Una semana laboral de 21 horas para una economía sostenible
El centro de pensamiento británico New Economics Foundation (NEF) ha elaborado un documento en el que defiende que, para pasar de un modelo de crecimiento económico insostenible y en crisis como el actual, a otro en el que las necesidades vitales de las personas, el respeto por el medio ambiente y el estado del bienestar sean viables y sostenibles habría que reducir la jornada laboral hasta las 21 horas.

Esta cantidad de horas se ha establecido haciendo un cálculo del tiempo que la gente en edad de trabajar en el Reino Unido pasa en su empleo remunerado y por ser algo más del tiempo que se invierte en el trabajo no remunerado. En este sentido, si el tiempo medio dedicado al trabajo doméstico no remunerado y al cuidado de los niños, en 2005, fuera pagado con el salario mínimo, valdría el equivalente al 21% del PIB del Reino Unido. Los cálculos o difieren mucho en otros países industrializados.

Una red de académicos y activistas comprometidos con el medio ambiente apoyan la medida, al tiempo que reconocen que tiene parte de provocación. Se trata de cuestionar las actuales nociones sobre el trabajo y el tiempo, cambiar lo que se considera normal, de agitar las conciencias de la ciudadanía para que piensen en un cambio de dirección significativo. Esta propuesta de reducir y redistribuir el tiempo de trabajo remunerado no puede, lógicamente, ser una única medida, sino que tiene que ir acompañada de un cambio de mentalidad en toda la sociedad.

En realidad, no se está haciendo más que recuperar la petición del movimiento obrero de repartir el trabajo y que, en la actualidad, ha desaparecido casi por completo de la agenda sindical. Se vuelve a plantear la cuestión precisamente ahora porque, además del valor que tiene para el trabajador, en este momento se están poniendo en cuestión los límites de los recursos del planeta y del sistema económico basado en la globalización y en el crecimiento continuo y sin control.

Plantear una semana laboral de 212 horas es ir en contra de las propuestas de reforma laboral y de jubilación que apoyan más trabajo y más consumo, olvidando por completo temas relacionados como el paro, la desigualdad o el agotamiento de los recursos naturales. Una mezcla, pues, de vieja aspiración obrera y de nuevos retos ambientales. Más allá, se trata de plantar una semilla de esperanza contra el pensamiento único.

La base de todo este pensamiento es que, en realidad, el sistema económico nos empuja a la insatisfacción, una insatisfacción que tratamos de cubrir consumiendo, ya que el sistema está diseñado para favorecer que todos sigamos gastando para fomentar y justificar el continuo crecimiento.

En 1930, el famoso economista John Maynard Keines vaticinó, ante las innovaciones tecnológicas y sociales que se estaban produciendo, que, a comienzos del siglo XXI, la semana laboral podría verse drásticamente reducida hasta las 15 horas. A partir de entonces, el mayor problema era saber cómo utilizar nuestra libertad, nuestro tiempo. Toda la vida trabajando y, al jubilarse, muchas personas no saben qué hacer. No es sano. Ni ecológico.