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Efectos y soluciones del cambio climático

Efectos y soluciones del cambio climático

El cambio climático implica una mayor intensidad, duración y frecuencia de los eventos extremos, razón por la que se llaman así. Igualmente, el ritmo actual de emisiones de gases de efecto invernadero nos pone al borde del abismo.

Los efectos

Los efectos que provoca el cambio climático todavía se desconocen de forma completa. Una de las características de este fenómeno, de hecho, es la incertidumbre que existe con respecto a ello. Como primera causa del aumento de las emisiones de efecto invernadero se ha observado un aumento de las temperaturas promedio.

Es decir, no estamos hablando de un aumento de la temperatura en términos absolutos, sino de un incremento de las temperaturas promedio. Junto a ello, también se ha observado el desencadenamiento de eventos extremos asociados.

Son episodios que pueden llegar a ser crónicos, sobre todo en el caso de las sequías, relacionados con el mismo aumento de las temperaturas, adoptando la forma de olas de calor, tormentas, huracanes, incendios e inundaciones. Prevenirlos es difícil, pero no siempre imposible, sobre todo resulta complicado cuando es a medio y largo plazo.

La razón es doble: además de utilizarse modelos predictivos que contienen factores variables no siempre válidos, los efectos del cambio climático son como una especie de ruleta rusa. Otros efectos no lo son, empezando por el deshielo, con lo que ello supone para especies autóctonas de los polos y para el aumento del nivel del mar. En este aspecto, se espera la inundación de numerosas zonas costeras, ciudades incluidas, lógicamente.

A su vez, unos efectos llevan a otros, produciéndose una suerte de efecto dominó cuyas consecuencias varían en función de las características del lugar donde se producen. Eso, sin contar con la influencia que ejercen otros fenómenos climáticos, como El Niño o La Niña, por lo que nos encontramos con una ciencia todavía en mantillas, que apenas alcanza a advertir del peligro que supone seguir al ritmo actual de emisiones. Por lo tanto, al margen de que las predicciones sean todavía una ciencia poco exacta, una cosa está clara: hay que actuar, buscar soluciones antes de que sea demasiado tarde.

Las soluciones

En efecto, el consenso científico que existe con respecto a la causa antropogénica del cambio climático está fuera de toda duda, al margen de lo propugnado por teorías negacionistas, cada vez más minoritarias. Pero que el calentamiento global se deba al ser humano o, más exactamente, a las emisiones de gases de efecto invernadero, significa únicamente esto, sin más.

Por otra parte, está la cuestión de combatir ese cambio climático. A este respecto, las soluciones pueden ser muy distintas. Sin embargo, prevenir siempre es mejor que curar, y por lo tanto reducir emisiones es el camino a seguir.

Eso sí, para que esa reducción sea realmente efectiva debe hacerse de forma urgente, pues el tiempo corre en contra.

Encontrar una solución al cambio climático no significa lograr un efecto retroactivo. No, al menos, si no se consigue aplicar alguna tecnología revolucionaria que hiciese la diferencia. En este sentido, no faltan los inventos que proponen soluciones casi casi de ciencia ficción.

Como vimos en un anterior post, algunas propuestas plantean encontrar solución al cambio climático a través de curiosos proyectos de geoingeniería y demás disciplinas científicas. Entre otras, se plantea frenar el calentamiento global enterrando el CO2, esparciendo polvo de diamantes o recurriendo a la actividad volcánica para llenar la atmósfera de azufre y así bajar la temperatura.

En un plano más realista, la sostenibilidad es el concepto clave, y si de tecnologías existentes se trata, también se han propuesto numerosas soluciones. El objetivo, en este sentido, no sería otro que estabilizar los niveles de CO2 sin renunciar al progreso.

Los objetivos serían múltiples. Desde aumentar la eficiencia del uso de combustibles o a nivel energético en general hasta reducir la necesidad de utilizar energía, bien cambiando lo que haya que cambiar a nivel tecnológico como recurriendo a una mayor concienciación social.

A la hora de buscar la sostenibilidad, ésta puede aplicarse a tantísimos ámbitos de la vida, que especificar de forma pormenorizada resulta prácticamente imposible. Las áreas principales coinciden, lógicamente, con los sectores que se consideran grandes emisores.

Un gran desafio

Como gran desafío a este respecto, hemos de señalar tanto el problema de la superpoblación mundial como la necesaria revolución energética. Del uso de combustibles fósiles hemos de pasar a su progresivo abandono recurriendo a una alternativa archiconocida, como son las energías limpias.

Actualmente, las renovables son la opción estrella. Y, dentro de éstas, la tecnología fotovoltaica. En segundo lugar, las turbinas eólicas, en sus distintas modalidades, sin olvidar otras muchas energías renovables que están logrando grandes avances o a punto de hacerlo.

Entre otras, la geotérmica o la maremotriz. Un camino que, por ejemplo, la ONU evaluó de forma muy positiva en su último informe sobre las energías renovables, titulado "Las opciones de la tecnología verde: las implicaciones ambientales y de recursos de las tecnologías bajas en carbono".

En este trabajo se concluyó que además de lograrse eficiencia energética se reducen de forma importante las emisiones de gases de efecto invernadero, además de cuidarse el medio ambiente y la salud pública.

Las acciones abarcan un amplio abanico de áreas. Se buscan avances verdes en el transporte, agricultura, industria cárnica y sector industrial, orientados a una mayor sostenibilidad, a lo que hemos de sumar la necesidad de una colaboración ciudadana que sume esfuerzos.

Además de la energía limpia, existen maneras de hacer las cosas que también implican un menor uso de energía, limpia o no. Nos referimos a las famosas tres erres ecológicas, aquellas que nos indican la importancia de reducir, reutilizar y reciclar. Junto a objetivos planteados anteriormente, es clave acabar con la deforestación y cuidar también otros ecosistemas, por ejemplo los mares, puesto que también son otro gran sumidero de CO2, sin olvidar la importancia de combinar la producción agrícola con el cuidado ambiental.

Poner en marcha medidas realmente efectivas, por otro lado, necesitan de un motor que las impulse de la forma adecuada. De nuevo, volvemos a mencionar la importancia de cumplir los plazos establecidos para el logro del objetivo: frenar el cambio climático.

Siguiendo las recomendaciones científicas, el Acuerdo de París, un pacto histórico que todavía tiene todo por hacer. Al tiempo que, justo es decirlo, también ha supuesto un enorme logro, ya que se trata de un acuerdo global, en el que participan casi todos los países, si bien Estados Unidos ha anunciado que saldrá de él.

Las soluciones vendrán cuando se consiga una suma de avances, puesto que solo una estrategia conjunta, que ataque distintos frentes resultará efectiva. Estamos, por lo tanto, ante un problema global que requiere de una acción también global. De otro modo, difícilmente podrá llegarse a nada.

En este caso, además, no alcanzar el objetivo significa fracasar, por cerca que nos quedemos de él. Así las cosas, además de haber alcanzado un pacto global, como es el Acuerdo de París, se debe poner en marcha a través de políticas a nivel nacional. En el caso español, por ejemplo, la clave está en una exitosa Ley de Cambio Climático, todavía pendiente de hacer.

Como el resto de países pertenecientes a la Unión Europea, siguiendo con el caso español, España debe utilizar dicha Ley como herramienta para cambiar todo lo necesario para alcanzar los objetivos establecidos por la Unión Europea, dentro del marco del Acuerdo de París.

En definitiva, las soluciones son complejas, puesto que requieren de un cambio de modelo social que nos lleva a una transformación radical. Para ello hay que luchar contra intereses creados, un serio problema, puesto que mover los status quo es dificilísimo, sobre todo cuando el tiempo no es nuestro aliado, precisamente.

Igualmente, hay que resolver muchos problemas que surgen a consecuencia de una situación nueva. Pero es la única salida, y merece la pena. No en vano, el futuro del planeta y de la humanidad está en juego y, puestos a ver la botella medio llena, no faltan los estudios que vinculan riqueza económica y lucha contra el cambio climático.

Conclusiones

En otras palabras, puesto que en los últimos 250 años la concentración de CO2 en la atmósfera se ha disparado y sigue aumentando debido sobre todo a la actividad humana, detenerlas significa también detener el cambio climático. De otro modo, salvo que se tomen medidas, las emisiones de CO2 provocarán un desequilibrio ambiental tan importante que pondrán en juego la misma supervivencia humana.

Si nos parece alarmista tal advertencia, la ciencia matiza apuntando que la humanidad podría no extinguirse, pero el mundo que conocemos dejaría de ser el que es. De hecho, estamos al borde de la sexta gran extinción.

La buena noticia es que, del mismo modo que hemos puesto al planeta contra las cuerdas, también depende de nosotros evitar que la situación se nos vaya de las manos de forma definitiva. Y para lograrlo la meta es la siguiente: además de dejar de esquilmar el planeta, dejándolo sin recursos y destrozando ecosistemas naturales, se hace necesario combatir el cambio climático con eficacia.

En concreto, el objetivo mínimo es estar por debajo del aumento de 2 grados centígrados a finales de siglo, con respecto a los niveles preindustriales. De no lograrlo, el planeta dejaría de tener la estabilidad térmica necesaria para la especie humana, disparándose además los eventos extremos.

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