Vivir como nuestros abuelos
Vivir como vivíamos hace cincuenta años. Vivir como vivían nuestros abuelos. Sin ser conscientes, ellos llevaban un modo de vida mucho más ecológico que el actual. Pero esta idea no hay que entenderla como un retroceso. Es replantearse qué importa en la vida. Una vez hecho ese cambio de mentalidad, y con la tecnología de la que disponemos, la calidad de vida puede incrementarse exponencialmente.

Nuestras abuelas iban a recoger agua a la fuente. Sabían el valor del agua y no la desperdiciaban. Usaban cocinas de leña o de carbón y comprobaban cada mañana lo que costaba preparar un café. Conocían el valor de la energía. La generación actual no tiene por qué vivir esas situaciones para darse cuenta de lo importante que es la energía, el agua, los recursos, en definitiva, el medio ambiente. Sólo tiene que ser consciente de ello. Sólo pensar detenidamente a donde nos lleva un modo de vida como el que llevamos en la actualidad. Sólo eso. Reflexionar. Para actuar de forma responsable y, al mismo tiempo, disfrutar de una vida llena de comodidades.

Ahora es el momento. Este momento de crisis económica es el mejor momento. Y así lo señalan muchos expertos. La sociedad que afronte la crisis apostando por el consumo responsable y generando un cambio de mentalidad hacia una visión menos materialista, saldrá fortalecida de ella. Para ello, es necesario generar una cultura de consumo responsable, un cambio de mentalidad hacia un enfoque menos materialista.

Nos jugamos, no sólo nuestra felicidad, nuestro estado de bienestar y nuestro desarrollo, sino el de las generaciones futuras. Nuestros abuelos, quizá sin saberlo, vivieron de forma que nos dejaron un mundo mejor. Pero nosotros, ¿dejaremos un mundo mejor a nuestros hijos, a nuestros nietos?

No hay mejor momento para cambiar de mentalidad que el actual. Es una responsabilidad de todos. Las energías renovables, desterrar la cultura de usar y tirar, apostar por la sostenibilidad, realizar un consumo responsable y pensar en las próximas generaciones pueden, no sólo salvar el planeta, sino suponer una verdadera revolución mundial. La revolución global que no recurre a la violencia.