Vertedero ilegal de neumáticos
En el límite de las provincias españolas de Madrid y Toledo, entre las localidades de Seseña y Valdemoro, se ubica una tremenda aberración ambiental, un vertedero ilegal de neumáticos usados. Se calcula que hay entre cuatro y cinco millones de ruedas, lo que supone entre 40.000 y 60.000 toneladas de desechos que habría que gestionar adecuadamente. Con tal cantidad de neumáticos se podrían llenar unos diez campos de fútbol.

Este vertedero obtuvo su licencia municipal en abril de 2003 y está gestionado por Disfilt, S.A. Su objetivo era dar servicio a las empresas que quisieran desprenderse cómodamente de estos residuos y almacenarlos para su posterior venta o reciclaje. Cobrando un precio por ello, claro. Sin embargo, incumplía la Ley de Declaración de Impacto Ambiental y la Ley de Residuos, pues no respetaban las condiciones mínimas de seguridad, sobrepasando el límite de almacenamiento, además de llevarlo a cabo a una distancia inferior a cincuenta metros de las torres de alta tensión.

A todo lo anterior, hay que sumar el impacto visual y el riesgo de incendio que suponía tal acumulación de ruedas. De hecho, llegó a producirse un incendio, que, afortunadamente, fue controlado por los bomberos. Así, todo acabó en sanciones administrativas y una sentencia judicial, en enero de 2009, con una pena de prisión de tres meses acompañada de una multa por delito contra el medio ambiente.

Posteriormente, la Consejería de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid realizó una inspección en la que se descubrió que no respetaban la Ley de Evaluación Ambiental por no tratarse de un gestor autorizado. Y, por consiguiente, también se podían pedir responsabilidades a las empresas que operaban con la empresa Disfilt, si es que incumplían la legislación vigente de forma consciente.

Después de todo este culebrón jurídico, y aunque el cementerio ha sido cerrado (desde 2005 no entran más neumáticos, al menos, en la parte que corresponde al territorio de Castilla- La Mancha), el problema es que los terrenos son de propiedad privada y hay que alcanzar un acuerdo con su dueño para su gestión. (Esto son los problemas que surgen cuando lo público tiene cada vez menos importancia.) Y ahí siguen todas esas ruedas.