Transgénicos en Salamanca
Ecologistas en Acción denuncia que el cultivo de semillas transgénicas se está extendiendo en la provincia de Salamanca (España) sin tener en cuenta las posibles consecuencias perniciosas de este modo de agricultura. Se están imponiendo plantas artificiales creadas con ingeniería genética que suponen un peligro general que aún no se ha estudiado a fondo.

Los transgénicos entraron en Europa en 1997 y se empezaron a cultivar en España en 1998. Hoy en día todavía nadie ha podido garantizar su inocuidad y, en cambio, cada vez son más evidentes sus riesgos económicos, ecológicos y sanitarios. Además, se ha demostrado que no es posible impedir la contaminación polínica asociada, por lo cual los daños son impredecibles e irreversibles, además de éticamente reprobables, ya que los consumidores se convierten en cobayas con los que experimentar.

Algunos de los problemas agronómicos relacionados con los cultivos transgénicos son los siguientes: caída de la producción a largo plazo, fallos que ocasionan pérdida de cosechas, desarrollo de malezas resistentes y persistentes, aparición de nuevas plagas, uso de productos químicos cada vez más agresivos y tóxicos con el medio ambiente y dependencia agrícola que sufren los agricultores en semillas patentadas y productos químicos que le obligan a comprar año tras año las grandes empresas agroquímicas.

El profesor de genética de la Universidad Autónoma de Madrid, Carlos Sentís ha señalado que “el problema es que no sabemos lo que estamos introduciendo en los alimentos y no sabemos los efectos que tendrán a largo plazo, no sabemos lo que va a pasar, lo cual quiere decir que en la práctica se está haciendo una prueba general sobre la población, a ver qué pasa”. Se verá en unos años si esta práctica no se detiene.

En 2004 se levantó la moratoria vigente en Europa y desde entonces la Comisión Europea ha autorizado la entrada en los mercados europeos de nuevos productos transgénicos. Estados Unidos y otros países productores, así como la Organización Mundial del Comercio (OMC) y una de las más poderosas empresas del mundo, Monsanto, que controla el mercado de las semillas y el de los transgénicos, presionaron para que en Europa se aceptaran los transgénicos.

En Salamanca y otras localidades de Castila y León, Monsanto va a experimentar su maíz NK 603, un transgénico resistente al pesticida glifosato, que, mira qué casualidad, también comercializa Monsanto (un negocio redondo, pues) y que supone matar todas las plantas salvo aquellas que por transgénesis tengan el gen resistente al glifosato.

A lo largo de los últimos años ha surgido un movimiento que reclama la declaración de Zonas Libres de Transgénicos a través de una Red Europea y muchas entidades locales y regionales se han integrado como respuesta a la imposición de los transgénicos. A finales de 2006 se habían declarado más de 170 regiones europeas y 4.500 gobiernos o entidades locales, entre ellas las comunidades autónomas del País Vasco y Asturias y más de treinta municipios en todo el Estado español.