Un estilo de vida slow, otra manera de ser ecológicos
El estilo de vida lento es un elogio de la lentitud. Un canto a lo sencillo y natural. La maravillosa vuelta al pasado en todo aquello que nos enriquezca a nivel físico y espiritual. Una apuesta, en fin, por un mundo más equilibrado, por un profundo bienestar que engancha.

Es fácil identificar esta descripción con la ecología. Puesto que la filosofía de vida lenta nos ayuda a disfrutar del presente apoyándonos en los modos de vida tradicionales, el resultado es una tranquilidad que se contrapone a una vida rápida. Tan apresurada como lo es la cultura del usar y tirar, del vivir deprisa, de forma irreflexiva, contaminando a diestro y siniestro.

La reflexión rima con la ecología. Una rima a nivel conceptual que que se traduce en una mayor conciencia y concienciación sobre el problema del medio ambiente. O, en lo personal, en un estilo de vida sencillo en el que ser es antónimo de tener.

La “slow life” previene o evita la degradación de nuestro yo y, por extensión, también de todo aquello que nos rodea. Es más, el entorno natural es un escenario propicio. Ese hábitat que necesitamos para llevar una vida más plena y desacelerada.

Un estilo de vida slow, otra manera de ser ecológicosSi no viviendo en plena naturaleza, sí al menos convirtiéndola en un destino deseado y buscado para enterrar las tensiones y los problemas que trae la vida, una carrera de obstáculos que nos pone contra las cuerdas demasiado a menudo.

Combatir esta nos ayuda a tener una vida plena y desacelerada. Solo así el ser humano puede controlar su existencia y, en suma, su vida día a día, minuto a minuto. Sin relojes que valgan…

Soltar el pie del acelerador nos lleva a disfrutar sin acumular. Nada asusta más al fantasma del consumismo que una vida sin prisa, lenta y relajada, que abarca todos los ámbitos de la vida.

¿Qué es el movimiento slow?

Sentirse satisfecho solo con lo necesario, buscando lo esencial significa vivir despacio para vivir mejor. Simplemente una forma de estar en el mundo. ¿Pero, cómo podemos definir el movimiento slow?

Empecemos diciendo que los relojes son poco amigos de la “slow life”, un movimiento basado en otro tic tac. El devenir de las cosas marca el movimiento de esas agujas imaginarias del reloj de la vida y su disfrute es compatible con ser eficientes en el trabajo o con tener una vida integrada socialmente.

Un estilo de vida slow, otra manera de ser ecológicos
El origen de la “slow life” tiene fecha concreta. El hito que originó su nacimiento fue la apertura de un Mc Donalds en la Plaza de España de Roma en 1986. Tan “dolorosa” resultó para el periodista Carlo Petrini que su demostración de indignación ante tal hecho acabó siendo la semilla de este movimiento.

Lo que empezó como un “slow food” pronto abarcó cualquier otra área de la vida. Tal era la urgencia social por adoptar un movimiento de ruptura con el frenético ritmo de las sociedades modernas. Subió como la espuma, y hoy es todo un fenómeno social.

Para ser más precisos, anteriormente la filosofía de la vida tranquila era una interesante manera de encontrar un eficaz antídoto contra el revulsivo que supuso la Revolución Industrial. Desde entonces se viene manifestando, con más o menos fuerza, pero lo ha hecho.

Un estilo de vida slow, otra manera de ser ecológicos
Nada comparable, eso sí, con su actual popularidad. Desde las iniciales Slow Food y Cittaslow, el movmimiento se ha vuelto imparable. Sobre todo, teniendo en cuenta el impulso que le ha conferido la todopoderosa y omnipresente red.

Actualmente, es una filosofía vital anti globalización que lo abarca todo. Fiel a su esencia, se trata de un movimiento silencioso, que no está controlado por organización alguna. Su fuerza está en la decisión de quienes la practican, la creciente comunidad global slow.

Recursos finitos vs despilfarro

Más de dos décadas después, puede afirmarse que el universo vital de una persona,contemplado como un todo y a su vez como un puzzle, encuentra sus referencias entre los distintos movimientos slow que han surgido.

Un estilo de vida slow, otra manera de ser ecológicosEl el campo de la ecología, la “slow life” supone reivindicación, demanda de protección, concienciación, respeto y disfrute del entorno. Según subrayan sus teóricos, despilfarramos los recursos naturales como si no hubiera mañana.

Sin embargo, hay un mañana, y un pasado… al tiempo que los recursos son finitos. Mala combinación y, así las cosas, también tiene una mala, pésima solución. Solo puede salvarnos la reflexión como único arma que tenemos para detener esta locura.

Gestos ecológicos “slow life”

Uno de sus principales teóricos del movimiento, Carl Honoré, la superficialidad es la hija natural de esta sociedad instalada en las prisas y en un estilo de vida que hemos dado en llamar moderno.

Un estilo de vida slow, otra manera de ser ecológicos
La cultura de la tranquilidad está expandiéndose en todos los órdenes. A nivel cotidiano tiene ung gran campo que cubrir. Nuestro entorno verde o urbano, la comida, el turismo, lo que compramos, en qué invertimos el tiempo libre…

Cualquier gesto o acción cotidianos son una invitación a una experiencia slow. A olvidar el reloj y el consumismo. A dejar la frivolidad y, en suma, la superficialidad a un lado. Y hacer ese viaje interior supone apreciar el valor de la vida a partir de un encuentro con nosotros mismos.

Abrazar árboles, hacer senderismo respetuoso con el entorno consumir menos y mejor, reciclar objetos en el hogar, reutilizar o crear con retales o, por ejemplo, dándoles uso a viejos ovillos para reducir nuestros desechos y huella de carbono…

Se trata, en suma, de detenernos y no sobrepasar ciertos límites de velocidad en la vida. Difícil, es cierto, pero la mente también es muy poderosa. No menospreciemos su capacidad de cambiar las cosas. El objetivo no es otro que apreciar el valor de la vida. Cada minuto cuenta y los relojes molestan…