Un catamarán hecho con botellas de plástico
David Mayer de Rothschild es descendiente de uno de los primeros y más acaudalados banqueros de la historia. A menudo, estos “hijos de” o “nietos de” o “biznietos de”, al tener la vida solucionada, no sólo para ellos mismos, sino por varias generaciones, les lleva a una apatía existencial y a malgastar su vida. Sin embargo, este joven ricachón, David, se ha situado en el lado opuesto a, por poner un ejemplo de la misma generación, Paris Hilton. David ha decidido dedicar su vida a realizar viajes de aventura reivindicando el respeto por el planeta.

David de Rothschild forma parte de una asociación llamada Adeventure Ecology (ecología aventurera, se podría traducir). El último proyecto se llama The Plastiki Expedition, una expedición que surcará los mares a bordo de un catamarán fabricado con botellas de plástico. Se trata de recordar el daño que para el medio ambiente supone este tipo de material.

La aventura comenzó el pasado 20 de marzo. David de Rothschild y su tripulación, formada por cinco personas más, zarparon desde San Francisco y esperan llegar a Sydney, Australia, a finales de junio. El objetivo principal de esta expedición es educar, entretener y crear conciencia acerca del grave problema de la contaminación por plástico que sufren nuestros mares y océanos.

El plástico es un material casi imposible de degradar. Así que sólo hay dos formas de comportamiento responsable con este tipo de material: uno es no fabricarlo, no utilizarlo; y otro, lo que trata de enseñar la expedición Plastiki, que no es otra cosa que reutilizar el plástico para otros usos de modo que se convierta en un recurso útil en vez de en un desecho contaminante.

Parece que todo se gestó en 2006, cuando el bueno de David leyó un informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) en el que se explicaba la grave contaminación causada por el plástico en los océanos. En este documento se hacía referencia a la, ahora famosa y entonces desconocida para el público, isla de plástico, ubicada en el Vórtice Subtropical del Norte del Pacífico, un conjunto de corrientes espirales de lento movimiento entre Hawai y California. Este plástico llega a formar parte de la cadena alimenticia, pues los trozos más pequeños son devorados por el zooplancton, los peces y otros animales.

Toda esta aventura quiere recordar algunos terribles datos, como los siguientes:

– Se estima que casi la totalidad de la contaminación marina en el mundo está compuesta de materiales plásticos. La proporción media se calcula que se encuentra entre el 60 y el 80% de la contaminación marina total.

– En muchas regiones tanto del norte como del sur, los materiales plásticos constituyen hasta un 95% de la totalidad de los desechos marinos.

– Los científicos estiman que, cada año, el menos un millón de aves marinas y cien mil mamíferos marinos y tortugas marinas mueren al quedar enrededos en la contaminación de plástico o al ingerirlo.

– De acuerdo con la Fundación Project Aware, una organización que lucha por la protección y conservación de el medio ambiente marino, casi siete mil millones de kilogramos de plástico se producen en los Estados Unidos cada año y sólo mil millones son reciclados. Se calcula que unas 38 millones de botellas de plástico y unas 25 millones de tazas de espuma de poliestireno terminan en los vertederos y, aunque las botellas de plástico son reciclables al cien por cien, de media, sólo se recicla un 20% del total.

Un catamarán hecho con botellas de plástico
La expedición Plastiki quiere recordar la mundo entero que los materiales de plástico tienen un grave problema de diseño: no se biodegradan. Así que al ser humano no le queda otra que volver a utilizarlos. Plastiki se basa en la filosofía denominada “de la cuna a la cuna” que propugna un diseño de los objetos que tenga en cuenta todo su ciclo de vida, es decir, que se diseñen para que, cuando ya no se usen, cuando se desechen o se desgasten, se biodegraden por sí mismos. Y, más en general, se trata de comenzar a cambiar el pensamiento, a que la mente sea más curiosa y abierta, a estar dispuesto a dejar de lado prejuicios para llevar un nuevo modo de vida más integrado en el planeta y que reduzca la huella que el ser humano está dejando en el planeta.