Actividades como lavar la ropa o conducir polucionan los océanos
Los microplásticos son unos plásticos microscópicos, que contaminan los océanos junto con otros de mayor tamaño, como bolsas, botellas y otros envases que, con el paso del tiempo también acaban degradándose, hasta disolverse en el agua igualmente. Se trata de la conocida como sopa de plástico, y a ella contribuyen objetos cotidianos que usamos en el día a día.

Según advierte un nuevo estudio de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN, por sus siglas en inglés), los océanos están siendo contaminados con una preocupante cantidad de microplástico, además de otros tipos de plástico que no representan un problema menor.

De seguir así, mucho antes de lo que imaginamos los mares acabarán convirtiéndose en un inmenso basurero flotante. En algunas áreas como Europa o América del Norte, de acuerdo con el trabajo, la contaminación por microplásticos es mayor que la provocada por los plásticos más grandes.

En concreto, la UICN destaca el problema que suponen los procedentes de neumáticos y textiles, sin contar otros microplásticos, como fuente de contaminación más importante que los plásticos visibles a simple vista.

Un tercio de la sopla de plástico

Para hacernos una idea de lo dañino que puede ser este plástico para los ecosistemas marinos, la UICN explica que las partículas invisibles de productos tan comunes como son la ropa sintética y los neumáticos para automóviles suponen un tercio del microplástico que contamina los océanos.

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Así lo concluye el informe realizado por este grupo conservacionista, cuyo objetivo es concienciar sobre este tipo de contaminación, en la que normalmente no se suele poner el foco.

Ser ajenos a esta realidad es sinónimo de agravamiento de la situación. Por el contrario, actuar puede hacer una gran diferencia. Desde UICN se hace un llamamiento a la población para poner freno a esta situación.

La necesidad de actuar: fabricantes y consumidores

Solo si los consumidores reaccionan, y lo hacen a tiempo, se podrá detener esta masiva contaminación que no cesa para así salvar los ecosistemas, al tiempo que preservamos la salud humana.

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“Nuestras actividades diarias como lavar la ropa y conducir contribuyen significativamente a aumentar una contaminación que asfixia nuestros océanos, con efectos potencialmente desastrosos”, dice Inger Andersen, director de la UICN.

Obviamente, no solo es una responsabilidad del consumidor, pero también es cierto que alertar al consumidor sobre dicha problemática es una buena actuación por parte de UICN.

Por otra parte, la organización es perfectamente consciente de que una normativa restrictiva y una responsabilidad social empresarial son piezas claves para solucionar el problema. De hecho, no puede negarse que un electorado exigente o, al menos, sensibilizado con los temas ecológicos también es un punto de apoyo desde el que mover el mundo, según la famosa frase atribuida a Arquímedes.

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Teniendo en cuenta la importancia de actuar desde distintos frentes, la UICN apunta que sería útil que los fabricantes de neumáticos y fabricantes de ropa cambiasen sus métodos de producción.

Ello implica la necesidad de innovar, de buscar otras fórmulas que sean factibles para las empresas, al tiempo que respeten el medio ambiente. Encontrar ese punto de equilibrio es lo que desesperadamente reclama la IUCN.

También apuntan que el consumidor debe estar alerta y buscar igualmente alternativas menos contaminantes. Por ejemplo, debemos primar los tejidos naturales. Ambos cambios son necesarios, concluyen, si bien una falta de oferta competitiva en este sentido lo pone realmente difícil al consumidor.

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Sea como fuere, una cosa es cierta: el problema actual es el que es y, con el fin de detener su avance la UICN advierte de las consecuencias de este tipo de contaminación tanto en el entorno como en la salud humana.

Un impacto ambiental que afecta a nuestra salud

En su investigación, la UICN analizó los datos de siete regiones del mundo para analizar qué porcentaje de microplásticos había en el total de residuos plásticos que acababan en los océanos cada año, estimado en 9,5 millones de toneladas.

“Nuestras actividades diarias provocan efectos potencialmente desastrosos en la rica diversidad de la vida marina y la salud humana”, advierte la organización en un comunicado. Además de los textiles y neumáticos, estas partículas también se encuentran en multitud de cosméticos, productos de higiene personal o, por ejemplo, los revestimientos de buques y el mismo polvo urbano.

El grave problema que subraya la organización es la falta de medidas con respecto a este tipo de desecho, tan invisible a simple vista como en las políticas de prevención y gestión de residuos. “Tenemos que mirar más allá de la gestión de residuos, si queremos hacer frente a la contaminación de los océanos en su conjunto”, dijo Andesern.

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También es un hecho que los microplásticos acaban en nuestro plato o, lo que es lo mismo, en nuestros estómagos, puesto que pasan a introducirse en la cadena alimentaria. Por otro lado, el ciclo del agua también puede hacer que acabemos bebiéndolos al formar parte de los recursos hídricos.

Puesto que se trata de un fenómeno nuevo, no hay muchos estudios que hayan indagado sobre los efectos de estos microplásticos en el organismo pero, sinceramente, basta con un poco de sentido común para saber que no es una buena cosa.

Por último, no olvidemos que además de dosis tóxicas de mercurio, numerosos peces también tienen piezas de plástico en sus estómagos. De acuerdo con un estudio del Instituto de Investigación Marina Algalita, en California, Estados Unidos, alrededor del 5 por ciento del pescado tienen “una media de una o dos piezas de plástico en sus estómagos”.