Un petróleo barato ensombrece el futuro de las renovables
Un petróleo caro es una mala noticia para el planeta. Más allá de la alegría inmediata que nos produce la idea de un carburante más económico (impuestos a parte), lo cierto es que, a largo plazo, un menor precio del crudo podría suponer una debacle ambiental.

Y es que la caída de los precios del petróleo y del gas podría repercutir de forma negativa en la industria de la energía renovable. Según advierten los expertos, la revolución verde, -con el viento, la energía solar y la energía hidroeléctrica como puntas de lanza-, pueden acabar sucumbiendo ante unos precios del crudo más competitivos.

Del mismo modo que ya está ocurriendo con el carbón, un combustible fósil barato, y de tanta trascendencia como el petróleo, relegaría aún más a las renovables, si bien a la larga un mayor consumo de petróleo acabaría disparando el precio de la energía. En este caso, se produciría el efecto contrario, si bien son muchos los factores que también entran en juego, con lo que siendo un futurible, habría que analizar la situación para conocer el alcance de la nueva situación.

¿Menos inversiones en renovables?

La bajada del petróleo apenas ha empezado a dejarse sentir y los analistas ya han puesto el grito en el cielo. Nos recuerdan el impacto geopolítico y económico que tuvo la crisis del petróleo de 1974, si bien entonces las consecuencias vinieron por un aumento de los precios, que llegaron a cuadruplicarse.

En esta ocasión, además de un consumo más alegre y de provocar problemas socio-políticos en los países exportadores de petróleo, si la bajada del petróleo acaba prolongándose en el tiempo se esperan cambios sustanciales que repercutirán en la economía de distintos países. Pero no sólo eso, porque entre otras muchas hipótesis, por primera vez se ha incluido el futuro de la energía renovable como una preocupación de primer orden.

Un petróleo barato ensombrece el futuro de las renovables
Aunque aún es pronto para hablar de un impacto negativo en la inversión verde por la caída de los precios del petróleo, todo hace pensar que ésta podría ser la consecuencia. No en vano, un petróleo más caro sí ha llegado a influir en sentido contrario.

“La creencia popular es que si los precios del petróleo bajan, eso reduce los precios de la electricidad y hace ver más caras a la energía eólica y solar”, explica Mark Freshney, analista de Credit Suisse, aunque al mismo tiempo hay más sensibilidad institucional hacia el cambio climático y la importancia de las renovables para combatirlo.

Un petróleo barato ensombrece el futuro de las renovables
Ello significa más leyes favorables a una revolución verde y subvenciones, pero aún así los expertos temen que la reacción ante un petróleo barato no favorecerá a las renovables, sino todo lo contrario. “La percepción sigue siendo la misma”, apunta Freshney. Y, en todo caso, los expertos se muestran pesimistas sólo en el caso de que la caída sea mayor y se mantenga en el tiempo.

El carbón, otro obstáculo

Las estadísticas afirman claramente que las renovables son fuentes de energía limpia con un gran futuro gracias a un importante crecimiento desde hace unos años. Sin embargo, mientras el carbón resulte una opción mucho más barata, su progresión nunca será suficiente para compensar las terribles emisiones de CO2 del carbón.

Un petróleo barato ensombrece el futuro de las renovables
Además de contaminar tremendamente, el uso del carbón también crece, y en mayor medida que las energías renovables, con lo que el abaratamiento del petróleo vendría a agravar esta situación. Según advierte la Agencia Internacional de la Energía (AIE), dentro de este contexto de primacía de los combustibles fósiles, las renovables son sólamente una pequeña aportación verde más significativa a nivel simbólico que real.

ASí las cosas, las emisiones de carbono siguen aumentando y quizá una nueva era marcada por un petróleo más barato podría dificultar la toma de decisiones globales vinculantes para frenar el cambio global. La cita de París habría de afrontar un panorama todavía más complicado, con un gas, carbón y petróleo omnipresentes.