El arrui puede dañar los ecosistemas murcianos
El arrui o arruí es un bóvido nativo de las zonas rocosas del Sáhara y el Magreb. Sin embargo, se ha introducido en algunas fincas de la Península Ibérica sólo para que algunos cazadores puedan disfrutar de la diversión de dispararles y cobrarse una pieza con una espectacular cornamenta (de forma curvilínea y que puede llegar a medir hasta sesenta centímetros). Los machos de esta especie pueden llegar a medir más de 165 cm de largo y 110 de altura sobre los hombros.

En los años setenta comenzó a introducirse esta especie en montes de la Región de Murcia, en el sureste de España. El aumento de su población fue espectacular. Ahora, grupos ecologistas piden que se considere como especie invasora. En concreto, ha sido la Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE) la que ha dirigido al Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino de España y al Gobierno de la Comunidad Autónoma de Murcia, un documento en el que solicitan la inclusión del arrui en el Decreto de Especies Exóticas Invasoras.

ANSE considera que, según la información científica disponible, el arrui puede ser perjudicial para los ecosistemas de la zona. En su opinión, las Administraciones Públicas deberían favorecer a las especies autóctonas, al tiempo que ejercer un control sobre las exóticas.

La organización ecologista explica que la intención del MARM es establecer una excepción para el arrui en el Decreto de Especies Exóticas Invasoras que se está elaborando actualmente. Los responsables de la Comunidad Autónoma están de acuerdo. Sin embargo, ANSE cree que dicha excepción no atiende a ningún criterio científico o técnico sólido, sino que más bien puede suponer un problema para los ecosistemas del sureste ibérico y, de manera especial, para la recuperación de la cabra montés.

Algunos estudios afirman que el arrui provoca daños sobre la vegetación autóctona por ingesta o por pisoteo. Además, compite con otras especies animales que no tienen la capacidad de reproducción y de adaptación del arrui. Otras consecuencias negativas son que puede ser portador y transmisor de enfermedades a la fauna nativa y que puede infligir daños a la agricultura.