Así es vivir en una casa que se mueve con el viento
Construir una casa que gira al albur del viento es una gran idea desde un punto de vista creativo. Incluso se puede considerar una casa ecológica por lo que aprovecha la luz solar y su diálogo constante con un elemento tan natural como es el viento. ¿Pero, es una buena idea a nivel práctico?

En este post vamos a intentar responder a esa pregunta a partir de la experiencia de sus creadores, pues también ellos han sido sus moradores durante unos días. Como ocurre con tantas y tantas cosas, os adelanto que tiene sus pros y sus contras.

¿En qué consiste este invento?

Como puede verse en las imágenes, se trata de una casa realmente peculiar. Si además de ver las instantáneas vemos el vídeo, entonces la sorpresa es aún mayor. Y es que la casa no está inclinada por simple cuestión de diseño, sino para dejarse mecer por el viento.

Además, los artistas que la han creado, Alex Schweder y Ward Shelley decidieron que también se inclinaría al caminar dentro de ella. Es decir, se trata de un proyecto tan curioso como inédito. Su intención con este experimento ha sido explorar cómo el hábitat nos afecta psicológicamente.

Así es vivir en una casa que se mueve con el viento
De este modo, también pretenden que reflexionemos sobre nuestros lugares de residencia y cómo influyen en nuestra forma de vivir, sensaciones, rutinas, comodidades e incomodidades. En lo mucho que nos separan de la naturaleza, en su lado positivo al actuar como refugio, pero también en lo que nos aparta del entorno.

Bautizada como Reactor, la creación está ubicada en el Omi International Arts Center, en Ghent, Nueva York. Para moverse por doble partida, inclinándose en función del doble movimiento, interior y exterior, se asienta sobre un pilar de hormigón sobre el que bascula.

Estancia inaugural

Los padres de la criatura decidieron habitarla durante cinco días para inaugurarla, si bien la casa se exhibirá durante dos años. Un periodo durante el que no faltaron visitantes, sobre todo porque no es lo mismo verla vacía que con dos habitantes. A lo largo de su estancia la casa cobró vida, con el atractivo añadido de que sus paredes son de cristal.

Así es vivir en una casa que se mueve con el viento
El reto era tanto disfrutar o quizá padecer, según se mire, el movimiento continuo que realiza la casa en función del viento y combinarla con el control de los suyos propios, otra fuente de movimiento. Al igual que ocurre en la naturaleza, caracterizada por constantes cambios.

Una increíble experiencia

La experiencia resultó precisamente eso, toda una experiencia. Sus moradores las han narrado en sus diarios y los extractos de sus anotaciones que se han publicado en la red me han parecido muy interesantes.

Tras un sinfín de preparativos de lo más previsibles, como llenar la nevera y contar con todo lo que iban a precisar para vivir el día a día en su interior, llegó el momento de la verdad. Ese instante en el que “se levanta el viento y comenzamos a girar. Siento que empiezo a enamorarme”, escribe Shelley.

Así es vivir en una casa que se mueve con el viento
Desde la primera noche quedó claro que la hora de dormir iba a llegar cuando se pusiera el sol. “Se hizo de noche sobre las 20:45. Todo se oscureció y a las 21:15 el sueño cayó también como un manto sobre nosotros”, explica Schweder.

¿Y el movimiento, qué hay de ese constante baile? Cuestión de acostumbrarse, en un principio. Más allá de eso, sus habitantes señalan que hasta la más leve brisa mueve la casa. De forma leve, pero perceptible.

Un paisaje de 360 grados

“Es grandioso, los movimientos son elegantes y oceánicos”, y siempre hay algo que mirar, afirma Shelley. Su paisaje natural ofrece interesantes vistas, siempre nuevas, pues la naturaleza es así, cambiante aunque solo sea en pequeños detalles.

A su vez, el movimiento de la casa cambia las sombras, con lo que en muchas ocasiones se han visto obligados a moverse en busca de la sombra. Igualmente, al igual que dijo su compañero, Shweder también se maravilla con el hecho de que “el sueño aparezca y desaparezca con la luz del sol”, así como por una mayor camaradería entre ambos por el simple hecho de estar más pendientes el uno del otro.

Así es vivir en una casa que se mueve con el viento
La experiencia también les ha acercado a la naturaleza. Sentir el viento de este modo tan peculiar, así como estar conectados al paisaje y a la salida y puesta del sol de un modo directo les ha dejado una positiva huella psicológica.

“Durante la noche tuvimos tormentas, por lo que esta mañana amaneció benditamente fresco”, escribe Shelley, emocionado con la actividad de la naturaleza, percibida desde el interior de la casa. “Ahora el sol volvió con una venganza alegre y Alex y yo pasamos gran parte del día esquivando los rayos. Puesto que el reactor se mantiene en movimiento, no es posible encontrar una sombra fiable para la lectura”, cuenta.

Así es vivir en una casa que se mueve con el viento
Para él, ésta es “su única queja”. Como aspecto favorito destaca “el lento y constante movimiento”, con lo que ventajas e inconvenientes forman parte de la misma moneda. El domingo, día 31 de julio, abrir los ojos y llevarse una alegría inmensa fue una misma cosa: “Me sentía como un niño cuando al despertar pude contemplar la primera nevada de la temporada”. Se sentó en la cama y disfrutó de aquel momento mágico.

Finalmente, llegó la hora de abandonar la casa. Aunque salieron de ella con “una sensación de belleza y placer”, dice Shelley, todavía hemos de procesar el significado de la obra e inspirarnos en ello para hacer un nuevo trabajo.