Cobre, ratas, chabolas y niños
Hay ciudades, como Madrid, por las que se puede ver por la calle a personas con carros de la compra, que han cogido “prestados” a los supermercados para llenarlos de cables y cualquier tipo de cacharro del que se pueda extraer algo de cobre. Falta cobre en el mercado y se vende a buen precio. Es una forma de ganarse la vida para personas que no tienen trabajo, quizá, algunos, ni siquiera tengan los papeles en regla.

No hay nada malo en ello, ya que lo único que hacen es recoger basura que encuentran en vertederos de obra y lugares así. El problema viene después. Muchos de los cables están recubiertos de plástico. El cobre se recupera, vale mucho dinero, pero el plástico se desecha, y es muy contaminante. En los poblados donde viven se acumula ese plástico que una vez envolvió el preciado cobre y que acaba acumulándose en las calles de los poblados marginales, donde no llegan los servicios públicos de limpieza. Allí, se acumulan ratas y otras plagas. Y allí, también, juegan los niños que viven en los poblados. Un grave problema para el medio ambiente y para la salud pública.

En Madrid, una de esas zonas es conocida como El Gallinero. Por fin, el Ayuntamiento de la ciudad ha decidido hacer algo al respecto en este problema de falta absoluta de salubridad. Excavadoras del Servicio Especial de Limpieza Urgente (Selur) han comenzado a retirar toneladas y toneladas de plástico y basura en general que se acumulaba cerca de la Cañada Real, un lugar de paso y de comercio para toxicómanos.

Camiones del Servicio de Limpieza se llevan el plástico de los cables y vuelven a por más. Para los vecinos de la zona, el mayor problema son las ratas. Creen que no podrán matar a todas. Aunque se desratizó, se siguen viendo roedores por allí. Según los responsables del Selur, la limpieza puede durar unas tres semanas. Claro que no se hacía este servicio desde 2008: tres años de acumulación de basura.

En esta época del año, cuando los termómetros sobrepasan los treinta grados centígrados a cualquier hora del día, el olor que desprende el lugar es horrible. Voluntarios de las parroquias de Santo Domingo de la Calzada y de San Carlos Borromeo, que trabajan con los más de doscientos niños del poblado, pidieron al Ayuntamiento una limpieza urgente de la zona.