Veneno de araña para crear nuevos plaguicidas selectivos y biodegradables
Las arañas son una fuente de inspiración para la creación de pesticidas contra las plagas de insectos. Según afirman los científicos, sería posible aprovechar su letal veneno para convertirlo en un producto activo por vía oral y, de avanzarse en la investigación, incluso se podría conseguir que fuera altamente selectivo.

Actualmente se está estudiando con éxito el veneno de una tarántula australiana para desarrollar insecticidas que no pierdan efectividad, como ocurre con los modernos pesticidas. Según concluye una sorprendente investigación de la Universidad de Queensland (Australia), si bien el compuesto tóxico se inyecta en las presas en el medio natural, también resulta efectivo como insecticida oral.

Además de rociarse, otra posibilidad sería incorporarlo dentro de la misma planta desde su semilla para así mejorar su resistencia frente a las plagas. Por lo tanto, en este caso la idea sería fabricar el compuesto de forma artificial (tecnología de los genes), sin tener que criar tarántulas u otro tipo de arañas pero con el consiguiente riesgo que supone toda modificación genética.

La ingeniería genética encuentra atractivos los venenos de araña y de otros animales por estar altamente especializados para matar ciertos tipos de insectos que forman plagas, siendo inofensivos para personas, otros mamíferos o para los insectos benéficos, como las abejas.

Biomimetismo

Por insólito que parezca este estudio, existe una tradición al respecto. Los científicos han estado investigando durante décadas el veneno de escorpiones, arañas, anémonas de mar, caracoles cono y de otras criaturas venenosas para encontrarles aplicaciones prácticas.

Veneno de araña para crear nuevos plaguicidas selectivos y biodegradables
Innumerables estudios han intentado descifrar los compuestos de los venenos para ver cómo funcionan y así poder imitarlos aprovechando no sólo su selectividad sino su carácter biodegradable. Ello significa que, a diferencia de los plaguicidas químicos, además de no afectar a seres humanos ni a los polinizadores o demás animales que se desee proteger, tampoco se acumulan en el suelo o el agua.