Un Mundial de Fútbol en medio del desierto
En Catar no existe una gran tradición de jugar al fútbol, pero sí tienen reservas de petróleo y de gas natural (de hecho, es el tercer país en reservas de gas). No juegan al fútbol, pero tienen tantos petrodólares que no saben qué hacer con ellos. Y, como ya se sabe, el fútbol hace mucho que es menos deporte que negocio. En fin, que, en 2022, se va a celebrar el Mundial de Fútbol en medio del desierto. Pero creáis que se volverá a los orígenes, a disputar los partidos en terrenos de arena, que sería lo suyo, en un país donde les sobra. Los jugadores-mercancía-márketing sólo juegan sobre hierba recién cortada y recién regada. Dinero manda. Y Catar tiene de sobra. ¿Cuánto habrán pagado para conseguir que la FIFA les conceda la organización del Mundial? Hay que pagar la viagra de Pelé. De Maradona, mejor no decir nada.

De los 17 principales protocolos de respeto por los Derechos Humanos, Catar ha firmado y ratificado dos de ellos. Esto quiere decir que no es un país que se haya comprometido, por ejemplo, a no utilizar la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes. Pero los emires se desayunan una taza de petróleo cada día y el mundo no tiene nada que decir.

Pero yendo al asunto que nos interesa, el medio ambiente, Catar se está preparando para albergar a todos los aficionados que vayan a apoyar a sus respectivas selecciones de fútbol, así como a construir los estadios de fútbol donde se jugarán los encuentros. ¿Qué ocurrirá con todos ellos cuando se acabe el magno evento futbolístico? Se construirán mediante un sistema de componentes modulares de fácil ensamblaje e igualmente sencillos de desmontar y trasladar al término del evento. En otras palabras, se lleva el espectáculo a la puerta de casa de los emires y, luego, a recoger. Parece más ecológico que se trasladen ellos que trasladar al resto del mundo allí, la verdad.

Un Mundial de Fútbol en medio del desierto
De momento, los jeques han encargado el diseño de los estadios a un estudio alemán, AS&P (Albert Speer & Partner), que dicho sea de paso, parece que son descendientes de los que eran los arquitectos favoritos del Führer. Los campos de fútbol serán diseñados bajo criterios respetuosos con el medio ambiente. Con un medio ambiente que, en el caso de Catar puede ser desierto o semidesierto, que son los dos únicos ecosistemas que hay en el país. Unos campos de fútbol que estarán rodeados, cuando se juegue los partidos, por temperaturas de más de 40 ºC. El aforo y los asientos cumplirán con todas las exigencias de la FIFA y se instalarán toldos que atenuarán la potente luz solar, así como paneles fotovoltaicos para aprovechar ese potencial energético para generar la electricidad que necesita la iluminación de los partidos.También se instalarán sistemas de producción y canalización de corrientes de aire para combatir el terrible calor del desierto. Según los cálculos, la temperatura, tanto en las tribunas como en el terreno de juego no superará los 27 ºC. De hecho, se está empezando a valorar la posibilidad de celebrar el Mundial en invierno, en enero, cuando las temperaturas en Cátar son algo más suaves. ¿Permitirán las federaciones de fútbol de los países que lleguen a la fase final este cambio de fechas?

En cuanto a las infraestructuras de transporte, se ha prometido una fluida red de transportes públicos que incluirá taxis acuáticos y aparcamientos subterráneos.

El caso es que el Mundial de 2022 lo organizará el país 113 en la clasificación futbolística internacional y que nunca ha disputado un Campeonato del Mundo de Fútbol, imponiéndose a países con una mayor historia en el deporte, como España u Holanda, que disputaron la última final. Pero, en todo caso, lo increíble es… ¡un Mundial en medio del desierto… ¡a quién se le ocurre!
Un Mundial de Fútbol en medio del desierto