Declaración de Nueva York sobre los Bosques
Todo avance que signifique una puerta abierta a la esperanza de un mundo mejor y más verde tiene su valor, un gran valor, incluso, pero en este caso es una pena no haber conseguido un resultado más a corto plazo. Es interesante, no cabe duda, que la Declaración de Nueva York sobre los bosques haya conseguido una condena internacional de la deforestación y el compromiso de detenerla en 2030.

Sin embargo, no podemos lanzar las campanas al vuelo, y la razón es muy sencilla. Simplemente, porque de aquí hasta esa fecha ese propósito podría ser en vano. “Para entonces, ya no quedarán árboles”, afirma Greenpeace, denunciando al mismo tiempo el frenético ritmo al que desaparecen los bosques y el plazo estipulado por el acuerdo, firmado por 32 naciones y más de 20 multinacionales.

Decepciones y grandes logros

El acuerdo tiene otros fallos no menores, como la exclusión de Argentina y Brasil, éste último el país de mayor sueprficie boscosa. Pero no todo es dramático, también hay motivos para la alegría. Sin ir más lejos, el acuerto firmado en la sede de la ONU también implica reducir a la mitad los niveles de deforestación para 2020, según suscribieron países de varios continentes, entre ellos Estados Unidos, Canadá y México, además de otros latinoamericanos como Colombia, Costa Rica, Perú, Chile y algunos europeos, entre otros Francia, Alemania o Reino Unido.

Declaración de Nueva York sobre los Bosques
El compromiso por parte de las empresas -Cargill, Danone, Johnson & Johnson, Kellogg’s, L’Oreal, McDonalds, Procter & Gamble, Walmart, Grupo Bimbo y Unilever- también es clave y satisfactorio. En concreto, más de 20 multinacionales del sector de la alimentación se comprometieron a obtener el aceite de palma de formas respetuosas con el entorno. Esperemos que la inercia del consenso siga y permita llegar a un acuerdo global para la lucha contra el cambio climático en la reunión del clima que acogerá París en 2015.