Transgénicos: de ser la solución a resultar un problema
Los cultivos transgénicos han aumentado en el mundo en los últimos años. Se promocionan como cultivos más resistentes, como una solución al hambre en el mundo. Sin embargo, este tipo de agricultura no ha logrado aumentar el rendimiento de los cultivos de alimentos. En cambio, sí ha multiplicado el uso de productos químicos y el crecimiento de supermalezas más resistentes a los herbicidas. Así se desprende de un informe elaborado por más de veinte asociaciones de indígenas y agricultores de todo el mundo, desde el sudeste asiático, hasta África y América Latina, grupos que representan a millones de personas y su medio de vida.

Los cultivos transgénicos prometían un milagro. El problema es que los milagros no existen. Hace veinte años que comenzaron a comercializar en Estados Unidos y ahora se cultivan en 29 países, ocupando una extensión de más de un billón de hectáreas. Vendían este tipo de cultivos como una solución a problemas tan graves como la crisis alimentaria, el cambio climático y la erosión del suelo. La realidad es que los ha empeorado.

Por ejemplo, el hambre en el mundo, en la actualidad, ha alcanzado proporciones épicas. Aunque hay cultivos genéticamente modificados en los que se han invertido decenas de miles de millones de dólares para dotarles de características beneficiosas como resistencia a la sequía o tolerancia a la sal, no se han distribuido a gran escala.

Lo que sí ha aumentado, algo muy grave, es la utilización de productos químicos para controlar las plagas, aunque las empresas de biotecnología precisamente justifican sus creaciones genéticas como un paso para reducir el uso de los insecticidas.

El caso del algodón Bt, resistente a insectos, es paradigmático. Las plagas han aumentado 12 veces desde 1997 en las plantaciones de este tipo de algodón en China. Mientras que los beneficios de plantar ese algodón modificado genéticamente se reducen cada año debido a que se necesita luchar contra otra plagas nuevas. En la soja transgénica plantada en Argentina y Brasil ocurre algo similar y, después de años de uso, el uso de herbicidas se ha duplicado.

Por otra parte, y especialmente en Estados Unidos, está apareciendo un nuevo tipo de maleza que resiste los productos químicos. Así, cada vez es más difícil acabar con este tipo de hierbas tan perjudicial para los cultivos. En el citado país norteamericano, diez especies diferentes de malezas comunes han desarrollado una gran resistencia en 22 estados, lo que supone un total de 6 millones de hectáreas en cultivos de soja, algodón y maíz.