Transformar los ecosistemas es un grave error
No hay que confundir el respeto por el medio ambiente y la defensa del planeta con un mundo lleno de bosques, un planeta verde a toda costa, por muy valiosas (esenciales, en realidad) que sean las plantas. A cada lugar del mundo le corresponde su ecosistema, por los animales y plantas que en él habitan, por el clima que le influye, por el suelo, la altitud y multitud de factores que se interrelacionan en un complejo sistema en el que todo tiene su razón de ser.

La belleza de una frondosa ladera montañosa llena de vegetación es innegable, pero hay que aprender a ver (y a defender) la belleza del desierto, de la tundra, de las estepas, en fin, de cualquier ecosistema: todos deben ser conservados en el estado que les corresponde y que les da su razón de ser. Del mismo modo que hay que impedir que la selva amazónica desaparezca y se convierta en un desierto, no se puede pretender reforestar desiertos como el del Sáhara o el del Gobi.

La tecnología ha hecho al hombre progresar. Las lucha por controlar el medio ambiente ha hecho la vida más fácil para el ser humano. Pero, a veces, la innovación mal entendida puede llevar a una catástrofe. Los sistemas de riego han proporcionado alimento a mucha gente y hay que agradecer su uso. Pero todo tiene un límite y no se puede pretender que en lo que casi es un desierto crezca cualquier cultivo. No es natural.

Y algo así está ocurriendo en Turquía, donde se está llevando un radical proceso de reforestación que ya ha desatado las críticas de algunos científicos que opinan que puede dañar gravemente la biodiversidad de la zona. Estos expertos afirman que se está llevando a cabo un dañina política de gestión de aguas, de reforestación y de sistemas de riego que acabarán por destruir de manera irreversible el ecosistema de la estepa turca y el hábitat de multitud de especies, algunas en peligro de extinción.

Turan Çetin, de la Doğa Association, ha declarado que se está usando mal el agua y muchas especies poco conocidas que habitan las estepas de Anatolia corren peligro. Además, estas zonas se encuentran bajo un continuo acoso de actividades humanas como la agricultura, los sistemas de riego no apropiados y las presas construidas en los ríos. Quizá, con estos cambios, se consiga cultivar alimentos para la supervivencia del ser humano, pero será a costa de la desaparición de otras especies animales. Y, a la larga, esto redundará negativamente en la propia especie humana.