Un Algarrobico en Extremadura
Hay muchas personas que piensan que no vale la pena moverse para defender una causa (ecologista o de otro tipo), que las instituciones públicas, los gobiernos y las grandes corporaciones tienen la sartén por el mango, que la justicia no es igual para todos (y, de hecho, la justicia no es igual para todos), que es una lucha en balde y, en definitiva, es una pérdida de tiempo y de energía vital.

Pero hay otras personas que hacen todo lo que pueden por defender lo que consideran una causa justa. Y que llegan hasta el final, aunque eso les suponga gastar tiempo y dinero, que no cejan en su empeño aunque reciban amenazas. Eso es lo que ha hecho Paca Blanco, una activista por la defensa del medio ambiente que ha luchado hasta el final contra un complejo turístico llamado Marina Isla de Valdecañas, situado en dos islas que se encuentran en el embalse de Valdecañas, en los municipios de El Gordo y Berrocalejos, en la provincia de Cáceres, España. Paca Blanco ha luchado hasta que la justicia le ha dado la razón.

Paca Blanco es coordinadora de la organización Ecologistas en Acción en la comarca de Campo Arañuelo. Hace cinco años que denuncia la ilegalidad del citado complejo turístico, el mismo tiempo que lleva sufriendo acosos y agresiones. El complejo está levantado sobre un paraje protegido que pertenece a la Red Natura 2000 y declarado por la Unión Europea como Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA) y Lugar de Interés Comunitario (LIC). El Gordo, la localidad cercana, tiene unos trescientos habitantes, de los que una gran parte están a favor del desarrollo económico aunque sea a costa de una agresión a la naturaleza.

Una de las islas del complejo Marina Isla de Valdecañas ofrece instalaciones deportivas como diez campos de fútbol de césped, un campo de golf de dieciocho hoyos, pistas de pádel y tenis, centro de hípica y un club deportivo. Otra zona está destinada a un hotel de cuatro estrellas con cien habitaciones, un complejo spa con sesenta suites y doscientos cincuenta apartamentos, dos zonas comerciales, un centro de convenciones y un club de golf. Además, las instalaciones cuentan con una base náutica y una playa. ¿A quién van dirigidas este tipo de instalaciones? ¿Y cómo han conseguido la licencia para construirlas?

Un Algarrobico en Extremadura

La Junta de Extremadura, entonces presidida por Juan Carlos Rodríguez Ibarra, del PSOE, aprobó un decreto para poder construir en la Isla de Valdecañas, además, como Proyecto de Interés Regional (PIR). Ahora el Tribunal Superior de Justicia ha dado la razón a los ecologistas por considerar que la urbanización no cuenta con las condiciones necesarias para ser un PIR y, por tanto, ordena su derribo. La Junta, claro, recurrirá al Supremo.

Por su valentía, Paca Blanco lleva varios años sufriendo agresiones con la pasividad cómplice del gobierno local de El Gordo y la indiferencia de la Delegación del Gobierno. Más de veinte intelectuales, personas de la cultura, académicos y representantes de movimientos sociales han firmado un manifiesto de solidaridad con la activista. Ha conseguido una sentencia a favor, pero a costa de tener que vivir en otro lugar. Paca Blanco ha decidido vender su casa y trasladarse a otro lugar. Lejos de un pueblo en el que algunos jóvenes escondidos tras unas capuchas apedrean e insultan a los vecinos que protestan por esta aberración urbanística. Ante la indiferencia de las autoridades competentes y de las fuerzas de seguridad, se envalentonaron y lanzaron cócteles molotov dentro de la vivienda de la activista. En otros lugares de España, a esto se le llama “kale borroka” y a quienes la practican se les llama delincuentes y terroristas y se les pretende meter en la cárcel. Pero no en El Gordo. El Gordo tiene su propia ley.

Los especuladores se lucran con el consentimiento (y suponemos que con una parte de las ganancias) de los gobiernos locales y regionales, jóvenes delincuentes tienen vía libre para instaurar su propia ley de la calle en la localidad y una persona que defiende el planeta se ve obligada a abandonar la casa donde vive. Efectivamente, la justicia no es igual para todos.
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