Volver a la Naturaleza tras la muerte
Pasar a la otra vida de forma por completo ecológica es técnicamente imposible. Sin embargo, las prácticas funerarias pueden acercarnos más o menos a la Naturaleza, al tiempo que supondrán un mayor o menor impacto ambiental.

Como es bien sabido, el enterramiento convencional no resulta ecológico por distintos motivos. Entre ellos, el uso que se hace del espacio, los productos con los que se tratan los cuerpos y los materiales con los que se fabrican los ataúdes.

Aunque también es cierto que los ataúdes ecológicos están empezando a abrirse paso en el mercado, sigue siendo una opción muy minoritaria. Previsiblemente, en el futuro, el sector irá adaptándose a las demandas y mejorando estos aspectos.

En algunos países o, más concretamente, en zonas todavía no colonizadas por el mundo moderno, se entierra naturalmente. Ocurre, por ejemplo, en los cementerios bereberes, donde los cuerpos se sotierran envueltos en un simple sudario en lugares naturales privilegiados. Como consecuencia de ello, se crean espacios de gran biodiversidad de forma espontánea.

La muerte como fuente de vida

El ciclo natural de la vida, en el que vida y muerte son las dos caras de una misma moneda, puede realizarse tanto a través de un enterramiento “natural” como a través de la cremación. Sin embargo, en ambos casos puede acabar suponiendo un problema de contaminación en lugar de lo pretendido.

Volver a la Naturaleza tras la muerte
Aunque el concepto del eterno retorno se encuentre en las bases de la cultura occidental, y el Antiguo Testamento también nos recuerde aquello de “polvo eres y en polvo te convertirás”, en la práctica las cosas son muy distintas.

Problemas de contaminación

El problema de la polución puede presentarse en situaciones que podríamos considerar eco amigables e incluso ideales. Se trata, lógicamente, de una cuestión estadística. Es así como se entiende la alarmante situación que podría provocar un enterramiento “natural” masivo en sociedades modernas. No en vano, éstas se caracterizan por un uso intensivo de químicos que llegan a nuestro organismo en forma de medicamentos y otros productos alimenticios o cosméticos.

Muchos de ellos son compuestos bioacumulativos que ingerimos directamente o a través de la cadena alimentaria. El resultado es una grave amenaza ambiental a la hora de realizar esos supuestos enterramientos naturales.

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En algunos países existe la opción de unos funerables bio que intentan paliar todo problema ecológico sometiendo al cuerpo a un tratamiento previo de limpieza a casi 200 grados bajo cero. A continuación, se introducen los restos en un ataúd bio y se entierran. Se trata de una iniciativa pionera en Suecia (1999), adoptada en los últimos años por otros países, como Alemania, Reino Unido o Corea del Sur.

Esparcir las cenizas en la naturaleza también puede traer problemas ambientales, sobre todo cuando se eligen lugares de forma repetida, incluso hasta acabar convirtiéndolos en cementerios de urnas, tal y como ocurre en algunos puntos costeros.

Tampoco se trata de “comerse” las cenizas de los difuntos, tal y como hacen algunas tribus amerindias. Actualmente hay soluciones respetuosas con la naturaleza que también son un bálsamo para el espíritu de quienes lloran la muerte de sus seres queridos.

Las incineradoras generan residuos

Si bien las cenizas humanas en sí pueden no ser contaminantes, no ocurre lo mismo con la incineración. No es ningún secreto que las incineradoras o crematorios son una fuente de polución tremenda a nivel ambiental y de salubridad.

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La salud pública de las áreas cercanas a estos lugares suele verse deteriorada. Sobre todo, cuando se incumplen las normativas, algo, por otra parte, bastante habitual. Igualmente, las legislaciones pueden dejar mucho que desear al respecto.

Sea como fuere, no puede negarse que las incineradoras generan residuos. Además, teniendo en cuenta que la cremación es un método cada vez más frecuente, el problema ambiental se dispara. Es decir, crece de forma proporcional a su popularización, convirtiéndose en una nueva fuente de polución atmosférica a la que prestar más atención.

El futuro de los crematorios

Encontrar consuelo en la Naturaleza a la hora de afrontar la pérdida de los seres queridos está convirtiéndose en tendencia. En este sentido, los crematorios, por lo general grandes moles de hormigón, están sufriendo una evolución muy interesante.

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El crematorio Diamond Hill, en Hongo Kong, es un claro ejemplo. Muestra la evolución hacia una arquitectura más verde, en la que las líneas son sencillas, hay ventilación natural y se incorporan las plantas como elemento ornamental que ayude a hacer más humano el entorno, atendiendo también al aspecto emocional.

A su vez, se alude a ese eterno retorno que también supone un consuelo, con la idea de que la muerte no es el final. El acceso a los nichos, ubicados en diferentes pisos, también se realiza recorriendo escaleras ajardinadas y fuentes rodeadas de flores de colores alegres, que buscan levantar el ánimo de su visitantes.

Bosques en lugar de nichos

En la misma línea, están empezando a crearse camposantos que son todo un canto a la Naturaleza. Incluso se ha planteado reforestar áreas degradadas con árboles que crezcan abonados con cenizas procedentes de personas o, por ejemplo, mascotas.

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Las cenizas son abono de semillas que se convierten en árboles o plantas que los familiares pueden ir a visitar. Incluso puede hacerse en casa, con soluciones domóticas que resultan sorprendentes. En todos los casos, más allá de su lado eco, lo importante es el hermoso simbolismo que florece, como si de una flor silvestre se tratase. Como dijo el Principito, lo importante es invisible a los ojos.