Un tiburón vivo vale mucho más que uno muerto
Aunque su carne se comercializa como alimento y, en algún raro caso, como medicina, un tiburón es mucho más valioso cuando nada vivito y coleando (nunca mejor dicho) en las aguas de los océanos. Al menos ésa es la opinión científica después de un estudio elaborado recientemente por investigadores del Instituto Australiano de Ciencias Marinas.

Los científicos han calculado que cada tiburón que vive en la zona protegida en las islas Palau tiene un valor de casi dos millones de dólares. Un valor mucho mayor que si ese tiburón se pesca y se vende.

Para calcular el precio de un tiburón vivo, los investigadores consideraron el dinero que invierten los turistas que viajan a esta región situada en el océano Pacífico para bucear junto a los escualos. El archipiélago de Palau está compuesto por más unas trescientas cuarenta islas volcánicas y sus aguas, llenas de corales, fueron declaradas santuario de tiburones en 2009.

El país vive principalmente del turismo y, sobre todo, de los aficionados al buceo. Así, el gasto de los visitantes en billetes de avión, alojamiento y en la práctica del buceo constituye una parte muy importante en la economía de la nación. Se calcula que el turismo de buceo aporta, aproximadamente, el 39% del producto interno bruto (PIB) de las islas de Palau, que suma unos 218 millones de dólares.

Según el citado estudio, el 21% de los turistas eligió sus vacaciones en aquellas islas específicamente para ver a los tiburones. Este tipo de turismo aporta aproximadamente el 8% del PIB de Palau. Así, los investigadores calcularon que, los cerca de cien tiburones que viven en los lugares donde se practica el buceo, aportan cada año a la industria turística unos 179.000 dólares. Por tanto, cada tiburón acumula un valor a lo largo de toda su vida de 1,9 millones de dólares.

En cambio, si todos esos tiburones se cortan para vender su carne, se sacaría un beneficio de unos 10.800 dólares. Cada año, se matan en todo el mundo unos 73 millones de tiburones. En algunos casos, sólo se usan las aletas, arrojando el resto del cuerpo al mar.

Los investigadores de este estudio esperan que el argumento económico inspire a otros países a crear nuevas áreas protegidas y a fomentar el turismo ecológico.