Edificios de oficinas inteligentes
Los edificios de oficinas, los altos rascacielos que, en horario laboral, de lunes a viernes, funcionan a pleno rendimiento, suponen un gran gasto de energía y recursos. Un medio ambiente más saludable y la lucha efectiva contra el cambio climático pasa por diseñar edificios inteligentes, rascacielos verdes.

La tecnología, en este aspecto, va a desempeñar un papel esencial para lograr los objetivos de eficiencia y ahorro energético y reducción de emisiones de dióxido de carbono (CO2). Pero, además de la tecnología, se debe empezar a cambiar la mentalidad y pensar que el trabajo no es donde uno acude (la oficina), sino lo que hace.

Siendo prácticos, no podemos olvidar que mucha gente pasa la mayor parte de su tiempo en la oficina. Así, no sólo trabaja, sino que también come o, incluso, usa los descansos para ir a un gimnasio cercano o para leer o escuchar música. Por tanto, hay que analizar todos estos aspectos y no contentarse con reducir el gasto en iluminación usando bombillas led. Por ejemplo, ¿por qué no cultivar alimentos en la oficina?

Las energías renovables son cada vez más fácilmente instalables en cualquier superficie. Las propias ventanas pueden tener placas solares transparentes. Incluso las mesas de trabajo podrían contar con pequeñas instalaciones solares para producir la energía que necesitan los ordenadores o las lámparas. Se trata de cambiar la mentalidad y, con ello, todo el diseño de una oficina.

La iluminación y la temperatura de las habitaciones se pueden controlar con sensores inteligentes. Ninguna sala vacía debería tener las luces encendidas. Por otra parte, no se perdería confort: se calentaría la sala antes de comenzar una reunión y se apagaría la climatización antes de acabar.

Edificios de oficinas inteligentes
Incluso se puede ser más eficiente en la limpieza de los edificios, recubriendo los materiales con productos anticontaminación o antisuciedad. En este sentido, los muros de la sede de Air France en el aeropuerto Roissy-Charles de Gaulle, cerca de París, siguen siendo blancos a pesar de toda la contaminación que hay a su alrededor. (Es verdad que mejor sería reducir la contaminación.)

Otra de las tendencias es diseñar jardines verticales. Pueden servir como mero adorno o se pueden cultivar verduras. En cualquiera de los dos casos, se absorbe dióxido de carbono y se libera oxígeno. Se lucha contra el cambio climático y se purifica el ambiente. Además, también se regula la temperatura y la humedad.

Cultivo de algas

edificios inteligentes-2
Otra opción que se está probando es el cultivo de algas. Cuenta con varias ventajas: se logra generar energía limpia a partir de una fuente renovable y absorben el doble de carbono que una planta. Las algas se pueden aprovechar de otras formas, como recolectándolas como biomasa para elaborar biodiésel.

Para impulsar todas estas medidas, lo esencial es la capacidad de arriesgarse por parte de diseñadores, arquitectos, empresas… Son ideas que necesitan inversión pero que no todos confían en que funcionen. O en que duren. Quien no se arriesga, no gana, como se suele decir.

Sin embargo, los que se arriesguen, a largo plazo, conseguirán mucho más que los beneficios ambientales. Los edificios suponen el segundo mayor coste de una empresa, sólo después del coste por personal. Unas oficinas inteligentes pueden ahorrar mucho dinero. Ahorro en recursos: se usa menos energía y agua, y se generan menos residuos, así que también se ahorra en la gestión de éstos.

Una última ventaja. Varios estudios demuestran que una oficina que ofrezca un entorno de trabajo agradable y saludable fomenta la productividad de los trabajadores. Un oficinista a gusto con su puesto de trabajo trabaja mejor. En definitiva, todo son ventajas y no hay ningún inconveniente. Sólo hay que creer en ello e invertir. Se ganará un ambiente más sano, se ahorra dinero y los trabajadores estarán más contentos.