Vacían la reserva de agua potable de una ciudad porque un joven orina en ella
¿Pueden considerarse contaminados 148 millones de litros de agua potable si se orina en ella una sóla vez? Poder, se puede, al menos desde un punto de vista teórico obsesivo y tremendista. El problema se agrava más, si cabe, cuando se suman factores que a menudo contaminan la respuesta y forma de reaccionar ante lo que en realidad es simple anécdota.

Sobre todo, si se siguen políticas de despilfarro del agua y erario público, como ha hecho el mismo director del departamento de aguas de la ciudad de Portland (Oregon) cuando, ni corto ni perezoso, tras difundirse la grabación de un joven orinando en la reserva, ordenó abrir las compuertas del embalse y su reemplazo por agua nueva.

¿O quizás este celoso funcionario actuó con sensatez? El tsunami de opiniones en contra que ha despertado el caso en medios de comunicación estadounidenses, donde el suceso figura en titulares nacionales e internacionales, parece venírsele encima sin contemplaciones.

148 millones de litros y 36.000 dólares

Se consideran ridículas sus explicaciones, que parecen tener más que ver con un lavado de imagen que con el sentido común. Para David Shaff, su decisión es adecuada porque para él la percepción pública de lo ocurrido tiene una importancia capital. En su contra: los análisis realizados tras la famosa micción dieron negativo y, además, se sabe que los animales defecan a menudo en la zona, por lo que la situación no era excepcional. Además, la jugada ha salido cara no sólo a nivel mediático, sino en términos de desperdicio de recursos naturales como de dinero, pues el vaciado y llenado ha superado los 36.000 dólares.

Vacían la reserva de agua potable de una ciudad porque un joven orina en ella
Excepto que se trate de una campaña viral premeditada a favor de no se sabe quién, algo harto improbable, lo lógico es que el joven ni siquiera imaginara el efecto dominó que iba a provocar su desahogo. Y, por supuesto, ni mucho menos que tras liberar su agüita amarilla tirarían por él de la cadena de un modo tan salvaje, usando millones de litros de agua potable, ya tratada y lista para suministrar. Ahora ya, simplemente es agua de alcantarilla que, por cierto, recibirían muy gustosos sus vecinos californianos, instalados en la sequía.