Trump pondrá al frente de la agencia ambiental a un negacionistaLa presidencia de Donald Trump no supone un impulso a la lucha contra el cambio climático, sino todo lo contrario. Tras las polémicas declaraciones de corte negacionista realizadas durante la campaña electoral, e incluso antes de ella, solo se espera más de lo mismo.

Espantados, los científicos no han dejado de advertirle el problema que supone para la humanidad una actitud contraria al activismo que se precisa en dicha materia, sobre todo cuando viene de parte de una nación tan relevante a nivel internacional. Importante a nivel geopolítico y también en lo que respecta a las emisiones de gases de efecto invernadero que genera.

Fue sonada la carta que le enviaron reputados científicos intentando que reflexionara y, en todo caso, protestando por su empecinado negacionismo. Una misiva abierta firmada por 375 científicos de primer nivel, pidiendo al candidato republicano que rectifique.

Una vez elegido, el enfrentamiento ha seguido siendo frontal, sobre todo como reacción a medidas que ya se van tomando y han dejado bien clara su postura en torno a la política ambiental. Si bien no será oficialmente presidente hasta el próximo 20 de enero, ya empiezan a trascender aspectos de su política que dan una clara idea de la que se avecina.

Trump pondrá al frente de la agencia ambiental a un negacionista
Esta semana hemos sabido que va a elegir a un negacionista del cambio climático para liderar la agencia medioambiental del país, concretamente la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA). Se trata de Scott Pruitt, conocido por haber tenido un gran protagonismo en las demandas de gobernadores republicanos contra distintas reformas acometidas por Obama para afrontar el cambio climático.

Un negacionista en la Agencia de protección ambiental

Si todo sale según lo previsto, el nuevo responsable de la política medioambiental de Estados Unidos será Pruitt, un veterano fiscal de Oklahoma que considera que el cambio climático no tiene un origen antropogénico. Es decir, considera que el ser humano no lo ha provocado y, por lo tanto, no tiene sentido reducir las emisiones provenientes de los combustibles fósiles, entre otras provocadas por el hombre.

Casualmente, estamos hablando del fiscal general del Estado americano que utiliza el petróleo y el gas de manera más intensiva, a ojos de Trump y su equipo, “un líder nacional ante la guerra contra el carbón de la EPA”, en alusión a su constante oposición a las mencionadas reformas demócratas.

En el comunicado emitido sobre el futuro nombramiento de Pruitt, que además deberá confirmar el Senado, éste manifiesta su disconformidad con las normativas ambientales que buscan detener el calentamiento global. “Los estadounidenses están hartos de ver cómo se derrochan miles de millones de dólares en normativas innecesarias”, y promete dirigir la EPA sin que “la protección ambiental” impida “la libertad empresarial”.

Trump pondrá al frente de la agencia ambiental a un negacionista
Los ambientalistas han visto en la elección de Pruitt, por otra parte estrechamente vinculado a los lobbies de la industria del petróleo, una clara prueba de las intenciones de Trump en esta materia. Sencillamente, se espera un retroceso en los avances de Obama contra el cambio climático, así como el impulso de la industria del carbón y el crudo.

Priorizando, en definitiva, las energías fósiles y al sector empresarial, contrario en su mayor parte a seguir usando aquellas de forma intensiva. O, lo que es lo mismo, reducir la huella de carbono no formará parte de la agenda política durante el mandato de Trump.

Objetivo a la desesperada: salvar los datos

La ciencia muestra su indignación al respecto desde los más distintos ámbitos. Uno de los focos más activos ha sido la NASA, desde donde se ha retado a Trump a reconocer la existencia del cambio climático, logrando finalmente que lo hiciera.

Trump pondrá al frente de la agencia ambiental a un negacionista
Fue un reconocimiento un tanto light, pero reconocimiento, al fin y al cabo. Trump llegó a afirmar que existía “alguna conexión” entre el ser humano y el mismo. Sin embargo, ha acabado siendo una simple declaración, palabras llevadas por el viento, el mismo que ha traído otras con las que lo califica de “bulo” o “mentira”.

O, en el mejor de los casos, de misterio sobre el que la ciencia nada sabe. De poco han servido las argumentaciones de la la NASA, al afirmar que el 97 por ciento de los científicos del mundo creen en el origen antropogénico del calentamiento global, y lo mismo cabe decir de la efímera actitud favorable a ello de Trump.

Trump pondrá al frente de la agencia ambiental a un negacionista
Por contra, el desprecio por el medio ambiente de Trump brilla con luz propia. No solo por sus numerosas y contundentes declaraciones al respecto desde antes de ganar las elecciones. Una vez elegido ha hecho declaraciones muy elocuentes sobre lo que hará cuando sea presidente.

La que se avecina…

Sacar al país del Acuerdo climático de París será solo una de sus prioridades ambientales, así como tomar una serie de medidas favorables a las energías fósiles, como intervenir en la política de renovables de forma restrictiva y desregular el carbón, así como la extracción de petróleo.

Con respecto a la NASA, también se ha anunciado la división de Ciencias de la Tierra para dedicar todos los esfuerzos a la sección espacial. Por su parte, investigadores y científicos especialistas en el cambio climático están intentando salvar los datos ambientales antes de que puedan destruirse, un extremo que esperan cuando éste tome posesión de la presidencia.

Trump pondrá al frente de la agencia ambiental a un negacionista
Tampoco han faltado intentos quijotescos por hacerle cambiar de idea, en algún caso poniendo una montaña de dinero sobre la mesa. El de Bill Gates ha sido el más llamativo. Si, por un lado, el fundador de Microsoft ha invitado a Trump a “innovar” en una reciente llamada telefónica, por otro ha decidido lanzar un fondo de inversión de 1.000 millones de dólares de capital para invertir en nuevas energías limpias, a su vez ligado a movimientos favorables a la lucha contra el cambio climático.