Algas como aislante de edificios
Las algas tienen ciertas características que las hacen susceptibles de ser usadas como aislante de edificios, como han señalado investigadores alemanes. Los científicos han trabajado con un equipo de ingenieros industriales para convertir las algas en material de aislamiento viable.

Es importante señalar que las algas son una materia prima abundante en muchas zonas. De hecho, en algunas regiones costeras son casi una plaga: las algas se acumulan en las playas y son un verdadero inconveniente. Hay que recogerlas para limpiar la costa. Si se usan como material de construcción, lo que hasta ahora es una molestia se puede convertir en un compuesto con mucho valor.

Las playas del Mediterráneo, por ejemplo, se llenan durante casi todo el año de pequeñas bolas de algas, que proceden de la Posidonia oceánica. En muchos casos, estas algas acaban en el vertedero, aunque también se está investigando cómo aprovecharlas para generar energía, entre otros usos.

Las algas son prácticamente ignífugas y resistentes al moho, características que representan una gran ventaja para que se usen como aislante en edificios sin que sea necesario añadir sustancias químicas contaminantes entre vigas, techos e interior de las paredes. Las algas pueden absorber y expulsar vapor de agua sin perder sus propiedades aislantes. Por otra parte, tienen un bajo porcentaje de sal, así que es casi imposible que lleguen a descomponerse.

Algas como aislante de edificios
Con todo, para usar las algas como material de construcción se necesita tratarlas. En especial, es esencial retirar la arena que se queda pegada. El Instituto Fraunhofer de Tecnología Química (ICT) ha probado algunos métodos para convertir los restos de Posidonia en un material aislante viable.

Edificios frescos en verano

Para lograr fibras con suficiente longitud el mejor método es agitar las bolas de Posidonia. Después, se trituran, según explica la doctora Gudrun Grübe, del ICT. El material aislante que se obtiene es capaz de almacenar bastante energía (unos 2.502 julios por kilogramo kelvin), un 20% más que la madera o los productos derivados de ésta.

En definitiva, usando algas para el interior de las paredes se logra mantener frescos los edificios durante el calor del verano. Además, no contienen materiales tóxicos, por lo que es un material que no influye negativamente a los alérgicos. Por último, se reutiliza un residuo natural.