Tener hijos se convierte en un dilema ecológico
A los anglohablantes les encanta idear siglas. Una de las últimas que es GINK (green inclinations, no kids o, en español, pensamiento ecologista, no tener hijos). Es una decisión, que algunos encontrarán radical: no tener hijos debido a que este planeta está superpoblado. No contribuir, pues, con el aumento de la población, lo que va a ser un gran problema en los próximos años (ya lo está siendo, en realidad, pero se agravará).

Más población, menos recursos. Esto va a continuar así a no ser que se cambie el modelo económico. Y, por el momento, no tiene visos de que vaya a ser así. Seguimos usando masivamente los combustibles fósiles y la economía se basa en el consumo, en comprar bienes y servicios que, en realidad, no se necesitan. En definitiva, estamos acabando con los recursos del planeta, unos recursos que, para nuestra desgracia, no son infinitos y algún día se acabarán.

Algunas personas echan la culpa a otras culturas. A los africanos, a los asiáticos, que tienen más niños de los que pueden alimentar, argumentan. Es verdad que las poblaciones que más crecen son la india y otros países asiáticos. Pero para estos GINK es un problema mundial que nos afecta a todos. Finalmente, es un cuestión cultural y de educación.

Puede que estos GINK, personas que deciden no tener hijos por una decisión ecológica, sean precisamente los que deberían tenerlos porque tienen recursos económicos para ello, y porque, en principio, van a poder proporcionar a sus hijos, no sólo comida, ropa y las necesidades básicas, sino también una mejor educación.

Pero, hay otros argumentos. La población mundial no es sólo contar cabezas. No son sólo números, estadísticas. El impacto de cada persona sobre el medio ambiente no es igual. Se determina por la forma de vida, por la cantidad de cosas que se usan y se consumen, y por el espacio que se ocupa. Y son precisamente los países ricos e industrializados los que, per cápita, más contaminan, más se comen los recursos. La huella de carbono de un estadounidense es más de doscientas veces mayor que la de un etíope medio y más de doce veces más grande que la de un habitante medio de la India. Dicho de otra forma, un hijo estadounidense afecta al medio ambiente más que doscientos hijos etíopes.

En fin, tener o no tener hijos no deja de ser una cuestión personal, vital y hasta biológica. Pero lo que no se puede hacer es culpar a otros de tener hijos y sobrepoblar el planeta.