Terremotos
Un terremoto o seísmo es un movimiento brusco de un terreno que se produce por el choque de las placas tectónicas y por la liberación brusca de energía acumulada durante un tiempo largo. Los más importantes y frecuentes se producen al liberarse energía potencial elástica acumulada por la deformación gradual de las rocas contiguas al plano de una falla activa. Otras causas son la actividad subterránea originada por un volcán, movimientos de ladera, hundimiento de cavidades cársticas y variaciones bruscas de la presión atmosférica por ciclones o incluso por la actividad humana.

Se propagan mediante ondas sísmicas que se dividen en: longitudinales, primarias o P, que se propagan a una velocidad de 8 a 13 km/s en el mismo sentido que la vibración de las partículas y atraviesan tanto sólidos como líquidos; transversales, secundarias o S, con una velocidad de propagación de entre 4 y 8 km/s perpendicularmente al sentido de vibración de las partículas y sólo atraviesan sólidos; y superficiales, que son las más lentas de todas con una velocidad de 3,5 km/s, sin embargo, son producto de la interacción de las ondas P y S y son las que producen más daños.

Los terremotos de origen tectónico están muy asociados con la formación de fallas geológicas y suelen producirse al final del denominado ciclo sísmico, que es el período de tiempo durante el cual se acumula deformación en el interior de la Tierra que más adelante se libera bruscamente. El hipocentro es la zona interior profunda donde se origina el terremoto, mientras que el epicentro es la zona de superficie perpendicular al hipocentro donde las ondas sísmicas afectan con mayor intensidad. El instrumento para medirlos es el sismógrafo, y para medir su magnitud se utiliza la escala de Richter que va del 1 al 12 de menor a mayor magnitud.