Un tribunal otorga derechos básicos a un orangután
La sentencia es de película. Más que un fallo, es un grandísimo, enorme, colosal acierto, una sentencia histórica que concede por primera vez derechos básicos a un animal en cautiverio, abriendo la puerta a una nueva relación del ser humano con los animales, infinitamente más respetuosa y civilizada.

Si esa supuesta película tuviera banda sonora, el Aleluya de Haendel sería perfecta, no sólo por ser una noticia que alegra (séptima acepcion de la palabra), sino también, y sobre todo, por lo que tiene la palabra de demostración de júbilo (primera y segunda).

Y no es para menos. Como un “sujeto no humano” o persona no humana, así considera un tribunal argentino a los orangutanes, dando la razón a una ONG que pedía la liberación de Sandra, un orangután que vive en el zoo de Buenos Aires.

Un tribunal otorga derechos básicos a un orangután
La sentencia sienta un precedente revolucionario en la jurisprudencia argentina y en todo el mundo que, hasta ahora, consideraba a los animales como seres “sin ánima”, carentes de alma, es decir, cosas. El fallo es inédito en su tipo pero, más allá de su trascendencia simbólica, de ser todo un triunfo de los defensores de los animales, también establece que el animal puede gozar de derechos como los de una persona y disfrutar de condiciones de vida dignas, más allá de la triste realidad del zoo.

En el recurso que pedía la libertad de Sandra, una iniciativa de la Asociación de Funcionarios y Abogados por el Derecho de los Animales (Afada), se alegaba “el confinamiento injustificado de un animal con probada capacidad cognitiva”, solicitando que Sandra “pudiera vivir entre sus congéneres y en un lugar adecuado”.

Aunque la sentencia no es aplicable a otros animales, en el caso de Sandra, el tribunal acordó por unanimidad, “a partir de una interpretación jurídica dinámica y no estática, reconocer al animal el carácter de sujeto de derechos, pues los sujetos no humanos (animales) son titulares de derechos, por lo que se impone su protección en el ámbito competencial correspondiente”.

Sandra podría ser liberada

La justicia ha reconocido a Sandra tres derechos básicos: derecho a vivir, a ser libre y a no sufrir maltratos físicos ni psicológicos, concediéndole un hábeas corpus para que pueda abandonar el zoo porteño y ser trasladada a Brasil para vivir en semilibertad o libertad controlada.

Un tribunal otorga derechos básicos a un orangután
Sandra nació en el zoo alemán de Rostock y ha pasado los últimos 20 años en el zoo platense. Que lo abandone para empezar una nueva vida en un santuario dependerá ahora de que el fallo no sea recurrido y, por otro lado, de que sea positiva la respuesta que se obtenga ante una petición basada en el mismo fallo.

“Para eso falta, tenemos que pedir las medidas de liberación y después hacer el armado del eventual traslado, que no es una cuestión sencilla”, explica Gil Domínguez, abogado defensor de Sandra:

Esto es un antecedente inédito a nivel mundial. No solamente va a repercutir en este caso, sino que va a generar una gran discusión en términos jurisprudenciales en otros casos, en términos legislativos y en términos filosóficos: ¿qué entendemos filosóficamente cuando hablamos de humanidad?

Por su parte, responsables del zoológico se muestran contrarios a liberarla. Aseguran que está muy bien cuidada y vigilada a nivel sanitario. Aseguran estar tramitando su traslado a otro centro de fauna. Su liberación, a su entender, no garantizaría los cuidados que recibe actualmente.

Un tribunal otorga derechos básicos a un orangután
En Argentina hay antecedentes de otros recursos judiciales presentados a favor de primates que viven en zoos, apelando a los conocimientos científicos que establecen similitudes entre primates y humanos a la hora de pensar y sentir. En ellos se alega que estos simios “mantienen lazos afectivos, razonan, sienten, se frustran con el encierro, toman decisiones, poseen autoconciencia y percepción del tiempo, lloran las pérdidas, aprenden, se comunican y son capaces de transmitir lo aprendido en sistemas culturales complejos como el de los humanos”.