Tirar menos comida y menos carne, claves contra el cambio climático
Los gases de efecto invernadero no cesan de aumentar, y con ellos el calentamiento del planeta, en situación crítica por el impacto que éste tendrá sobre el medio ambiente, incluyendo a personas, flora y fauna. Aunque la responsabilidad de la polución es claramente de multinacionales y de políticas ineficientes o, mejor, inexistentes, los hábitos ciudadanos podrían hacer una gran diferencia si se redujera drásticamente el desperdicio de alimentos y se comiera menos carne.

Además de prevenir la inseguridad alimentaria mundial, que amenaza con ser uno de los grandes problemas en un futuro próximo, estas soluciones podrían evitar a su vez que el cambio climático se disparase hasta niveles peligrosos para la humanidad, según concluye un estudio de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) publicado en la revista Nature Climate Change.

Los autores del estudio llaman a la reflexión. Con las conclusiones de su trabajo buscan que se produzca un cambio en la dieta para acabar con varios problemas de un plumazo: menos carne supondría una alimentación más saludable, además de los beneficios ambientales y solidarios en pro de la seguridad alimentaria.

Tirar menos comida y menos carne, claves contra el cambio climático
El estilo de vida de los países más desarrollados está extendiéndose a zonas que están mejorando su situación económica, con un resultado desastroso para el planeta. Los científicos apuestan por invertir la tendencia, en lugar de dejar que siga avanzando de forma exponencial, provocando problemas de sobra conocidos, que comprometen la viabilidad del medio ambiente, como la deforestación, el aumento de los gases de efecto invernadero, la pérdida de biodiversidad y una ganadería y agricultura intensivas que polucionan tremendamente.

La reducción de desechos alimentarios a la mitad y el fomento de una dieta equilibrada, con menos carne (dos raciones de 85 gramos de carne roja y cinco huevos por semana) podrían aliviar el creciente problema que supone el aumento de tierras de cultivo y de producción ganadera. Por contra, de seguir la tendencia actual, el crecimiento de población sumado al modelo de consumo actual sería una auténtica bomba de relojería, advierten los expertos de la Universidad de Cambridge.