo su ajuste dependiendo del clima o las circunstancias individuales o de la comunidad. Del mismo modo que se pueden apagar las luces cuando nadie pasa, se pueden encender cuando acude mucha gente a un lugar determinado: a la salida de los eventos deportivos o de los conciertos, por ejemplo. Tras unos minutos, se volverían a apagar. Se trata de trasladar la idea de las luces automáticas que ya se usan en muchos locales, hoteles, bares, etc., a la vía pública.

En algunas ciudades, se están elaborando leyes para atajar este problema. Del mismo modo que se imponen multas si se tiran desechos contaminantes a la calle, se hace lo mismo si se contamina con un exceso de luz.

Otras ciudades celebran el Día del Apagón, y, al menos por una noche, sus habitantes pueden ver las estrellas. Y, las aves, volar sin desorientarse.

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