Agricultura natural, casi sin intervención humana
A veces, el ser humano necesita un golpe para reaccionar. En cierto sentido es lo que está ocurriendo en Japón. Después del desastre de Fukushima, la opinión pública, no sólo se ha concienciado sobre la necesidad de apostar por las renovables y el ahorro energético, sino que hay un ambiente general de ecologismo.

Hace unos cincuenta años un joven japonés llamado Masanobu Fukuoka vio una mata de arroz en una acequia, al lado de un camino. Había brotado espontáneamente entre una maraña de tallos arroz. Era una planta sana, resistente. Fukuoka se preguntó el motivo de esa fortaleza.

Fukuoka trasladó ese pensamiento, a lo largo de varios años, en un sistema llamado agricultura sin intervención. Es un tipo de agricultura que no requiere trabajo humano, pero que consigue rendimientos que se sitúan entre los más productivos de Japón. La clave, descubierta mediante ensayo y error, es imitar la sucesión y la protección naturales del suelo.

A principios de octubre, Fukuoka siembra a mano semillas de trébol en su cultivo de arroz. Poco después, siembra semillas de centeno y cebada, recubriendo las semillas con arcilla para evitar que los pájaros se las coman. Cuando es tiempo de la cosecha de arroz, lo siega, lo trilla y devuelve la paja al campo. Para entonces el trébol ya ha crecido, lo que contribuye a sofocar las malas hierbas y a fijar nitrógeno en el suelo. A través de la paja y trébol, el centeno y la cebada brotan y comienzan a crecer. Justo antes de cosechar el centeno y la cebada, reinicia el ciclo de sembrando semillas de arroz. Es un ciclo de autofertilización y autocultivo, que se repite una y otra vez. Se puede cultivar en el mismo campo durante muchos años sin perjudicar en exceso la fertilidad del suelo.

En vez de mantener sus campos inundados, Fukuoka se limita a mojarlos lo justo para impedir la germinación de malas hierbas. Luego, deja que drenen el exceso de agua. Este método sólo requiere unos pocos días de trabajo por parte de una o dos personas para sembrar y recoger la cosecha.

Este tipo de agricultura natural se está extendiendo por Japón y otros países. En China, ya hay unas 4.000 hectáreas. Dejar que la naturaleza siga su curso, aprovechándose de lo que ofrece. Y de su sabiduría.